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Financiado por el Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC) del gobierno regional, este proyecto fue impulsado por la necesidad de contar con información actualizada para permitir que la actividad caprina pueda ser sustentable en el largo plazo.

El forraje natural de la región de Coquimbo podría sustentar la alimentación de hasta 300 mil cabezas de ganado caprino.

Esa es la principal conclusión del estudio denominado “Evaluación y monitoreo de los pastizales en el sector central y costero del secano en la Región de Coquimbo”, iniciativa financiada por el Gobierno Regional de Coquimbo, a través del Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC) y cuyas conclusiones fueron dadas a conocer en la ciudad de Ovalle.

El objetivo principal del estudio, llevado a cabo por investigadores del Centro de Estudios Avanzados de Zonas Áridas, CEAZA, y de la Universidad de La Serena, fue estimar la capacidad de sustentación animal en los sectores costeros y centrales de la región de Coquimbo, en función de la distribución y la capacidad productiva de los arbustos nativos, los cuales fueron seleccionados por la calidad nutritiva de su forraje y la cantidad de las formaciones vegetales distribuidas en la región.

En ese sentido, los expertos determinaron la existencia de alrededor de 12 especies de arbustos forrajeros de “aceptabilidad buena o regular” entre el ganado caprino. Al mismo tiempo, se estableció que 14 especies de las estudiadas tienen una calidad nutricional de “preferencial a deficiente”.

ACTUALIZAR INFORMACIÓN

Al respecto, este proyecto determinó que la vegetación disponible, por especie, alcanza cerca de los 3.500 millones de kilos de materia seca por año, para las superficies evaluadas en el sector del secano central y costero de la región de Coquimbo.

El resultado fue que la zona podría sostener el pastoreo caprino de un poco más de 300 mil animales. No obstante, hoy existen cerca de 500 mil cabezas de este tipo de ganado en toda la región, que representan del 55% del total de ganado caprino del país. Esto equivales a que las 200 mil cabezas de ganado restantes debieran acceder a un sistema de alimentación complementario a la dieta natural.

En ese contexto, David López, geógrafo e investigador del CEAZA, además de director del proyecto, explica que este programa permitió actualizar información clave para tomar decisiones y elaborar políticas públicas que apunten hacia su protección, permitiendo que la actividad caprina pueda sustentarse en el tiempo.

“El año 2017 fue un año muy lluvioso. Entonces vimos una recuperación muy grande de lo que era la vegetación natural y las plantas con potencial forrajero” sostiene el investigador.

PROTEGER LA FLORA NATURAL

López explica que “además de identificar donde estaban las especies, sus poblaciones, y que todavía existe un enorme potencial de actividades complementarias para alimentar el ganado, nosotros además, hicimos un análisis nutricional de estas plantas, qué les aporta a los animales. Y son tremendamente beneficiosas, son ricas en grasas y fibras”.

Agrega a su vez que “si la vegetación natural les provee (al ganado) de un buen sustento, el producto final como el queso y sus derivados, van a ser de igual calidad para los crianceros. Por ende cabe pensar que en un escenario de planificación debemos tomar algunas medidas en favor de estos recursos. Ese es el fin de este trabajo”.

Precisamente, para Mirtha Gallardo, presidenta de la Asociación Gremial de Comunidades Agrícolas de la Provincia del Limarí, esta información resultará útil al momento de tomar decisiones y elaborar políticas que vayan en la dirección de ser salvaguardadas.

“Esta información hay que masificarla” sostiene, y agrega que “pensamos que estas especies debieran ser protegidas, más aún si hacia el futuro, los años que vienen van a seguir siendo más secos como se ha dicho y va a haber menos agua, por lo que estas plantas podrían desaparecer”.

La dirigenta rural señala que teniendo ya esta información, es posible que uno de los caminos para proteger estas plantas silvestres, sea a través de la construcción de viveros o la recolección de semillas. Además, se quiere proponer a las autoridades que estas especies de plantas forrajeras tengan algún nivel de protección, por ejemplo, declarándolas como patrimonio nacional.

Evitar el avance de la desertificación, luchar contra la disminución de estas especies producto de la sequía, y controlar al mismo tiempo, la cantidad de ganado que hoy en algunos lugares de la región se ha expandido en demasía, forman parte también de los objetivos últimos que se pretenden abordar a través de las conclusiones de este proyecto.

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