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Leonel Pizarro
Las familias de Mantos de Hornillos han esperado y solicitado durante varios años la anhelada electrificación. Gastos en combustible para el funcionamiento de generadores, artefactos tecnológicos sin utilizar en la escuela, éxodo de habitantes, imposibilidad de refrigerar comida y de prender ampolletas, son sólo algunas de las tantas dificultades por las que ha tenido que atravesar esta localidad ubicada a un costado de la ruta 5 norte.

En pleno 2018 aún hay comunidades y zonas de la provincia que mantienen necesidades básicas que no son resueltas, sobre todo en algo tan elemental como lo es la electricidad.

Distante a poco más de 80 kilómetros de la ciudad de Ovalle y junto a la carretera 5 norte, se encuentra la localidad de Mantos de Hornillos. Al llegar ahí y conversar  con algunas de las 20 familias residentes, salta a la vista uno de los grandes problemas que los aqueja desde hace varias generaciones; la falta de servicio eléctrico.

Ver televisión, cargar el celular, navegar en internet, utilizar un computador, refrigerar alimentos,  tener ampolletas prendidas, y muchas otras acciones que - para algunas personas pueden ser “normales” - para ellos son un anhelo por el que han peleado durante varias generaciones y bajo muchas administraciones y distintos gobiernos.

Luis Paz, un adulto mayor del pueblo,  reconoce que han luchado por la electrificación desde hace varias décadas. Según su punto de vista falta voluntad para resolver el problema, sobre todo por parte de la empresa eléctrica, “es Conafe el que no está poniendo la disposición (…) ellos deberían apurar, está puesta toda la postación. Se robaron los cables por culpa de ellos al no tenerlos energizados”.

Acerca de cómo han lidiado con el problema, relata, “acá muchas personas seguimos alumbrándonos con velas. Los que tienen un poco más de medios usan un generador y les trae altos gastos. Diariamente para hacerlos andar se gastan entre 5 a 10 litros de bencina”. Al costo de la bencina se suma lo que hay que pagar para mantener el generador, “además hay que comprar aceite y realizarle mantención al motor. Es carísimo”, sentencia.

 “Para nosotros el tema de la electricidad es lo que más anhelamos en estos momentos. Nacimos acá, nos criamos acá, seguimos viviendo acá y aún no podemos tener un refrigerador donde guardar alimentos. Estamos distantes de la ciudad, no podemos ir todos los días a comprar un pollo para tener para la semana”, afirma Luisa Paz Ahumada, tratando de graficar cómo es la vida sin ese servicio. Sumado a lo anterior, tampoco pueden informarse de la actualidad, “no tenemos un televisor donde podamos ver las noticias e informarnos de lo que está pasando”.

Esta carencia también repercute en la calidad de vida de los niños del pueblo. “En los colegios ahora todo es por internet - que es lo básico - y no lo podemos tener. No es agradable estar con una vela ayudándolos a hacer las tareas. Ellos llegan del colegio a las 5 de la tarde y lo único que se puede hacer es empezar las tareas altiro antes que se oscurezca. No hay otro recurso”.

La residente dice que para tratar de acceder a energía, la mayoría de las familias han invertido en generadores y los usan sólo a ciertas horas y de manera limitada ya que es costoso. “Se trata de un gasto mensual de 150 a 200 mil pesos en combustible. Además si se echa a perder hay que llevarlo al mecánico. El motor se prende 1 o 2 horas y más allá no se puede porque no están las ‘lucas’ para poder seguir haciéndolo funcionar por más rato, tenemos que hacer un consumo bien estricto”, revela.

Por la noche la situación se complejiza aún más, sobre todo en invierno ya que hay menos luz solar y por ende la única actividad imperante es tratar de conciliar el sueño. “Uno prender el generador a las 7 (de la tarde) y a las 8 lo apaga y se va a dormir porque, ¿qué más se hace si no hay electricidad?”.

Paz dice que por fortuna dentro de los habitantes no hay alguien que necesite electricidad por un tema de condición médica, pero a pesar de eso considera, “va a llegar un momento en que sí lo van a necesitar y no van a poder optar a eso”.

Esta carencia ha incidido negativamente en la cantidad de habitantes de Mantos de Hornillos, “la mayoría de la gente se está yendo a las ciudades porque tienen lo básico; electricidad, agua potable. Había 80 familias y ahora con suerte quedamos 20. La gente está emigrado y este pueblo está muriendo”.

Miguel Vicencio es tesorero del Comité Pro Luz. “Tengo 44 años y desde que tengo uso de razón, sé que se ha estado peleando por conseguir electricidad”, manifiesta.

Al igual que los testimonios anteriores, afirma que hay varios residentes que se han visto en la obligación de invertir en un generador que implica un desembolso mensual no menor. Vicencio dice que el litro de bencina lo adquieren a  $1.100 pesos y en su caso personal, “gasto aproximado hasta 80 mil pesos mensuales en puro combustible porque doy luz a mi casa, a la de mi mamá y a la de mi hermano que vive al lado”.

Sobre el uso del refrigerador, sentencia que, “no se puede usar incluso teniendo generador porque es muy poco el tiempo en que se utiliza como para mantener las cosas ahí adentro”.

En cuanto a los niños, puntualiza que gracias a programas estatales han podido a acceder a herramientas educativas como notebooks, pero que insólitamente se ven impedidos de usarlos por obvias razones. “No los pueden usar porque, ¿en qué los cargan y cómo?”. También agrega que la escuela cuenta con un generador que resulta ineficiente, “el profesor lo hace correr una hora en el día, pero, ¿qué más puede hacer?”, dice con un dejo de resignación.

El vecino además añade que su hija llega a visitar el pueblo cada semana ya que está en un internado en Ovalle. Lo que le preocupa es que justamente una vez que la locomoción la deja en la parada, ella debe caminar en completa oscuridad hasta llegar a la casa.

Vicencio califica la situación en la que viven como “insólita”, ya que sólo 80 kilómetros los separan de la capital de la provincia  y además cuentan con una excelente conectividad,  “siendo un pueblo que está a un costado de la ruta, de la carretera, es de fácil acceso, por acá al lado pasa toda la locomoción”, precisa.

Al igual que Luisa Paz, él menciona que por el mismo tema de la falta de servicio es que muchos de los residentes se han visto obligados a abandonar el pueblo. “La mayoría de las familias se han ido por el tema de la luz. Los hijos necesitan electricidad para el tema de las tareas, para ver internet, pero  no tenemos siquiera cómo cargar un celular, acá cada uno tiene que arreglárselas como pueda”.

¿Por qué no se ha solucionado aún el tema de la electricidad? “Para mí es porque no le toman importancia al pueblo”, declara de manera rotunda.

“Profesor no pude traer la tarea porque no tenemos luz, no había petróleo”

La Escuela Padre Pablo Diehl Hartman hoy acoge a 10 estudiantes desde primero a quinto básico. Desde marzo pasado el profesor encargado es Francisco Rojas Cortés.

Al docente sólo le bastaron pocas semanas para entender y palpar las múltiples incomodidades que genera la carencia de electricidad no sólo para los adultos, sino que también para los niños. “El tema de la luz los afecta directamente en cuanto a la escuela”, cuenta.

Al recorrer las instalaciones se pueden apreciar dos modernas trotadoras, un data, un gran televisor de pantalla plana, computadores de escritorio y notebooks. Pero lamentablemente están ahí sin ser aprovechados y casi como una ironía de la insólita situación en la que están inmersos.

En una de las salas guardan un pequeño inversor de panel solar y como “plan b” tienen que recurrir a un motor que necesita bencina para ser usado. “El inversor funciona para cosas básicas como cargar el celular, el computador e imprimir. Pero si yo quiero prender las luces, poner el data o prender la trotadora, ahí el inversor se descarga y es cuando hay que prender el motor”.

El educador aclara que el municipio local les entrega mensualmente 20 litros de bencina para el motor (cada hora de uso consume nada menos que 1 litro de combustible), por lo que se las ingenian para no desperdiciar ni un solo minuto porque de otra forma, simplemente no disponen de más energía para el resto del mes.

Uno de los planes a futuro es instalar la sala de computación porque cuentan con dos equipos de escritorio y 3 notebooks, pero Rojas no ve factible la idea ya que, “eso significa enchufar la CPU, los parlantes, el monitor, entonces el inversor no da abasto y por ende hay que prender el motor e implica petróleo. Para todo se necesita el petróleo y es muy escaso porque son 20 litros para el mes. La parte de tecnología cuesta mucho aplicarla en la escuela porque si les quiero mostrar power points tenemos que prender la televisión, el data, enchufar…”

Para las clases de deporte tratan de utilizar las dos trotadoras de forma más que limitada, “las ocupamos una vez a la semana, es decir, los días jueves. Pero es súper restringido, sólo 10 minutos por niño”, grafica el docente.

Por otra parte, cada vez que se permite el uso de un computador, Rojas tiene que estar supervisando constantemente el tiempo. “Es complejo porque a veces les doy tareas y las tienen que hacer en el equipo. Pero ellos quieren ocuparlos y tengo que estar limitando su uso porque me queda poco petróleo y se va a terminar el mes o quedan 20 días aún y ya se nos está acabando. Hay que ir jugando, es súper complejo”, reconoce.

Volviendo al tema del inversor, su uso no siempre está garantizado, sino que está sujeto a las condiciones de tiempo. “Acá llueve mucho más que en Ovalle y  si está lloviendo o nublado no carga el panel, por ende no hay luz”.

Pese a la corta edad de los alumnos, el educador ha visto que están plenamente conscientes de la limitación que les genera no tener electricidad. “En algunas de sus casas tienen motor y saben que se prende, por ejemplo, desde las 7 (tarde) hasta las 9 (noche) y en abril cuando se cambió la luz, oscurecía más temprano aún y era menos luz para ellos. Entonces a veces me dicen ‘profesor no pude traer la tarea porque no tenemos luz; no había petróleo y no se pudo prender’, ¿qué voy a decir yo contra eso? Es algo totalmente entendible”, confidencia.

Rojas asegura que los estudiantes tienen el problema “súper asumido”, de hecho relata que durante las clases cuando les está mostrando un video gracias al inversor y éste de repente se apaga, los estudiantes inmediatamente le comentan, “profe se acabó la luz, hay que prender el motor”.

Al residir en el pueblo, el profesor no ha estado exento de las complicaciones energéticas, no sólo en el aspecto laboral, sino que también en lo doméstico.

“Los niños se van a las 5 de la tarde y a las 6:15 ya se está oscureciendo, entonces tengo que prender el motor para tener luz y poder trabajar, planificar, sacar guías, meterme a la plataforma, subir alimentación y asistencia”, menciona. A las 8 de la tarde apaga el motor y se va a su pieza sin ningún tipo de luz, “si quiero usar energía para calentar la comida o poder ducharme tengo que estar con el motor hasta las 10 y eso significa más gasto todos los días. Por eso en la noche uso linternas y las voy colocando en lugares estratégicos para poder alumbrar”.

¿Qué pasa con la implementación de la luz?

Hace unos días los vecinos se tomaron la carretera exigiendo que se implemente el sistema de una vez por todas, ya que tiempo atrás se instaló la postación, pero al parecer sólo faltaría un documento relacionado con un paso de servidumbre para destrabar el proceso.

El presidente de la junta de vecinos de Mantos de Hornillos, Alejandro Briceño, puntualizó que es excesiva e injustificada la tardanza. “Ya llevamos dos años sin que la gente de Conafe y el Gobierno Regional nos instalen la luz, eso a pesar de que la postación ya está puesta en todos los predios. Uno de los argumentos que dicen es que hay unos propietarios que no firman porque no tienen las facultades legales de la constitución de la sociedad, pero para mí –conociendo el tema- deberían ser máximo 60 días, y ya llevamos 2 años esperando”.

Además dice,  “hubo una promesa del gobierno anterior en donde supuestamente a fines de noviembre ya tendríamos que tener la luz conectada en Mantos de Hornillos y no ha ocurrido. Ahora pasamos a otro gobierno y todavía estamos en lo mismo (….)”.

A través de una declaración pública,  la empresa eléctrica CONAFE, aclaró que han venido trabajado este proyecto con el gobierno regional desde 2016 y que, “tal ha sido el interés de por sacarlo adelante, que en 2017 se inició la construcción, en un proceso que avanzó en paralelo con el trámite administrativo”, sin embargo, “lamentablemente, en los meses de abril y mayo de 2018 se produjeron dos robos de conductores eléctricos, equivalentes a  5,7 kilómetros de línea y daños a las infraestructuras instaladas, generándose una mesa de trabajo de robo de conductores eléctricos a nivel regional para abordar este tipo de incidentes”.

Sobre las causas de la demora actual, sostuvieron que,  “hoy todos los actores involucrados en la concreción de este Proyecto de Electrificación Rural (PER), nos enfrentamos a una dificultad  administrativa en la constitución de las servidumbres, paso vital para lograr que este proyecto cuente con toda su tramitación en regla”.

Finalmente aseguraron que tienen  tiene toda la voluntad para materializar este proyecto y que, “se continúa haciendo todos los esfuerzos para solucionar esta dificultad, además de evaluar todos los ámbitos de acción posibles y así concretar esta construcción en el corto plazo”.

El gobernador de la provincia del Limarí, Darío Molina, se refirió hace unos días a la génesis del problema, explicando que había un acuerdo - tanto del Gobierno Regional, la comunidad, CGE (Conafe) y la empresa que está inaugurando próximamente un parque eólico cercano – para electrificar esa zona.

“El Gobierno Regional subsidió, la empresa (eólica) se comprometió a poner los arranques y  la iluminación interna de las casas y CGE tenía que poner la conexión y electrificar. Esto se demoró durante mucho tiempo por las personas que tenían que dar la servidumbre de paso, es decir, dar autorización para que se pusiera la postación y poder tirar las líneas”.

Molina aclaró que la comunidad de esa zona no le comunicó que estaban atravesando por este problema y sostuvo que tras tomar conocimiento del tema, “comenzamos a gestionar con el seremi de Energía para conocer los antecedentes y logramos identificar de que efectivamente faltaba una firma para una servidumbre de paso y que por esa razón todavía CGE no electrificaba”.

Durante dicha manifestación de los vecinos en la carretera se selló una carta con el compromiso de electrificar dentro de un plazo de 60 días. Cabe destacar que la misiva fue firmada por el gobernador, el seremi de Energía y por representantes de la comunidad de la localidad.

Por su parte, el alcalde Claudio Rentería se reunió con los vecinos de la localidad y les comentó de la gestión que realizó para que se aceleren los trámites y en un periodo de dos meses comience la instalación de la red eléctrica. El lunes 13 se firmaría un documento de servidumbre y posteriormente la empresa CGE presentaría el proyecto completo en la Superintendencia de Energía y Combustibles.

La autoridad comunal indicó que desde un comienzo, “hemos trabajado con las familias, nos comprometimos con el proyecto y lo sacamos adelante, porque sabemos que es una necesidad imperiosa y estoy de acuerdo con la molestia que existe, porque han esperado más de 20 años para contar con luz eléctrica y deben gastar grandes sumas de dinero en combustible, para abastecer sus hogares”.

La autoridad comunal agregó que el municipio realizó el proceso que le corresponde, “reactivamos el proyecto en el ministerio de Desarrollo Social y obtuvimos su aprobación, luego conseguimos el financiamiento del Gobierno Regional, se hizo el trámite de concesión y contrato con CGE y esperamos que no surjan nuevos inconvenientes que retrasen la llegada de la luz a Mantos de Hornillos, porque las familias no pueden seguir esperando”.

 

 

 

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