Crédito fotografía: 
Roberto Rivas Suárez
Con más de 35 años en el oficio de la reparación y mantenimiento de bicicletas de todo tipo, y más de 20 instalado en Pescadores, Barraza está en la búsqueda de un espacio para continuar desarrollando su pasión. “Armar una rueda es como tejer, es un arte”, explica.

El lugar quedará en su historia y en su memoria. Pero debe seguir pedaleando hacia un nuevo rumbo, el que hasta ahora desconoce.

De hablar pausado y alegre, Eduardo Barraza Galleguillos sabe que su taller de bicicletas ubicado en calle Pescadores, entre Coquimbo y Arauco, tiene los días contados. Ya que el espacio que arrienda desde hace más de 20 años está en venta y en cualquier momento debe recoger sus herramientas y buscar una nueva sede.

Pero es solo el lugar. Además es una situación exactamente igual a la que vivió hace dos décadas, cuando arrendaba en calle Coquimbo, y luego de 15 años en su primer taller, tuvo que mudarse al que tiene actualmente.

Barraza explica a El Ovallino que en cualquier momento se mudará con sus herramientas y su pasión a otra parte, donde pueda seguir atendiendo a su tradicional clientela.

“Mi clientela es tradicional, son mis vecinos y amigos de toda la vida, gente que ha crecido conmigo, gente a la que le arreglé su bicicleta cuando vinieron con sus padres, y ahora me traen las de sus hijos para que les haga mantenimiento”, señala con orgullo.

Está seguro que a donde se mude, le seguirán sus clientes, ya que asegura que “lo mío es más tradicional que una moda”.

Sus inicios

Barraza recuerda que entró al mundo de las bicicletas aun sin tener una. “Mi sueño era tener una bicicleta, pero tener una en los años 70 y 80 era muy difícil. Comencé desarmando y reparando  una de unos primos, y me gustó. Lo hacía con Ramón, mi hermano mayor. Creo que Dios le da a cada uno un don, para que lo podamos desarrollar. El mío fue entender y querer las bicicletas”.

Cuenta que como a sus 18 o 19 años se dio cuenta que podía hacer de su pasión, un oficio. Todavía en ese momento reparaba las bicicletas de sus primos, pero no les cobraba.

“Pero luego a alguien le cobré por el trabajo y así comenzó el taller. Claro al principio no tenía más herramientas que un destornillador y un par de llaves, mientras que ahora hay muchas herramientas más específicas: hay extractores de cadena, extractores de piñón, y otras más. Ha avanzado mucho la tecnología de las bicicletas”, reconoce Barraza.

Con respecto a la parte técnica, explica el mecánico que una de las cosas más bonitas es cuando le toca “enrayar” una rueda.

“Eso es bonito, porque uno va como tejiendo. Esto es un arte, hay que tener paciencia y vista, saber hacerlo poco a poco. ‘Enrayar’  no es llegar solamente y colocar el rayo –que en realidad se llama radio-, sino que es un arte. Es como cuando una abuela teje y sabe los puntos y cómo hay que hacerlo. Es lo mismo”, señala.

Actualidad

Con un ritmo de unas cinco o seis bicicletas reparadas a la semana, Barraza sabe que la proliferación de grupos y colectivos ciclistas, es un buen augurio para su taller. “Con que uno me traiga la bicicleta, ya luego vendrán los demás. Si lo que hay que hacer es un buen trabajo, porque un buen trabajo es mi mejor publicidad”, asegura quien no es amante de las redes sociales y que ni siquiera tiene un cartel en el frontis de su taller.

“Es que para mí es muy importante tener contacto con la persona, escuchar el problema que tiene con su bicicleta, escuchar lo que tiene que decir, explicarle lo que hay que hacer. Ese lado humano es muy bueno, porque como estamos hoy en día tan distraídos con el modernismo virtual, no hay esa comunicación. Mucha gente que viene a traer su bicicleta para reparación o mantenimiento se queda conversando, piden asesoría de lo que se puede hacer, de lo que se le puede instalar. A veces solamente se quedan conversando de algún otro tema”, destaca.

 

 

 

 

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