• Histórica imagen del bombardeo de la escuadra en la bahía de Coquimbo, aquel 6 de septiembre de 1931.
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CEDIDA
En el mismo año en que la capital limarina celebraba su primer centenario, la ciudad se convertía a fines de agosto en la base principal para sofocar una de las rebeliones militares más impactantes que el país conoció durante la primera mitad del siglo XX, y que tuvo a la bahía de Coquimbo como escenario principal.

1931 no fue un año fácil para Ovalle ni para Chile.

Si bien, la capital limarina celebraba sus primeros 100 años de historia, dicha efeméride estaba marcado por la grave crisis económica y social que por aquellos años vivía el país.

Afectado por la Gran Depresión surgida del crack de la Bolsa de Nueva York en 1929 y agravada aún más por la crisis terminal de la industria nacional del salitre –entonces principal producto de exportación – Chile veía como su economía colapsaba.

La caída de las exportaciones, el derrumbe de los precios de los productos chilenos, la falta de liquidez y la alta deuda externa completaban el grave panorama.

Aquel mismo año además, a los problemas económicos, se sumaban los problemas políticos: en julio de ese año, caía el régimen de Carlos Ibáñez del Campo luego de largas jornadas de protesta social. El vacío de poder se hacía sentir con fuerza. El radical Juan Esteban Montero asumía temporalmente la vicepresidencia.

Mientras tanto en Ovalle, la ciudad comenzaba a recibir una gran cantidad de familias cesantes que llegaban provenientes de las salitreras del norte, debiendo buscar una nueva fuente laboral, ya sea en la minería, en la agricultura o en los empleos de emergencia que el gobierno dispuso para sortear la crisis.

Pese a todo, la capital del Limarí celebró con lo mejor que pudo su centenario en el mes de abril.

RUMBO A LA SUBLEVACIÓN

Hacia el mes de agosto de 1931, la grave situación económica y social que vivía el país seguía deteriorándose, y poco a poco, el descontento comenzaba a llegar a las filas militares.

La mecha que encendió el polvorín, fue el anuncio durante ese mismo mes, de que los marineros de la Armada de Chile sufrirían una rebaja salarial del 30%, medida impulsada por el Ministerio de Hacienda, y que había afectado a todas las reparticiones públicas, incluidas las Fuerzas Armadas. 

Además, esta rebaja de sueldo se sumaba a otra vigente desde el año anterior, que ya había rebajado los sueldos de la Armada en un 10 %, y a la pérdida definitiva de las bonificaciones adeudadas por concepto de períodos de instrucción en el extranjero.

Para peor, la rebaja de salarios se agravaba por la pérdida del poder adquisitivo real, producto de la creciente inflación y por el deterioro mismo de la economía chilena.

Es así como el descontento con la grave situación que vivía el país se extendió entre la marinería y la baja oficialidad de la escuadra nacional que por aquellos días se encontraba fondeada en la bahía de Coquimbo, a raíz de un periodo de entrenamiento que desarrollaba cada año.

En total, la escuadra estaba dividida en una escuadrilla activa y otra de instrucción o reserva. El total de la flota de guerra se constituía de 14 buques y unos 2.700 tripulantes, siendo el mítico Acorazado Almirante Latorre, con sus casi 33 mil toneladas y su tripulación de más de 1.100 hombres, la nave más imponente de aquella flota de guerra.

OVALLE: BASE DE OPERACIONES

Finalmente, en la noche del 31 de agosto y durante la madrugada del 1 de septiembre, la escuadra se sublevó. Los oficiales fueron aprehendidos por los marineros y encerrados en sus camarotes.

Horas más tarde, los marineros presentaron ante las autoridades un petitorio firmado por el “Estado Mayor de las Tripulaciones” que se negoció durante varios días, tanto con autoridades locales como con enviados de Santiago. Mientras, el movimiento comenzó a extenderse y a ganar simpatía en otras unidades navales ubicadas fundamentalmente en la Base Naval de Talcahuano, además de otras bases de tierra de la misma ciudad y de Valparaíso. Incluso, el Regimiento Maipo del Ejército de Chile, ubicado en esta última ciudad, también se sumó al alzamiento.

En esos momentos, el petitorio original, que incluía demandas relacionadas con la situación de las Fuerzas Armadas, pasaba a incorporar demandas relacionadas con la asfixiante situación económica del país.

Por diferentes motivos, las negociaciones entre el gobierno y los sublevados se rompieron el 4 de septiembre. El ejecutivo les exigió “rendición incondicional”. Los marineros respondieron que la sublevación pasaba a partir de ese momento a ser una "revolución social".

Alarmado, el gobierno decidió acabar con el movimiento por la fuerza, utilizando para ello, unidades de la reciente formada Fuerza Aérea Nacional –actual Fuerza Aérea de Chile - . Para ello, Ovalle y su aeródromo Tuquí fue nombrado como centro de operaciones para llevar a cabo lo que sería el bombardeo de la escuadra alzada.

Un total de 22 aviones – 2 bombarderos Junkers R-42, 14 bombarderos livianos Curtiss Falcon y Vickers Type, 116 Vixen, 2 aviones de ataque Vickers-Wibault Type 121 y 2 transportes Ford 5-AT-C – se concentraron en Tuquí, causando conmoción entre los ovallinos de la época.

El día D llegó el 6 de septiembre, a las 17:00 horas, cuando los aviones partieron desde Ovalle a enfrentar a la escudra. Se daba inicio a lo que sería denominado como el Combate Aeronaval de Coquimbo, el primero en la historia del país.

La instrucción era concentrar las bombas sobre el Acorazado Almirante Latorre, pero las únicos resultados materiales del bombardeo fueron un impacto cercano al submarino Quidora, que dejó un muerto y un herido entre su tripulación.

Cinco aviones fueron alcanzados por fuegos de la escuadra, pero pudieron volver a Ovalle, mientras que un Curtiss Falcon fue seriamente ametrallado, capotando en La Serena. Sus dos tripulantes salvaron con vida.

Hacia el día 7 los sublevados se habían rendido.

Posteriormente los marineros fueron sometidos a un consejo de guerra, realizado en la ciudad de San Felipe. En total se formalizaron 6 condenas a muerte – posteriormente conmutadas por penas de relegación - , 120 de cárcel y fueron expulsadas más de 800 personas entre marinos y obreros de los astilleros.

 

 

 

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