• : El plebiscito del 5 de octubre de 1988 mostró el rostro de un país que llevaba largos años dividido. No obstante, finalmente la opción No a Pinochet se impuso por un 55% de los votos.
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EL DIA
A 30 años del triunfo de la opción No a Pinochet, resultado que marcó el inicio del retorno a un régimen democrático en Chile, en la provincia del Limarí también se recuerdan jornadas memorables que en todo caso, a diferencia de otras zonas del país, estuvieron marcadas por la tranquilidad y la altísima participación electoral de la gente. Este es sólo un breve relato de aquellos días.

“Chile, la alegría ya viene”, o “Chile, un país ganador” fueron las dos frases de propaganda que durante de septiembre de 1988 y los primeros días de octubre de aquel año, comenzaron a hacerse presentes en los hogares del país, y ser memorizadas por los chilenos quienes atentos a las pantallas de televisión, veían todas las noches la propaganda electoral en el contexto del plebiscito que se iba a llevar a cabo ese 5 de octubre, en el cual, se decidiría la continuidad, o no, de Augusto Pinochet como jefe de Estado por 8 años más.

Durante un mes completo, esas dos frases alusivas a las propagandas de la opción No a Pinochet, y de la opción SÍ en apoyo a éste respectivamente, marcaron una etapa de nuestra historia reciente que este viernes cumple 30 años.

Y es que dejando de lado los llamados a la urnas de 1978 y 1980 (ésta última, para aprobar la actual Constitución Política), las cuales se llevaron a cabo sin registros electorales, sin observadores independientes y donde la oposición no pudo expresarse, el plebiscito del 5 de octubre de 1988 aparecía como la primera elección realmente libre desde 1973.

Se abría pues, una puerta para que Chile, de manera pacífica, pudiera recuperar su democracia perdida tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 el cual, no sólo derrocó al gobierno de Salvador Allende, sino que al mismo tiempo, provocó el derrumbe del régimen político vigente hasta entonces, conocido como “República Presidencial”, consagrado a partir de la Constitución de 1925.

EL ORIGEN DEL PLEBISCITO

Tras el alzamiento de las Fuerzas Armadas aquel año 73, las nuevas autoridades de gobierno cerraron el Congreso Nacional, prohibieron la actividad político-partidista ejerciendo una fuerte represión sobre los partidos de izquierda que sostuvieron a la derrocada Unidad Popular, y eliminaron los registros electorales vigentes hasta entonces.

Se estableció entonces un régimen dictatorial, primero a través de una Junta Militar de Gobierno, encabezada por el general Augusto Pinochet quien en 1974, mediante el Decreto Ley 527, se autonombró Jefe Supremo de la Nación y en diciembre de ese mismo año, Presidente de la República a partir de una modificación de ese mismo decreto y con el nombramiento de los demás integrantes de la Junta Militar.

Sin padrones electorales, en el año 1980, la dictadura convocó a un plebiscito para aprobar una nueva Constitución, en la cual se establecía un período presidencial de ocho años de duración, a partir del 11 de marzo del año siguiente, con lo que Pinochet se mantendría hasta en el poder hasta 1988, año en que la Junta Militar lo designó como candidato único para seguir gobernando por otros 8 años más.

Esa nominación debía ser sometida a un nuevo plebiscito, pero esta vez, con registros electorales. El resto es historia: Pinochet perdió el plebiscito, pues el 55% de los electores votaron por la opción No, mientras que el 43% dio su apoyo al Sí. Con este resultado, el régimen debía llamar a elecciones libres para diciembre de 1989, las cuales fueron ganadas por Patricio Aylwin, candidato de la entonces Concertación de Partidos por la Democracia, asumiendo el nuevo gobierno democrático el 11 de marzo de 1990.

EL PLEBISCITO EN EL LIMARÍ

A nivel de nuestra provincia, las cifras que dejó el plebiscito de hace ahora 30 años, nos indican que en el Limarí, las preferencias de los electores se mostraron sumamente divididas, pudiendo percibir ciertas diferencias entre el voto urbano y el voto rural.

Así por ejemplo, en la comuna de Ovalle, se impuso el No con un 52,40% de los votos, frente a un 47,60% de los que apoyaron al Sí. En el resto de la provincia, el No también se impuso en Punitaqui (55,42%), pero en las otras tres comunas del Limarí, las cifras son distintas. Así, mientras en Monte Patria, prácticamente hubo un ligero triunfo del Sí (50,68%) por sobre el No (49,32%), en Combarbalá la victoria del Sí se impuso por un 51,33% frente a un 48,67% del No.

Sin embargo, en Río Hurtado el apoyo a la opción Sí, fue sencillamente abrumador: 73,81% frente a un 26,19% del No.

A nivel regional en tanto, se impuso la opción No, con un 53,98% de los votos, frente a un 46,02% que obtuvo el Sí. Coquimbo de hecho, fue la región que menos adherencia presentó a la opción No respecto a las otras regiones del norte del país.

TRABAJO MANCOMUNADO

Más allá de las cifras, lo cierto es que para quienes trabajaron y lucharon por la victoria del No, la tarea no fue nada fácil, pues para asegurar la victoria ante el régimen, había que derrotar a un enemigo muy poderoso: la creencia arraigada en la gente de que el gobierno podría realizar un fraude o bien desconocer los resultados.

Esto a su vez, generaba una sensación de desconfianza y escepticismo hacia el proceso, lo que sumado a los temores y miedos propios de cada bando y al agotamiento que sentía gran parte de la sociedad chilena de la época, quebrada y dividida luego de largos años de fuertes enfrentamientos, huelgas y protestas que buscaban derribar al régimen, las cuales habían dejado una larga hilera de heridos y muertos, podía inhibir a la gente a inscribirse en los registros electorales recientemente abiertos y con ello, restarse del proceso.

El otro desafío al que se enfrentaban las fuerzas contrarias a la dictadura era tomar la decisión de participar o no en el plebiscito. Para quienes se oponían a esta opción, participar en este proceso implicaba aceptar la institucionalidad implantada por el régimen. En cambio, para quienes apoyaban la idea de participar, era la gran oportunidad de derrotar a la dictadura en su propia cancha.

El actual senador Jorge Pizarro, quien en 1988 era parte del Comando por el No y coordinador de éste para el Norte Chico, expresa que finalmente se tomó la decisión de participar en el plebiscito, pues “el país ya estaba madurando en términos de ir avanzando en libertades y por supuesto, con métodos pacíficos. Esto es muy importante, porque la capacidad de ir perdiendo el miedo y el temor por parte de los chilenos se fue consolidando año a año, entendiendo que era una oportunidad de recuperar de manera pacífica nuestros valores más esenciales como sociedad”.

A nivel organizativo, Pizarro comenta que a dicho trabajo, se sumaron todos los sectores democráticos de oposición, sin distinción de colores políticos, y que la organización “se fue dando de múltiples maneras. Las organizaciones civiles, hombre, mujeres, y jóvenes sobre todo, se fueron adhiriendo de forma espontánea a esta campaña, primero de inscripción en los registros electorales, y luego de organización para los efectos de participar en el plebiscito” explica. Ello se tradujo en establecer labores de distinto tipo, pero sobre todo, labores de control, “de manera que los resultados fueran realmente legítimos”. 

A nivel local, Pizarro señala que el trabajo que se hizo en Ovalle fue “encomiable”. “Desde las 5 de la mañana la gente estaba dirigiéndose a los locales, asumiendo su papel de vocal en las mesas que les tocó por sorteo, los apoderados y los encargados de cada uno de los locales, los cuales estaban recogiendo la información de cada una de las mesas, haciendo los cómputos, la forma en que eso se fue entregando después a los niveles centrales. Realmente todo resultó de una manera espectacular.

El actual parlamentario comenta que al venir a votar en Ovalle, lo que más le llamó la atención fue “la gran cantidad de gente que desde muy temprano, estaba asistiendo a los locales de votación. Muy ordenados y en calma, porque en Ovalle todos nos conocíamos y sabíamos quién era quien. Todo se hizo con mucho respeto”.

¿REGRESAMOS A LA UP?

Desde la otra vereda, el actual concejal por Ovalle y militante UDI, Jorge Hernández, recuerda que por aquel tiempo, su mayor preocupación era su familia y el negocio de insumos agrícolas que hasta el día de hoy administra.

Pero para él, así como para quienes le dieron el voto al Sí, una virtual derrota de Pinochet en el plebiscito representaba una incertidumbre y cierto temor de volver hacia atrás, hacia los agitados años 60 y 70, donde según explica “existía un desorden muy grande”, especialmente en un área a la cual está fuertemente ligado: la agricultura.

“Soy una persona que le tocó vivir los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y de Salvador Allende, en donde en realidad, se hizo  una reforma agraria sin preparar a los agricultores que trabajaban la tierra en comunidades. Afortunadamente, el presidente Pinochet con posterioridad, ordenó el sistema, hizo las parcelaciones y trajo el sentido de responsabilidad a cada persona” comenta.

A juicio de Hernández, durante ese periodo, la agricultura virtualmente se paralizó, por lo que para él, la llegada del gobierno militar fue un apoyo para sacar adelante a dicho sector. “Se recuperó la marcha de la economía en esta zona. Yo soy una de las personas agradecidas de la labor que hizo don Augusto Pinochet como presidente de la República” dice.

En ese sentido, el actual concejal expresa que él decidió apoyar el Sí, pues “pensaba que, de todas maneras, a lo mejor faltaba un poco más de tiempo para seguir ordenando el país, producto del desorden en que habíamos vivido”, agregando que durante el régimen militar “la economía se había dinamizado y ordenado. Por eso teníamos el temor de que viniera nuevamente un desorden, y se detuviera el camino que estábamos llevando. Yo pienso que era una preocupación de gran parte del país”.

De todas maneras, Jorge Hernández recuerda que en Ovalle, la realidad política era más bien tranquila y menos polarizada que en otras zonas del país. A su vez, asegura que siempre estuvo convencido de que Pinochet respetaría el resultado del plebiscito, independiente del resultado. “Iba a cumplir con su palabra, lo iba a respetar y así lo hizo” señala.

PRENSA ESCRITA “AUSENTE”

Desde la vereda de los medios de comunicación, es cierto que la televisión y las radios cumplieron un papel importantísimo en la difusión de opiniones y en el creciente interés por el debate político que comenzaba a abrirse de cara al plebiscito.

Sin embargo, la prensa escrita parecía más bien ausente del intenso debate de la época. Así lo recuerda al menos, el reconocido periodista y escritor ovallino, Mario Banic, quien por aquel año, era director del diario La Provincia, único medio escrito existente en ese entonces en el Limarí.

Con una línea editorial más bien conservadora, aunque no necesariamente comprometida con el régimen, Mario Banic comenta la incomodidad que sentía como director de dicho medio, no sólo por sus ideas de izquierda –contrarias a las ideas de los entonces dueños del diario- sino porque frente a la coyuntura del plebiscito, el diario La Provincia parecía estar alejada.

“Por esa misma situación, gran cantidad de personas que eran mis amigos me cuestionaban el por qué el diario no se abría al mundo político. Eso me causaba profunda inquietud” expresa Banic.

Sobre el plebiscito en sí, recuerda que el equipo periodístico de La Provincia, cubrió el proceso hasta altas horas, y que producto del resultado del proceso electoral “se abrió un nuevo escenario político, pero también periodístico” resume el periodista ovallino.

“Entonces yo comencé a sostener reuniones con gente del mundo político, especialmente con gente ligadas al Comando del No, para ofrecerles una columna a través de la elección de un columnista para que ellos publicaran artículos de opinión. Fui donde el propietario principal, le propuse esto y le dije que era el momento de abrirse porque nos estaban cuestionado (como medio) pues estábamos muy cerrados a eso, y que por lo mismo, era positivo comenzar a abrir el escenario para cuando llegara la democracia. Entonces lo aceptaron y lo hicieron” relata.

No obstante, dichas columnas no resultaron de todo el agrado de los dueños del diario explica don Mario, por lo que luego de un tiempo, los artículos de opinión llegaron a su fin.

“Yo personalmente me sentía muy frustrado, porque veía que el diario no se abría al nuevo escenario. Yo advertía de los peligros que eso significaba para un diario de la precariedad nuestra, con pocos recursos técnicos” señala Banic.

Al final, ya no había nada más que hacer, y Mario Banic renunció al medio en septiembre de 1989, con el objetivo de fundar un nuevo periódico: nació así El Ovallino, en octubre de ese año. La Provincia, tal como lo advirtió don Mario, no logró adecuarse a los nuevos vientos que por aquellos años comenzaban a soplar en Chile: el viejo periódico detendría definitivamente sus imprentas en abril de 1990, un mes después de la asunción del primer gobierno elegido por la vía democrática desde 1970.

 

 

 

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