• Los atrapa nieblas ubicados en la Reserva Cerro Grande. Foto: Felipe López
  • En el mencionado cerro, se cosecha el agua utilizada en la elaboración de la cerveza Atrapaniebla. Foto: Felipe López
  • Aquel día, la neblina se hizo presente con fuerza. Opacando así la función del mirador hacia el sector costero. Foto: Felipe López
La Reserva Cerro Grande de la comunidad agrícola, brinda agua a los pobladores, la vegetación y el ganado de la zona. Por si fuera poco, es el punto donde nace una exitosa y sabrosa cerveza.

A 60 kilómetros de la ‘Perla del Limarí’ se ubica Peñablanca, una comunidad rural que se caracteriza por trabajar en la crianza de ovejas y tener un suelo sumamente degradado producto de la deforestación. 

Sin embargo, en lo alto de la zona, La Comunidad Agrícola Peña Blanca cuenta con un nativo lugar. Se trata de la Reserva Cerro Grande, un espacio que se define por la constante y a veces, perturbadora presencia de niebla. Particularidad que dio paso a la instalación de un innovador sistema de captura de agua. 

El sitio compuesto por 100 hectáreas, posee diversos atrapa nieblas de malla raschel, que van en directo beneficio de los habitantes, la flora y la fauna del sector. Por si fuera poco, es el lugar donde nace Atrapaniebla, la cerveza artesanal a base de camanchaca. 

Gracias a la neblina, se forma un microclima de características similares al existente en el Parque Nacional Bosque Fray Jorge. Y su mejor funcionamiento es de marzo a mayo y de octubre a diciembre, en donde, en una semana, se ha llegado a recolectar cerca de 18 mil litros.

LA HISTORIA… 

En los últimos 50 años, el Cerro Grande fue lugar de extracción de leña y talaje de ovinos, caprinos, vacunos, caballares y burros. Esto principalmente porque a la redonda, era el único con frondosa vegetación. 

Fue en el año 2005 cuando el joven geógrafo, Nicolás Schneider, llegó a Peñablanca para trabajar en mejorar las condiciones de vida. Estando en tierra limarina, en permanente contacto y diálogo con los comuneros , quedó sumamente sorprendido con la cantidad de niebla existente. Bajo esta línea, visionó una oportunidad para combatir el evidente impacto de la sequía y la desertificación. 

Ese mismo año, el profesional acompañado de docentes y alumnos de la modesta escuela del pueblo, algunos comuneros y el presidente de la comunidad, Daniel Rojas, realizaron un paseo en el que además de comer un rico asado de cordero, a todos se les encendió la ampolleta  para proteger el espacio y así soñar con una reserva natural a largo plazo. 

Luego, junto con Hernán Pizarro, Guido Rojas, Raúl Zamora, Oscar Tello y Daniel Contreras, se realizó un estudio que arrojó la hipotética recolección de 2.000 litros de agua por metro cuadrado de malla al año, sorprendiendo incluso a los más escépticos.

Posteriormente, la Comunidad Agrícola Peña Blanca presentó un proyecto de área comunitaria de exclusión al Programa de Pequeños Subsidios GEF/PNUD, el cual salió aprobado, generándose así los primeros atrapa nieblas en el cerco perimetral de 4,8 kilómetros. 

A su vez, se consignaron las pioneras giras con escuelas de Peñablanca, Mineral de Talca, El Teniente, Los Ciénagos y Alcones Altos, para que sus alumnos aprendieran del cuidado del medio ambiente, de una manera clara y didáctica. 

Con el correr del tiempo, se generaron otros proyectos para mejorar los senderos del cerro, así como sus miradores, accesos y señaléticas. Ya en el 2011 y bajo la batuta de la profesora de la Universidad Católica, Pilar Cerda, se elaboraron atrapa nieblas para comuneros y mejoró el sistema de riego. 

En la actualidad, el sagrado montículo puede ser  visitado por establecimientos educacionales y grupos interesados en la conservación del medio ambiente. Todo mediante giras que además comprenden la degustación de gastronomía local. 

En conversación con diario El Ovallino, la comunera Claudia Rojas explicó que el cerro “es muy importante, porque nos hace un llamado a cuidar el medio ambiente. Es por esto que la mayoría de nuestros visitantes son escolares”. 

Asimismo, comentó el día en que los habitantes tomaron la decisión de hacer algo por el lugar. “Subimos y pensamos en cerrar una parte del cerro para conservar lo que había”, dijo. 

“Somos muchas las personas que hicimos reforestación para que el lugar estuviera como lo ven, completamente verde. Acá está así, pero más abajo no, eso es culpa de nuestros antepasados”, adicionó a la charla. 

En relación a la captura de agua, explicó que “algunos atrapa nieblas son de la cervecería, el resto es de la comunidad. La cosecha es para un estanque que está  al pie del cerro, sirve para las personas que no tienen agua y también para el riego. Además hay un bebedero para los animalitos que andan en el campo”.

Al ser consultada por la importancia de la reserva para Peñablanca, fue enfática en responder que “es un tesoro verde, por todo lo que se ha recuperado, el suelo, los arbustos, la flora y la fauna. Todo es muy importante para la comunidad en general”.  

La Reserva Cerro Grande no sólo cosecha agua, sino que acumula vida para decir que el secano está más vivo que nunca. 

 

 

 

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