• Maxi (a la izquierda) defiende los colores del Miami United, que a comienzos de años disputó un amistoso ante River Plate.
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Maximiliano Schenfeld lleva diez años alejado de su ciudad natal. Emprendió viaje para cumplir su sueño de convertirse en futbolista profesional, consiguiéndolo en Estados Unidos, donde también pudo graduarse como psicólogo.

La última parte de la vida de Maximiliano Schenfeld transcurre lejos de Ovalle… y de Chile. Hace diez años dejó su tierra natal, esa que adoptó su padre Alberto –mítico delantero argentino de Deportes Ovalle a finales de los años ’80-, para seguirle los pasos en el fútbol profesional.

Maxi se inició en la Academia Kico Rojas y luego de un año en Coquimbo Unido emprendió viaje a Argentina.

“Me parecía que la preparación de jugadores jóvenes en Argentina era bastante alto, en Coquimbo Unido no había buena organización. La idea era exigirme un poco más. Mi papá me alumbró en ese sentido, me aconsejó y me gustó la idea y tomamos la decisión en familia”, relata.

En soledad, armó sus maletas a probar suerte en las divisiones inferiores de Banfield, Tigre y Platense hasta los 20 años, donde vivió en Buenos Aires.

“La vida en Buenos Aires es bastante agitada como toda ciudad grande. Me acuerdo que para ir a entrenar me tomaba dos micros y me tenía que levantar una hora y media antes para poder llegar a tiempo. Conocí la vida de pensión y después de más grande me mudé a un departamento más independiente en el Bajo Belgrano, a dos cuadras de la cancha de Excursionistas -un club de la C en Argentina- y a unas 20 cuadras de la de River Plate”, cuenta.

VUELO AMERICANO

En Platense decidieron no ofrecerle contrato, por lo que buscando por todos lados, encontró la opción de estudiar y jugar fútbol a la vez en Estados Unidos, una oportunidad que no quiso pasar por alto.

“Jugué tres temporadas en Florida Memorial University. Paralelo al futbol hice el bachelor de psicología que termine hace algunos meses. Hoy estoy muy bien acá y valoro tremendamente el sistema americano de permitir a jóvenes extranjeros estudiar una carrera y a la vez hacer un deporte. Que eso vaya de la mano me parece fantástico y el tema de las becas a los estudiantes, ya sea por notas o deporte es una motivación importantísima”, dice.

Su llegada a Norteamérica fue en el 2013 y desde este año pertenece a las filas del Miami United, equipo en el cual es presidente Miguel Nasur (propietario de Deportes Ovalle) y su técnico es Gerardo Reinoso (otrora volante argentino de U. Católica, donde comparte con futbolistas de varios países del continente.

“El venir acá me abrió el mundo. Miami es una ensalada de personas. Americanos, cubanos, hondureños, mexicanos, rusos, argentinos, brasileros, panameño,s haitianos y un montón de nacionalidades más son las que abundan por esta zona y compartir con cada una de ellas te hace ver distintas cosas y aceptar distintas costumbres con las que uno no acostumbra, ya sea en el equipo con algún compañero o en el salón de clase con otro estudiante”.

Maxi Schenfeld es pieza fija por el sector izquierdo de la defensa en el Miami United, ciudad en la que el fútbol lo tiene atado, sin planes –por ahora- de volver a Chile.

“No lo tengo decidido en este momento, uno nunca sabe dónde te puede llevar el fútbol, pero algún día me gustaría volver a Chile. Voy a jugar lo que más pueda.

Se echa mucho de menos la familia, no soy mucho de hablar por teléfono, pero estoy pendientes de ellos. Tengo una hija en Chile, por lo que trato de viajar una o dos veces al año para estar cerca de ella”, dice Maxi, quien seguirá defendiendo los colores de uno de los equipos de fútbol de Miami, siempre ligado al balón.

Fútbol vs Futvoley

Desde hace tres años aprendió a jugar el futvoley, disciplina deportiva ampliamente conocida en Brasil, pero que en el resto del mundo está en pañales, a excepción de Estados Unidos, donde Maxi ya acumula experiencia.

“Hace aproximadamente tres años comencé a jugar un deporte muy popular en Brasil y que esta expandiéndose muy rápido en todo el mundo. Hablo del futvoley. Es un deporte muy divertido y de integridad. Es como el beach voley pero no se pueden usar las manos. Lo empezamos a practicar con amigos y nos divertimos mucho jugando. En el 2016 tuvo su presentación en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y fue todo un éxito”, dice.

 

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