Crédito fotografía: 
Roberto Rivas Suárez
El pintor ovallino Omar Roso tiene una treintena de cuadros y una carrera de toda una vida, aun así es la primera vez que expone en solitario en la ciudad que lo vio nacer.

Sus cuadros son máquinas del tiempo que pueden trasladar al público al pasado, situarlo en el presente o hacerlo imaginar un futuro cercano o lejano.

“El tiempo a través de pinceles” es la muestra que estará en la Sala Estación de la Biblioteca Pública Víctor Domingo Silva por los próximos dos meses, en la que el artista Omar Roso busca entregar un mensaje de cuidado y conservación al público, para “no perder lo que tenemos”.

“Quiero dejar una enseñanza y decirle al público lo que estamos perdiendo en este momento, porque estamos perdiendo mucho, especies animales, bosques, todo se está yendo. Es tratar de dejar una enseñanza y decir hagamos algo por nuestro planeta, por nosotros, por nuestros hijos, porque es una herencia que nosotros les estamos dejando y no podemos dejarle un holocausto, un mundo en llamas”.

Prolífico

Roso tiene más de 30 cuadros, ha vendido una buena cantidad aunque admite que todavía no puede mantenerse con el arte. A pesar de haber pintado toda su vida, es la primera exposición individual que monta en Ovalle.

Juegas mucho con el tiempo. ¿Cómo dejarías este mundo para las futuras generaciones?

-Lo dejaría con lo único que tengo, que es la satisfacción de haberme ido sabiendo que aporté un granito de arena. Pienso que estoy aquí ahorita por algo, por esto. Yo no soy un gran comunicador, no soy un escritor, pero sí lo puedo hacer a través de mis pinceles. Es la manera que tengo de decir a las personas que cambien. Yo soy sólo uno, pero yo creo que si nos unimos juntos hacemos masa y podemos hacer algo.

Recordó que pinta desde niño, cuando los cisnes le atraían y comenzó a plasmarlos. “Recuerdo que a la gente le gustó, mis vecinos dijeron que yo dibujaba bien y yo me lo empecé a creer, y luego seguí dibujando de todo, y seguí y no he parado”.

Ya de adolescente comenzó a trabajar con óleos, a experimentar con algunas técnicas. Y tras pintar varios cuadros llegaron las primeras ventas, aunque luego decidió, por consejo de su hija, reunirlos para tenerlos prestos al momento de alguna exposición.

Ahora la exposición se podrá apreciar en el recinto cultural en calle Cobarrubias hasta finales de septiembre y muestra casi una veintena de cuadros en las que la temática del tiempo es la protagonista.

Me meto en mis pinturas

“Me gusta darme el tiempo para pintar, dándole el tiempo a mi hija, me gusta pintar de noche, aunque siempre ando con una croquera y una lapicera haciendo bocetos, y luego las obras que me van atrayendo las tiro a la tela” indica sobre su musa.

Consultado sobre su manera de pintar, Roso explica que necesita mantener un ambiente despejado, con música suave, con una copa de vino, una sala solitaria, aislada de la gente.

“Yo me creo mis propios mundos, y como que dejo este y me voy a un mundo diferente que son mis obras. Yo como que viajo en el tiempo con mis obras”.

Indicó que puede tardar un par de semanas en pintar un cuadro, incluso unos meses, pero cuando ya pasó de la mitad de su proyecto, entonces no puede parar, tiene que verlo terminado.

“Es el momento en el que está ese gustito, saber que te está quedando bueno y te gusta. Es algo genial”.

 

 

 

 

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