• Wenceslao Vargas Rojas, fue el último sobreviviente de la tripulación de la Esmeralda. Falleció el 15 de mayo de 1958.
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CEDIDA
Fue el último sobreviviente de los que lucharon en la histórica corbeta Esmeralda aquel 21 de Mayo de 1879. Nacido en la localidad de Rapel en 1861, formó filas durante la Guerra del Pacífico, junto a cientos de habitantes de estas tierras limarinas que fueron a plantar cara en los campos de batalla del norte.

Fue conocido como “El Último de la Esmeralda”.

Wenceslao Vargas Rojas, nacido un 28 de septiembre de 1861 en la localidad de Rapel, comuna de Monte Patria, y quien había combatido sobre la cubierta de la mítica corbeta  Esmeralda en el Combate Naval de Iquique junto al capitán Arturo Prat Chacón, fallecía casi un siglo más tarde, el 15 de mayo de 1958, a los 96 años de edad.

En ese momento, dejaba de existir el último sobreviviente de los marineros que habían sido parte de la tripulación de la histórica Esmeralda, honor que el destino quiso que se le concediera a un hijo de estas tierras limarinas.

A decir verdad, Wenceslao Vargas, hijo de Toribio Vargas y Silveria Rojas, tuvo a su haber, una agitada e interesante vida, siendo quizás, su participación en el Combate Naval de Iquique, lo que lo hizo pasar a la historia.

Sus primeros estudios los hizo en la ciudad de La Serena, pero muy joven – con tan sólo 15 años – se lanzó a literalmente a la aventura, empleándose con el comerciante de origen francés, Luis Nazario, quien lo puso a cargo del envío de ganado hacia Perú.

Paradójicamente, Wenceslao Vargas no sólo cumplió con su cometido, sino que incluso, nuevamente por esas cosas del destino, decidió radicarse en el país vecino, mismo país con el que apenas unos años más tarde se enfrentaría en los campos de batalla.

En el Perú, Vargas trabajó en faenas de la construcción en la ciudad de Lima y labores marineras en el puerto del Callao, que lo acercaron con las actividades marítimas.

ENTRA EN LA HISTORIA

Hasta ese momento, el joven Wenceslao Vargas llevaba una vida de trabajo en tierras peruanas, cuando en 1879, la crisis diplomática entre Chile y Bolivia, termina con la ocupación chilena de Antofagasta el 14 de febrero de ese año, estallando lo que más tarde sería conocida como la Guerra del Pacífico.

Perú, quien mantenía un tratado secreto de apoyo mutuo y alianza defensiva con Bolivia desde 1873, intentó “mediar” en el conflicto, bajo la condición de que las tropas chilenas se retiraran de Antofagasta. Sin embargo, tras el fracaso de la mediación, el reconocimiento de Perú de que efectivamente existía un tratado de alianza con Bolivia, y el rechazo por parte del país del norte de la exigencia chilena de neutralidad en el conflicto, los acontecimientos se precipitaron, desembocando en la declaración de guerra de Chile al Perú el 5 de abril de 1879.

En medio de ese escenario se hallaba nuestro protagonista, quien, junto a otros chilenos residentes en Perú, fue deportado por las autoridades de ese país en el vapor Rímac, hasta Iquique.

En ese momento, decidió enrolarse en la marina y fue destinado a la Esmeralda en calidad de grumete. Por orden del propio Arturo Prat, Wenceslao Vargas fue designado “como sirviente de pieza en el cañón N°6”.

El 21 de mayo, quizás sin pensarlo ni proponérselo, pasaba a formar parte de las páginas de la historia tras el enfrentamiento entre la Esmeralda y la Covadonga – quienes sostenían un bloqueo al puerto de Iquique - , y los blindados peruanos Huáscar e Independencia.

Tras la inmolación de Prat y el hundimiento de la Esmeralda, Vargas fue uno de los sobrevivientes, siendo rescatado junto a otros marineros chilenos, por los tripulantes del Huáscar, tras lo cual fueron llevados como prisioneros al Perú.

Luego de casi seis meses, el grupo de marineros chilenos fue liberado tras haber realizado un canje por prisioneros bolivianos y peruanos. Ello, sin embargo, no fue el fin de la carrera naval de Wenceslao Vargas. Todo lo contrario: el 27 de febrero de 1880 lo encontramos participando en la batalla por Arica, y el 10 de mayo de ese mismo año, participa en los bombardeos chilenos a las fortificaciones del puerto del Callao.

En octubre de 1880, fue ascendido a Marinero Primero, siendo destinado al vapor Santa Lucía, permaneciendo en esa unidad hasta el mes de diciembre.

Tras el final de la guerra, es licenciado de la Armada chilena por incapacidad física, producto de una grave herida sufrida en una de sus piernas.

Por la participación en el conflicto, Wenceslao Vargas fue condecorado por los servicios prestados al país.

EL ÚLTIMO DE TODOS

Integrado a la vida civil, contrajo matrimonio con María Soto, con la que tuvo 11 hijos. Numerosa familia con la cual, se radicó en el norte del país, trabajando en las salitreras por más de tres décadas.

En 1915 quedó viudo, tras lo cual, retornó a la región de Coquimbo para dedicarse a la minería primero, y a la agricultura después, estableciéndose en el Valle del Elqui.

Tras casarse en segundas nupcias con Antonia de las Mercedes Portilla Urrutia, Wenceslao Vargas se radicó de forma definitiva en La Serena, dedicándose al pequeño comercio.

No obstante, no fue olvidado, pues continuamente municipalidades y corporaciones, le rindieron merecidos homenajes por su actuación en la Guerra del Pacífico. Además, la ciudad de La Serena también lo homenajeó con la entrega de una serie de medallas en su homenaje, destacando la medalla de oro conferida en 1938, momento en que la municipalidad serenense le confiere además, el título de Hijo Ilustre de la comuna.

La Armada también le mostró su reconocimiento, siendo ascendido a Cabo 2° en 1949, subteniente en 1950 – momento en que se le otorga además una pensión de gracia -, a capitán de Fragata en 1952 y a Vicealmirante en 1953.

Un año más tarde, y con motivo del 75° aniversario del Combate Naval de Iquique, Wenceslao Vargas viaja hasta esa ciudad, en donde se le concede el título de Hijo Ilustre.

Es así como con casi un siglo de vida, Wenceslao Vargas Rojas, montepatrino, deja este mundo con 97 años de edad. Al momento de su sepultación se le rinden honores y su cuerpo es depositado en la Cripta de los Héroes de Iquique en Valparaíso, junto a su comandante, Arturo Prat y sus viejos camaradas de armas.

 

 

 

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