• La crecida del río Limarí en aquel mes de julio de 1984 dejó cuantiosos daños materiales en Ovalle y en los poblados río abajo. (FOTO: ARCHIVO)
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El Ovallino
Aquel mes de julio de 1984 aún resuena entre los ovallinos que vivieron esa época. 10 días de intensas lluvias provocaron cortes de carretera, aluviones y destruyeron decenas de hogares en la provincia. El río dejó de ser un tranquilo cauce para transformarse en una verdadera corriente que arrasó con todo a su paso.

A comienzos de julio del año 1984, hace ahora casi 35 años, la provincia del Limarí vivía un periodo complicado producto de la sequía que venía enfrentando durante los últimos meses.

Nada del otro mundo, la verdad. De hecho, la historia climática de nuestra región nos muestra que somos una zona azotada por periodos de sequías prolongadas, interrumpidas por periodos lluviosos que producto de nuestra geografía montañosa, semiárida, y poco acostumbrada a las precipitaciones intensas, dejan enormes daños en la infraestructura local, llevándose consigo inclusive, algunas vidas humanas.

Y eso es lo que ocurrió entre el 2 y el 11 de julio de 1984 precisamente.

Durante esos 9 días, los cielos “se abrieron” literalmente, producto de la llegada de un frente de mal tiempo que afectó a la región de Coquimbo, y cuyas precipitaciones batieron todos los records: en Ovalle, cayeron sobre los 205 mm durante esos días, mientras que en otras comunas como Punitaqui, Río Hurtado o Combarbalá, cayeron del orden de 307 mm, 418 mm, y 366 mm respectivamente.

En otras localidades como Tulahuén y Pedregal, el agua caída fue de 474 mm y 606 mm respectivamente, a lo que se sumaba la acumulación de más de 3 metros de nieve en la alta cordillera.

Pero además, las lluvias generaron lo que tradicionalmente siempre ha ocurrido en estas situaciones: la venida de las quebradas, cuyos torrentes arrasaron con la infraestructura vial de la zona - en ese entonces, muy precaria - cortando tramos de carretera, y llevándose consigo puentes y viaductos. Producto de esto, Ovalle quedó virtualmente aislado del territorio nacional, debiendo ser abastecida por aire, instalando un improvisado “helipuerto” en el antiguo estadio municipal de la ciudad.

SE ABREN LAS COMPUERTAS

Uno de las consecuencias de las interminables precipitaciones fue el llenado del embalse La Paloma durante los primeros días del evento meteorológico, lo que implicó que la administración de entonces, tomara la decisión de abrir las ocho compuertas del tranque.

Lo cierto es que la apertura de las compuertas y el paso de millones de metros cúbicos de agua cauce abajo, generó que los habitantes de las poblaciones cercanas al sector de la ribera del río Limarí –como la Población Fray Jorge - debieran abandonar el sector, dirigiéndose mayoritariamente, hacia los sectores altos de la ciudad.

Debía hacerse, pues producto de la violencia con que bajó el torrente, - casi 2.000 metros cúbicos por segundo - terminó por afectar los últimos tramos que conectaban a la capital limarina con Monte Patria y Punitaqui. Por otro lado, en la memoria, está aún la imagen de  destrucción dejada por la crecida del río en el balneario Los Peñones en donde además, el torrente se llevó el escenario que años antes la municipalidad había construido para albergar el Festival de la Canción – conocido por aquellos años como el “Festival del Zancudo” por la abundancia de estos insectos en ese sector durante la época estival -.

Pero no fue lo único, pues la bajada del río provocó además el corte de los puentes de Los Peñones y el de sector de La Chimba. Y es que el río Limarí se desbordó de su cauce normal y recuperó su cauce histórico, inclinándose hacia la zona urbana generando un inmenso socavón a la altura de la Población Fray Jorge, donde se hallaba una cancha de futbol.

EL “DÍA DESPUES”

Si bien las copiosas lluvias en los valles y el manto de nieve que cubrió la alta cordillera fueron los eventos que más recuerda la gente, no hay que olvidar que aquel frente de mal tiempo de julio de 1984, trajo consigo fuentes ráfagas de viento que superaron los 100 kilómetros por hora, sacando techos de casas, derribando árboles, postes de luz, torres de alta tensión y postes telefónicos.

Pasadas las lluvias, éstas dejaron un saldo de 4 fallecidos, todos de la comuna de Monte Patria, y cuantiosos daños materiales, por lo que debieron ser destinados numerosos recursos económicos para la reconstrucción pos temporal. Todo ello, en un contexto nacional en que el país aún sufría los estragos de la crisis económica de 1982-1983, producto del derrumbe del sistema bancario, y el altísimo desempleo que ella generó (sobre el 20%).

Este brevísimo recordatorio de uno de los desastres naturales más recordados por los ovallinos sin duda debiese ser motivo de reflexión. Porque si bien hoy, la provincia enfrenta una sequía y el río Limarí nos parece como un tranquilo riachuelo, lo cierto es que tarde o temprano, la historia relativa a esta tipo de fenómenos, se vuelve a repetir tarde o temprano.

Si bien hoy, estos eventos ya nos pueden parecer lejanos en el tiempo por la propia evolución del clima que hemos podido observar a lo largo de estos últimos años, nunca se debe descartar que en un futuro, los cielos “vuelvan a abrirse” sobre la provincia, y que el aparentemente tranquilo río Limarí vuelva a transformarse en un furioso torrentes de agua.

 

 

 

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