• Martyna, Maite, Julieta y su abuelo Omar, generaciones de la localidad de Mineral de Talca. Foto: Leonel Pizarro.
  • Las clases online de Martyna son en una de las zonas más altas de la localidad para poder obtener señal. Foto: Leonel Pizarro.
  • Las niñas y niños de Caleta Talca se divierten en la orilla del mar, los cerros y en el generoso paisaje de la localidad. Foto: Romina Navea R.
  • Irma Gómez, extrae piedras con oro casi todas las mañanas en Mineral de Talca. Foto: Romina Navea R.
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Leonel Pizarro - Romina Navea
En la provincia de Limarí, cientos de localidades rurales sufren “la nueva normalidad” tras la crisis sanitaria. En la era donde la tecnología y conexión telefónica es crucial, muchas personas están lejos de encontrarlas en la comodidad de sus hogares, viviendo con estas limitaciones antes y después del Covid-19.

Cada día la tecnología forma parte de nuestras vidas. Muchas veces ya se transforma en necesidad. El agua que sale de la llave y la electricidad de manera instantánea, son servicios tan accesibles (para algunos), que muchas veces se vuelven inadvertidos  en nuestra vida diaria.

Martyna Fierro Galleguillos tiene 11 años y hace unos días su historia trascendió en las redes sociales. Vive en Mineral de Talca, una caleta de la comuna de Ovalle junto a su mamá y abuelos.  Debido a las dificultades de conectividad telefónica en el sector, sus actividades escolares han tenido que ser de mayor obstáculo durante esta pandemia.

Para realizar las clases online, debe caminar hacia uno de los lugares más altos de la zona para obtener señal y conectarse al computador que su tío le cede para que realice sus tareas. Nataly Galleguillos, la mamá de Martyna, sostiene con una mano el celular que da internet al computador. Pese al frío, la lluvia, el calor, el clima que sea, Martina cumple con sus deberes.

Luego de las clases, Nataly comenta que hay días en los que su hija le pide quedarse unos minutos más. “Cuando termina las tareas, Martyna me pregunta si puede ver un video en Youtube. Yo le digo que sí y cuando termina me dice: ya mamá, y no vamos a la casa”.

Tras conocer la historia de la estudiante de 6to básico del Colegio Santa Teresa de Jesús, el apoyo no tardó en llegar por parte de Manuel Valenzuela, chileno radicado en Canadá quien vio los esfuerzos de la pequeña y no dudó en prestar ayuda. Luego de algunas gestiones, finalmente Martyna obtiene su propio computador. “Estamos realmente agradecidos por lo que ha hecho por Martyna, el computador le va ayudar mucho”, sostiene Nataly.

Respecto al internet, la madre de la pequeña sostiene que dos concejales se acercaron a la localidad para evaluar la posibilidad de mantener conexión adentro de su casa. “Vinieron y me dijeron que esta semana tendría respuesta”, explica.

En el sector de mineral de Talca, son seis los niños entre 6 a 11 años. Cada uno con diferentes realidades que deben sobrellevar mediante esta “nueva normalidad” tras la crisis sanitaria que atraviesa el mundo entero. En muchas ocasiones, para muchos niños y niñas del país que viven lejos de la urbanización, la modalidad online no se encuentra en comodidad del hogar.

CUANDO FALTA LA LUZ Y EL AGUA

Hace un año, el Ministerio de Energía presentó los resultados del "Mapa de la Vulnerabilidad Energética de Chile”, donde  arrojó que un total 29.642 de hogares del país, no cuentan con suministro eléctrico constante.

Dentro de estas cifras, Ovalle y La Serena  son las comunas del país con mayor número de viviendas sin acceso a energía eléctrica constante tras las distancias y el difícil acceso.

En la comuna, según el estudio realizado con el apoyo técnico de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC) y del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), son 613 viviendas aproximadamente que no tienen acceso a este servicio básico.

Las cifras de viviendas sin agua potable en la región, también lidera el ranking a nivel nacional. A través de un estudio desarrollado por la Fundación Amulén, junto con el Centro de Cambio Climático Global y el Centro de Derecho y Gestión de Agua de la Universidad Católica de Chile denominado “Radiografía del agua rural de Chile: Visualización de un problema oculto”, indicó que  a nivel nacional, hay 10 regiones que están siendo abastecidas por camiones aljibes. “Entre las regiones más afectadas están Biobío, La Araucanía y Coquimbo, concentrando el 66% del gasto público”.

 En la provincia, según datos de la Gobernación de Limarí, son 8259 personas que son abastecidas con camiones alijes aproximadamente. Actualmente operan en total 35, entregando 350 litros semanalmente a los usuarios particulares y a los estanques comunitarios. En Ovalle, funcionan 4 camiones, otros 2 operan en Hurtado, 12 en Combarbalá, 9 en Punitaqui y 8 en Monte Patria.

Una de esas localidades corresponde a Caleta de Talca, donde 12 familias tras los años, se dedican a la pesca, recolección de algas y minería artesanal. No cuentan con agua potable ni luz.

“El agua viene cada 15 días regularmente, hay días que pasan más de la cuenta, ahora hace más de un mes que no pasa el camión. Vienen a dejar dos veces el agua; una es cuando vienen a la casa a través de la municipalidad y la Gobernación viene a la escuela que tiene una copa grande. Ahí vamos a buscar agua cuando se acaba. Cuando pasa eso, son cinco viajes que debo realizar con el bidón en una carretilla, donde llevo cerca de 60 litros en total”, señala Nataly.

En cuanto a la electricidad, la mayoría de las casas cuenta con un panel solar, en donde facilita la luz durante la noche y solo tres cargas de teléfono. “Cuando llega la noche, solo tenemos una luz encendida, no vemos tele porque la electricidad no da”, señala la mamá de Martyna.

OVALLE MÁS ALLA DE LA AGRICULTURA COMO ECONOMÍA

Con una vista privilegiada al mar, la familia Galleguillos – Gómez, amantes de los animales, comentan sobre las actividades económicas que ha trascendido de generación en generación en la zona. “Aquí nos hemos dedicado a recolectar algas,  pesca y también a la extracción de oro”, sostiene Irma Gómez, abuela de Martina.

Dentro de un incipiente pique minero, Irma comenta que desde niña aprendió a reconocer las “papas” que obtienen oro. “Nosotros le decimos papas a las piedras que tienen oro. Yo llego a las tipo 10 de la mañana aquí y bajo a la hora de almuerzo; hay días que va bien, otros no tanto, pero es una entrada económica que nos ayuda”, explica.

“Ahora nos dedicamos a esto, porque antes las algas eran muy mal pagadas. Ahora yo no voy al mar hace más de un año, no puedo hacer mucha fuerza porque tengo hernias y la rodilla ya no me acompaña. Mi esposo también está enfermo, entonces entre nuestras jubilaciones y el oro, tenemos ingresos”, cuenta Irma.

Nataly comenta que las piedras que recolectan, se juntan por varios meses antes de ser vendidas. “Se realiza el trabajo de extracción del oro de manera totalmente artesanal y luego un comprador va a la caleta”.

Omar Galleguillos, esposo de Irma y padre de Nataly, es nacido y criado en la localidad. Durante muchos años se dedicó a ser buzo de pesca, pero desde hace un tiempo la Fibrosis pulmonar que padece, no le permite trabajar en el mar. “Toda la vida me dediqué a esto, sacaba una gran variedad de mariscos. Hoy ya no puedo, pero acompaño a mi hija y mi sobrina de vez en cuando”, señala Omar mientras muestra sus credenciales de buceador.

De lunes a domingo, los recolectores de algas del lugar trabajan en la orilla del mar. Nataly y su sobrina se levantan a las 6:30 horas; toman desayuno y caminan por varios minutos hacia la orilla del mar. “Aquí se trabaja todos los días, no hay descanso. Llegamos y sacamos el güiro que vara, hay días que no hay, y ahí nos dedicamos a sacar papas (piedras) con oro. En el verano, el horario cambia, salimos más temprano de la casa, a las 5:30 y ahí es más trabajo. Salimos cansadas”, explica la joven madre, quien agrega que su pareja, padre de Martyna trabaja desde Ovalle, donde han tenido que mantener su relación casi a distancia.

A pesar de las dificultades con los servicios básicos que mantienen los habitantes de Minera de Talca, además de su estilo de vida, la familia Galleguillos-Gómez se considera afortunada. “A mí me gusta estar aquí; nací y sigo viniendo porque tengo que ayudar a mis papás. Los niños tienen un infancia sana, juegan como nosotros jugábamos antes, respiramos aire puro, a pesar de todo, sí soy feliz”, concluye Nataly mientras se despide para ir a ayudar a Martyna en sus clases online con su nuevo computador.

 

 

 

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