• Leonidas Montalba, Almacén La Veguita
  • Miriam Araya, Bazar Susy
  • Anibal Salfate y Abdolina Ángel, Carnicería y Rosticería La Perla
  • Angélica Morgado, Almacén Angelmo
Crédito fotografía: 
Roberto Rivas Suárez
Las pequeñas tiendas en zonas residenciales son el salvavidas para quienes deciden no trasladarse hasta los grandes supermercados, logrando que el pesimismo inicial de los pequeños comerciantes se transforme en resignación por las “regulares” ventas de mercadería.

Con cientos de pequeñas tiendas y almacenes familiares sembrados en todas las comunidades y poblaciones de la ciudad, es impensable su protagonismo en tiempos de cuarentena total para aliviar la tensión en cuanto al abastecimiento familiar. 

En los últimos días cuando se requiere de un permiso para trasladarse por la ciudad, los almacenes de barrio se han convertido en un alivio de los grandes supermercados, sirviendo a sus vecinos en tiempos de confinamiento.

 Abdolina Ángel y Aníbal Salfate son propietarios del almacén familiar Carnicería y Rosticería La Perla, enclavado en el corazón de la población Fray Jorge, en la calle Luis Orrego Luco.  

Explican a El Ovallino que la situación no ha sido tan mala como esperaban para esta semana, aunque advierten que lo complicado es que los adultos mayores que viven cerca del negocio no tienen ahora como llegar, pues muchos no saben cómo sacar el permiso en internet. 

“Si no tienen teléfono inteligente, ni tienen internet ¿Cómo van a solicitar el permiso? Mientras los más jóvenes sacan su permiso hacen alguna compra en otro lugar y luego compran acá en la tienda algunas cosas específicas”, indicaron. 

Los comerciantes sienten que de alguna manera su negocio descongestiona los supermercados, ya que muchos compran lo necesario del día sin tener que recurrir a la zona comercial de Ovalle. 

“Las compras aquí son pequeñas, son para ‘marcar el paso nomás’. Al principio pensamos que no vendría nadie, pero poco a poco han venido a comprar” explicaron. 

Una opción que dan los comerciantes para evitar el congestionamiento en su local es que los vecinos los pueden llamar y hacer un pedido para pasar a retirarlo luego. Con ello se evitan exponer en un largo período.  

Consultados acerca de si el pedido lo reciben a través de la aplicación Whatsapp, sonríen y explican que todo es por llamadas, porque “ni nosotros le pegamos a eso”.

Ni bueno ni malo

Por su parte Leonidas Montalbán, propietaria del almacén La Veguita, explica que “nos ha ido regular, ni bueno ni malo, porque la gente se quedó muy abastecida antes de la cuarentena, además de las cajas que les llegaron a las familias, así que es muy poco lo que se está vendiendo. Pensamos que nos iba a ir peor. No nos ha ido tan mal, porque algo se vende”, explica Montalbán. Reconoce que su tienda sirve como desahogo de los supermercados, para quienes no pueden ir hasta un negocio grande. “No se amontonan aquí, pero de alguna manera sirve para resolver compras pequeñas. No ha sido tan malo, porque algo se vende”.

 Indicó que un par de vecinos que son adultos mayores han solicitado el servicio de delívery, o entrega en casa en las últimas semanas, pero no es la generalidad, son sólo casos muy contados, y son vecinos de mucha confianza por el tiempo de residencia. 

Igual experiencia cuenta Miguel Fernández, propietario del almacén Ajna, ubicado en avenida La Chimba, quien comenta que, aunque las visitas a su negocio han bajado en los últimos días, todavía se mantiene vendiendo sobre todo los productos que hornea en el sitio, y por el que los vecinos de la zona ya le conocen.

Ni tan residencial

En tanto Angélica Morgado, propietaria del almacén Angelmo en calle Socos, explica en su caso que aunque todavía vende “algo”, es muy poco lo que despacha. 

“Nos han bajado las ventas, y esperábamos eso. Yo sabía que iban a bajar, pero igual abrimos porque siempre podemos vender algo”, indicó. 

Explicó que su negocio no está en una zona netamente residencial, y que están muy cerca del área comercial, por lo que la mayoría de la mercadería que vende con sosas menores y casi siempre a los peatones eventuales, muy poco a los pocos vecinos que quedan en la zona. 

“Se le vende es al que va pasando, tenemos muy pocos vecinos. Como estamos tan cerca de los supermercados la gente prefiere comprar allá”.

 

Informada 

La experiencia del fin de semana de Miriam Araya, propietaria del Bazar Susy, ubicado en calle Lord Cochrane al lado del Liceo Politécnico, marcó el inicio de semana.

Araya buscó orientación de los carabineros, quienes indicaron que siempre que fueran del pasaje no tendrían mayores problemas en la salida, pero siempre que asistieran con sus mascarillas y sus resguardos.

“Se ha visto poca gente, el fin de semana no se vio nadie. Por lo general compran las cositas menores. Yo me informé bien y como somos nosotros los propietarios no tenemos problema en tener abierto el negocio”, señaló.

 

 

 

 

 

 

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