• Más del 50% de los relaves mineros del país se concentran en la región de Coquimbo, lo que genera un grave problema al momento de minimizar los efectos negativos que estos pasivos pueden generar al medio ambiente y a las personas.
  • Como una forma novedosa de “rehabilitar” los relaves, se concibió la idea de desarrollar los “tecnosuelos”, el cual se fabrica a partir de la mezcla de los residuos de la agricultura y el tratamiento de aguas servidas, y que busca imitar un suelo tanto en sus funciones productivas como ecológicas, y que pueda ser dispuesto sobre los relaves, facilitando el desarrollo de la vida.
  • Desde antes del inicio del proyecto, ya se vienen realizando ensayos para poner a prueba la iniciativa de los “tecnosuelos”.
  • Los ensayos hasta el momento, han dado buenos resultados, permitiendo que este nuevo suelo construido a medida, facilite la propagación vegetal.
  • El académico de la Universidad de Chile, Gerardo Soto, (derecha de la imagen) y ovallino de origen, es el director del proyecto. A su lado, el seremi de Minería, Roberto Vega, quien apoya la iniciativa y estuvo presente el día del lanzamiento de ésta.
Crédito fotografía: 
CHRISTIAN ARMAZA
Imbuidos bajo el concepto de “Economía Circular” donde se busca que el valor de los recursos utilizados en el sistema se utilice durante el mayor tiempo posible, generando la menor cantidad de residuos posibles, un grupo de profesionales y empresas apuestan por un modelo de gestión ambientalmente sustentable y económicamente eficiente al problema de los relaves.

Chile es un país minero reza por ahí un eslogan.

Y no es algo menor, pues como sabemos, la minería ha formado parte de la columna vertebral de nuestra economía nacional, incluso antes de nuestra independencia como país.

Por cierto que entre las zonas mineras de Chile, la región de Coquimbo ocupa un lugar destacado, en donde desde hace décadas, proyectos de gran minería han convivido con la tradición “pirquinera” de los pequeños mineros que abarca todo nuestro territorio. Son miles de personas y localidades enteras que se mueven por las actividades extractivas.

No obstante, toda actividad humana acarrea algunos problemas, y en el caso de la minería – en especial en la mediana y gran minería – los relaves son un tema que frecuentemente, genera gran preocupación entre autoridades y la gente.

No hay que olvidar que un relave corresponde al residuo de los procesos mineros, mezcla de mineral molido con agua y otros compuestos (minerales sin valor comercial), que queda como resultado de haber extraído los minerales sulfurados en el proceso de flotación.

Estos relaves o “tortas de depósito”, contienen altas concentraciones de productos químicos y elementos que alteran el medio ambiente, por lo que deben ser transportados y almacenados en “tranques o depósitos de relaves”, donde los contaminantes se van decantando lentamente en el fondo y el agua es recuperada mayoritariamente, mientras que otra parte se evapora.

Precisamente, son estas altas concentraciones de productos químicos que afectan el medio ambiente, las que generan más alarma entre la población por sus potenciales efectos contaminantes en el aire y en las fuentes de agua. Por eso se les denomina como “pasivos ambientales”.

DE PROBLEMA A OPORTUNIDAD

Como zona minera, la región de Coquimbo es la región que tiene el mayor número de relaves de todo el país: el 51% del total se ubica aquí, lo que en números se traduce en 384 relaves de un total de 740 que existen a nivel nacional según cifras del SERNAGEOMIN. Además, la gran mayoría de ellos, pertenecen a faenas mineras abandonadas.

La magnitud del problema ha impulsado que, tanto privados como el propio Estado, busquen diversas alternativas para tratar estos pasivos ambientales y disminuir así, los potenciales efectos negativos sobre la población, la flora y la fauna locales. Qué hacer con los relaves, es la pregunta.

Es en este contexto que un grupo multidisciplinar de profesionales de la Universidad de Chile, apoyados por empresas privadas ligadas al rubro de la economía sustentable, empresas mineras entre las que destaca ENAMI y la local, Altos de Punitaqui, además de entes públicos, Aguas Andinas S.A., la Comunidad de Aguas del Sistema Embalse La Paloma (CASEP), y casas de estudio extranjeras como la Universidad de Orléans, Francia, y la Universidad de Santiago de Compostela, España, pretenden de aquí en adelante, desarrollar un novedoso modelo de gestión territorial de pasivos ambientales, en este caso, relaves mineros. Se trata en sus palabras, de convertir a estos pasivos en “activos”, y transformar este problema aparentemente sin solución, en una oportunidad de desarrollo para la región, y en donde, la provincia del Limarí, es el escenario principal.

“FABRICAR” UN NUEVO SUELO

El concepto que mueve el proyecto es la sustentabilidad, la cual está incluida en un concepto mayor: la llamada Economía Circular.

Esta expresión hace referencia en términos simples, a aquella economía en donde se busca que el valor de los recursos utilizados en el sistema se mantenga durante el mayor tiempo posible en el proceso de producción, generando así la menor cantidad de residuos posibles. Es decir, aprovechar al máximo los recursos.

¿Y en el caso de los relaves mineros cómo funcionará? Pues a través del desarrollo de los llamados “tecnosuelos”.

Gerardo Soto, académico de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile y director del proyecto – quien es además, ovallino- explica que esta iniciativa – que ya se aplica en otros países - nace a partir de la relación e integración de la gestión de residuos de tres industrias de la región: la minería por una parte, el tratamiento de aguas servidas por otro, y la agricultura.

En sí, se trata de que a partir de la mezcla de los residuos de dos de estas actividades, - los lodos del tratamiento de aguas servidas y los sedimentos de los embalses de la provincia – se logre imitar un suelo tanto en sus funciones productivas como ecológicas, y que pueda ser dispuesto sobre los relaves, permitiendo el control de la erosión y facilitando el desarrollo de la vida. En otras palabras, se trata de “construir” un suelo para facilitar la propagación vegetal.

“Lo que buscamos nosotros es justamente entregar una solución que sea sostenible y a gran escala. La minería en sí no tiene solución, porque nadie es capaz de producir la cantidad de elementos que se requieren para poder tapar un relave”, señala, salvo actividades como la agricultura.

Por ejemplo, respecto a este último rubro, Soto da una idea de la cantidad de sedimento que se puede aprovechar desde los embalses: “son miles de millones de metros cúbicos los que hay aquí. Particularmente, daba las cifras de sedimentos que hay en el embalse Recoleta, que son nada menos que 7 millones de metros cúbicos, o Cogotí que tiene otros  15 millones de metros cúbicos. Es un material de calidad que nos va a permitir junto con los lodos de las plantas de los tratamientos de aguas servidas proponer una solución en el largo plazo a la minería”.

Así, a través de la elaboración de los “tecnosuelos” se pretende “encapsular el relave con este suelo y que sobre ese material se pueda desarrollar la vegetación con especies locales” agrega.

En ese sentido explica, antes del inicio del proyecto en sí “ya hemos hecho ensayos en invernaderos, con altas temperaturas para imitar las condiciones del relave y con especies locales, en particular, probando con espinos”.

Otro punto interesante de la iniciativa es que cada “tecnosuelo” tiene características únicas, pues el material “se fabrica en función de las condiciones del relave y cada relave es distinto”.

“En función de eso vamos a ser capaces de producir un suelo para cada condición. Si tenemos un relave ácido por ejemplo, vamos a producir un suelo básico (en términos de PH) que anule en parte, con los elementos que lixivien y con las precipitaciones, esa condición ácida del relave” señala.

UN ANTES Y UN DESPUÉS

Pero más allá del proyecto en sí, el cual comenzará a desarrollarse en relaves pertenecientes a la Planta Delta de ENAMI y de la Compañía Minera Altos de Punitaqui, lo cierto es que se busca que este nuevo modelo de gestión de residuos sea el punto inicial para una verdadera transformación económica de la región.

El seremi de Minería, Roberto Vega, afirma que “siempre hemos hablado de que Chile debe ser pionero no sólo en generación de cobre, sino también en la remediación del medio ambiente y el desarrollo de la investigación”, agregando que “estamos seguros que en el mediano plazo vamos a tener grandes resultados. Pronto veremos en donde se están haciendo los ensayos, como vamos a tener una remediación ambiental, transformando estos pasivos en activos medioambientales”.

Vega celebra que hoy “sea un ovallino como Gerardo Soto, el que traiga una solución que nos puede traer un futuro alentador, no solo para los distintos actores del rubro, sino también para el resurgimiento empresarial de la región de Coquimbo y principalmente de nuestra provincia del Limarí y comuna de Ovalle”.

Por su parte, para el director regional de SERNAGEOMIN, Emilio Lazo, todo lo que implique buscar nuevas propuestas para solucionar el tema de los pasivos ambientales y convocar al ámbito público-privado, “es muy positivo”. 

“Para poder definir estrategias, generar proyectos, algunos de los cuales ya se están trabajando por otras universidades y centros de investigación con el fin de buscar propuestas, y por tanto nosotros, desde la mirada técnica, colaborar con esos trabajos, siempre estaremos cien por ciento disponibles” afirmó Lazo.

En ese sentido, Pablo Cortés, jefe de Permisos de Minera Altos de Punitaqui, explicó que como empresa co-participante de la iniciativa “ya se está trabajando directamente con el proyecto.  De hecho, ya está en carpeta entregarles un área del tranque de relaves para que se hagan las primeras pruebas piloto in situ y con las condiciones reales de nuestros tranques”.

Para el propio académico y jefe del proyecto sin embargo, el proyecto va más allá de un cambio histórico para la minería, pues estas alternativas de gestión representan el cambio de época que estamos viviendo.

“Me parece que esta es una solución que justamente apunta a la nueva época que viene: al hecho de que los actores públicos y privados se relacionen para poder encontrar soluciones conjuntas es importante” señala.

“En el fondo es tomar lo que viene. Nosotros lo que estamos haciendo es adelantar a la región para que ésta se sume y seamos los primeros, los pioneros. Esperamos que la región de Coquimbo y en particular, la provincia del Limarí sea el lugar que inaugure esta nueva manera de hacer las cosas” concluye.

Este proyecto, financiado por el Gobierno Regional y la Universidad de Chile, contempla una inversión que asciende a más de 140 millones de pesos y será ejecutado por los próximos 24 meses.




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