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En el Concejo Municipal Infantil estaban reunidos los pequeños concejales y el pequeño alcalde de la ciudad. Todos tenían entre 5 y 9 años de edad, sólo uno los sobrepasaba por mucho “el tigre”, así le decían y era muy carismático y popular. Todos los demás eran simplemente niños.

Todos los pequeños concejales y el alcalde se sirven dulces y bebida y la reunión comienza. Quien era el alcalde de Ovalle, tendría unos 8 años quizás, enumera los puntos en la agenda para la discusión del día:

-Hoy tenemos varios puntos. Primero debemos felicitar al concejal Enrique porque mudó uno de sus dientes y recibió una moneda bajo su almohada.

Todos los demás concejales le aplaudieron, Enrique mostró contento como la pieza faltante en su blanca dentadura le creaba una graciosa ventana.

-Yo creo que no podemos seguir con el concejo –interrumpió el concejal José- falta el compañero Juan, no ha llegado.

-El concejal Juan no va a venir, su mamá lo castigó ayer porque comió mucho chocolate, y siempre que come mucho chocolate le duele la guata.

-Entonces no podemos esperar por el concejal Juan.

-Otro de los puntos en la agenda es la creación de un parque de juegos en la población Arco Iris. ¿Cómo es posible que los niños de la población no tengan un parque de juegos? Es urgente que le pongan uno.

-¡Con muro de escalada!

-¡Y que tenga una fuente de bebidas!

-¡Y un área para que jueguen las mascotas! Vi en la tele que hay parques para mascotas y aquí en Ovalle no hay un parque para mascotas.

-El abuelo de mi amiga María le regaló un perrito y no tiene un parque para poder llevarlo. Ella lo quiere subir al columpio, pero al perrito le da miedo.

-A mí me daban miedo los columpios, pero ya no.

Entonces el pequeño alcalde puso orden en la asamblea, sometiendo a votación la propuesta del parque, que fue aprobada por unanimidad.

-Quiero que aprobemos el proyecto del concejal Javier, que quiere más clases de arte y música en su escuela. Dice que le aburren las matemáticas.

-¿Pero si no sabemos matemáticas cómo vamos a contar los caramelos en la tienda o cómo vamos a ahorrar en el alcancía?

-El abuelo de mi amiga María es muy bueno en matemáticas. Le enseñó a contar de 3 en 3.

-Tienen que dar matemáticas, pero también tienen que dar música y pintura.

-Y teatro. La semana pasada fui con mis papás al teatro y me gustó la obra. Me reí mucho.

Y todos los pequeños concejales aprobaron el proyecto de inclusión educativa.

-El último punto tiene que ver con la celebración del Día del Adulto… ¿Quién está de acuerdo en que celebremos el Día del Adulto?

-¿El Día del Adulto? ¡Qué fome!

-¿Y qué hacen los adultos para divertirse?

-¡Nah! Debe ser muy aburrido, siempre están sentados hablando y no hacen nada, no van a un parque, no juegan, no corren ni se ríen.

-En el trabajo de mi mamá no dibujan ni rayan las paredes.

-El abuelo de mi amiga María es muy divertido porque siempre le lee cuentos.

-Yo creo que los adultos deberían divertirse aunque sea un día. Que sean niños otra vez para que no se les olvide como es… y les damos muchos dulces y hacemos juegos con ellos.

-Yo creo que sería una buena idea celebrar el Día del Adulto, pero que se llame: Día del Adulto-Niño.

-Sí, pero que no coman mucho chocolate, porque después les duele la guata.

-¿Quién está de acuerdo?

Y todos los pequeños concejales levantaron la mano para aprobar la propuesta. Desde ese día se estableció la celebración del Adulto-Niño para que todos recuerden –y no se les olvide luego- cómo deben ser felices en la vida. Desde ese día los parques se llenaron de adultos que juegan y ríen junto a los niños. Desde ese día los niños cambiaron la cara gris de la ciudad por sonrisas de todas las edades.

 

 

 

 

 

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