• Mineros de antaño, muchos de ellos padres y abuelos de los actuales Hijos de Los Mantos
  • Varias generaciones disfrutaron el reencuentro en Los Mantos
  • Disfrutando la parte ceremonial de la actividad
Nostalgia, recuerdos y experiencias de familias de mineros “De pronto ante nuestras pupilas, como un espejismo, emerge la Planta con su sonido que desde pequeños, era familiar”, narración de Ximena Carvajal Elgueta, Eduardo "Lalo" Gatica, Ángela de Alcalde y Catalina Goñia.

Dirigentes y socios del Círculo Hijos de Los Mantos, celebraron con regocijo el vigésimo aniversario de la institución, y viajaron el sábado pasado al recordado Campamento minero donde trabajaron y vivieron.  Lo que sucedió en este inolvidable viaje, lo cuentan en exclusiva para El Ovallino Ximena Carvajal Elgueta, Eduardo "Lalo" Gatica, Ángela de Alcalde y Catalina Goñia..

El Encuentro:

-Frente a la iglesia San Vicente Ferrer de Ovalle, esperaba una micro engalanada asemejando a los transportes que utilizábamos de pequeños, de Los Mantos a Ovalle, conducido por don Jorge Roco Pereira  Al ver tantas caras conocidas después de cuarenta o cincuenta años y más, nuestros corazones latieron más fuertemente, nuestros ojos  se inundaron de lágrimas, nuestros cuerpos se abrazaron fuertemente y emergieron del fondo del alma recuerdos de antaño.

El bus emprendió rumbo al campamento  mágico de Los Mantos, en Punitaqui; a la caravana, se sumaron nuevos mantinos, esos niños que ahora son hombres, profesionales con sus familias. Conducían  sus propios vehículos que de todo Chile, viajaron a este campamento: Viña del Mar, Copiapó,  Santiago, La Serena,  Coquimbo,  Villa Alemana, Ovalle, Calama, Vallenar, Quintallaco, Valle de Elqui, Punitaqui y alrededores.

De pronto ante nuestras pupilas, como un espejismo, emerge la Planta con su sonido que desde pequeños, era familiar.

 Llegando a La Quebrada, ya no existe la casa de los Quillot. A un costado aparece un puente,  que no estaba en nuestra memoria, nos recibió la prevencionista  de riesgo de la empresa Alto de Punitaqui; para la sorpresa de este vigésimo aniversario del Círculo de Hijos de los Mantos “Hernán Rojas Cortés”, gracias a gestión efectuada por el concejal y gran hijo mantino, José Palma Gallardo,  se nos autorizó  el ingreso.

Nuevamente   se abrazaban, sonreían, gritaban; se reconocían como niños que alguna vez caminaron por aquellas  calles polvorientas,  mirábamos y mirábamos. Ya no está la Escuela, Maestranza, Retén,  Fundición, Los Pinos, etc.  Nuestros pies  nos llevaron por la Oficina de Paso, Casino, Los Camarotes de Solteros. De repente por una calle vimos las añosas moras, que a pesar del tiempo  son mudo testigo de nuestras vidas. Mirábamos y mirábamos, y sin darnos cuenta nos adentramos en la Casa de Huéspedes, lugar que antaño era exclusivo para la gerencia. Los Hijos de los Mantos, ese día corrían  cual niños por aquel lugar.

Se plasmaron los momentos en fotografías que cada uno quería guardar.

En un instante, esas moras añosas, con un fondo de borra gris, cada uno viajó en un portal del tiempo, reviviendo el calor del hogar que se vivió en ese campamento y que ahora yace, sepultado, destruido, bajo toneladas  de riqueza: oro, mercurio, cobre, etc.

Cada esencia, revivió sus primeros años, primeros pasos, aromas, letras,  amores, desamores, tristezas, alejamientos,  bailes en el corral del sindicato, amistades, tardes de domingo, con deportes, música, cine, besos a la luz de la luna o bajo el pimiento, bosque y quebrada, y tantos recuerdos que llevaremos por siempre.

Regresamos a Punitaqui para unirnos en misa  y dar gracias al Creador e invocar la bendición para seguir unidos. El sacerdote José Pérez, destacó la asistencia de nuestras queridas “Reinas Madres”, que siempre nos demuestran su sabiduría y amor por sus hijos. En ellas vemos representadas a nuestras propias  madres ausentes.

Las ofrendas entregadas en el altar consistieron en elementos del diario vivir, para finalizar la eucaristía, se entonó el Himno escrito por Iván Araus Mancilla, la arenga de ¡Viva Los Mantos!, a cargo del sacerdote y replicado a todo pulmón por los  emocionados asistentes. 

Para concluir este maravilloso encuentro, se compartió un almuerzo de camaradería, entre los trescientos asistentes. De este magno acontecimiento, donde continuamos las muestras de afecto  y cariño y fraternidad que tan bien caracteriza a los Hijos de los Mantos.

-Narración de Ximena Carvajal Elgueta, Eduardo "Lalo" Gatica, Ángela de Alcalde y Catalina Goñia.

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