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Una familia de Tulahuén es el ejemplo claro de lo que las listas de espera para operaciones médicas significan: Javier Yáñez requiere de un alargamiento de tendones solicitado desde 2014. Todavía no tiene fecha cierta para la intervención quirúrgica

Una lista de espera que tiene más de espera que de lista. Desde 2014 se determinó que debía someterse a una operación, pero hasta la fecha todavía se sigue practicando exámenes sin que los médicos marquen en el calendario el día para la tan ansiada intervención quirúrgica.

Es la realidad de Javier Antonio Yañez, un joven de 27 años de edad, residente de la localidad de Las Cisternas de Tulahuén, quien requiere de una operación de alargamiento de tendones, para que pueda tener la posibilidad de caminar por cuenta propia luego de algunos meses de terapia.

Pero desde que se incluyera en la lista de posibles pacientes han pasado siete años y todavía no hay ni siquiera una fecha cierta para la intervención.

“Siempre estamos esperando y haciendo exámenes, evaluaciones clínicas, hemos hecho muchos trámites y nada. No hay fecha. Ya mi hijo tiene 27 años, y necesita la operación porque su cuerpo no crecerá más, el riesgo es que los tendones maduren demasiado y luego no se puedan hacer la operación”, explica a El Ovallino su mamá, Rosa Valderrama.

“Lamentablemente este miércoles no nos pudieron atender. Fuimos hasta Coquimbo para unas evaluaciones y queríamos hablar con el director del Hospital de Coquimbo, pero después que nos hicieron esperar, nos dijeron que no nos podían atender. Dijeron que tenían que revisar la ficha médica de mi hijo, pero tampoco nos dieron respuesta, sino que tenemos que seguir esperando”, señaló Valderrama.

Dificultades

Explicó la señora Rosa que tras sufrir complicaciones derivadas de la diabetes, a ella se le tuvo que amputar una pierna hace tres años, lo que le confinó también a una silla de ruedas, a la espera de una prótesis que nunca llegó.

“Así que a mi esposo es a quien le ha tocado luchar contra todo, y tener que atendernos a los dos, porque no es fácil tener que vivir en una silla de ruedas. Ojalá tuviéramos aunque sea una silla de ruedas eléctrica que uno pudiera manejarse solo. Pero para nosotros es difícil el acceso a Tulahuén, y menos a Las Cisternas donde vivimos, es mucho lo que no podemos hacer en silla de ruedas”, lamentó Rosa.

Explicó que le han prometido adaptar una prótesis pero que hasta ahora no le han cumplido.

“Como no soy adulto mayor no me cubre el GES la prótesis que necesito, y de manera particular no puedo pagarla. Así que debo esperar que se abra una posibilidad. Lo único que me dieron fue una silla de ruedas, aunque de las más básicas”, señala.

Agregó que su esposo es criancero, pero con un rebaño muy pequeño, apenas unas pocas cabras para sacar un poco de queso, y que ahora con el año tan malo no es mucho lo que se produce.

“Y es que él no puede trabajar en otra cosa porque quedamos desatendidos, sobre todo con mi hijo que por su condición necesita atención permanente”, apuntó Rosa, quien además debe someterse a una intervención ocular por Cataratas, pero de la que tampoco tiene fecha cierta, aunque espera pueda hacerse en enero próximo.

 

 

 

 

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