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Christian Armaza
Los viejos terrenos de la hacienda del mismo nombre, fueron a la postre los elegidos por las autoridades para establecer la que sería la futura ciudad cabecera del naciente Departamento de Ovalle.

En los primeros años de la República, cuando estábamos en plena organización administrativa y económica del país, y en pleno gobierno provisional del presidente José Tomás Ovalle Bezanilla, comenzó a ser cada vez más preocupante la situación de desamparo económico, aislamiento y lejanía de vastos sectores de la población nacional respecto al control y los servicios que entregaba el Estado.

En ese contexto, las miradas de las autoridades se dirigieron a nuestra región, en donde el relieve montañoso, el clima semidesértico y la situación social de gran parte de sus habitantes, concentrados en pequeñas localidades o en haciendas, además de la dificultad que implicaba administrar desde La Serena tan vasto territorio,  generaron la necesidad de fundar una villa cabecera para reunir todos los servicios estatales, y que las autoridades que se instalaran allí, pudiesen promover el progreso de este abandonado sector.

Cabe recordar que por aquellos años, saliendo desde La Serena al sur, la población se hallaba fuertemente dispersa, y que el único núcleo urbano al que se le podía denominar con tal categoría era Combarbalá. Entre esta ciudad y La Serena por tanto, no había ninguna villa de importancia.

De esta forma, éstas y otras razones, entre las cuales se puede nombrar, la existencia de bandas de asaltantes y montoneros en sectores como la cuesta de Peralta (actual cuesta Las Cardas), motivaron hacia 1831 que la Asamblea Provincial de Coquimbo decidiera dar origen a una ciudad que se emplazara en algún punto equidistante entre Combarbalá y La Serena y entre la cordillera y el mar.

¿BARRAZA O SOTAQUÍ?

Al momento de emprender el proyecto de creación de una villa cabecera para la actual zona del Limarí surgió obviamente la duda: ¿dónde establecerla?

Las primeras opciones eran “aprovechar” la existencia de dos localidades que existían en la zona desde tiempos coloniales: Barraza o San Antonio del Mar, en dirección a la costa, y el pueblo de Sotaquí, ubicado hacia el interior.

Hasta ese momento, la localidad de Barraza mantenía una preminencia sobre la comarca, y aparecía como una opción para establecer allí la villa cabecera. Sin embargo, finalmente esta opción fue desechada por las autoridades.

Respecto a Sotaquí, parecía que esta localidad presentaba mejores condiciones, pues se ubicaba casi a la mitad de camino entre La Serena y Combarbalá. Sin embargo, según se explica en el libro “Historia de Sotaquí” del autor Alex Ortíz Núñez, “las negociaciones de las autoridades no dieron frutos debido a la oposición de los hacendados del sector de Sotaquí, ya que así la aldea se llenaría de ladrones y vagos, además, de inconveniencia que tendría para ellos al tener autoridades que menoscabaran su fuero y autoridad”.

Es así que, una vez descartada la opción de Sotaquí, las miradas giraron hacia la denominada Hacienda Tuquí, cuyos dueños eran Micaela Campos y Gaviño y su esposo Juan Antonio Perry.

NACE UNA CIUDAD

Llegado a acuerdo con las autoridades, doña Micaela Campos, heredera de la hacienda por parte de su padre, José María de Campos y Galleguillos, donó parte de los terrenos de su fundo, concretamente el sector denominado Tuquí Bajo, entre la ribera norte del río Limarí y el piedemonte de la meseta que circunda el valle de Tuquí.

Un punto a favor de la elección de la zona de Tuquí Bajo, es que en este sector se hallaba concentrada ya una población que bordeaba las 3 mil personas, y el espacio era lo suficientemente grande como para crear una villa desde 0.

De esta forma comenzaron a planificarse las primeras cuarenta cuadras del futuro centro urbano, comprendiendo los siguientes límites: al norte la calle Pescadores, al sur calle Tangue, al oeste calle Portales y al este la Alameda. En este sector se trazó la Plaza de Armas y se construyeron los edificios del cabildo y la iglesia parroquial.

 

En tanto, su jurisdicción abarcaba en sus inicios “por el norte hasta la cuesta llamada de Peralta o Las Cardas; por el sur deslindado con la línea divisoria con Combarbalá; por el oriente con la cordillera hasta la línea divisoria con Elqui; y por el poniente con en el Mar”, según el decreto de fundación de la ciudad.

Se nombró a un gobernador, dos alcaldes y un procurador. Es así, como el intendente de la época, José María Benavente el 25 de abril nombra a Francisco Javier Valdivia como el primer alcalde y a Silvestre Aguirre Guerrero como segundo alcalde.

En 1832 en tanto, se contrató al alarife Pedro Coustilhas para delinear las primeras edificaciones de servicios públicos entre ellos el cabildo.

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