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Miércoles, Marzo 4, 2026

10 mil hectáreas cultivables menos en cinco años por menor disponibilidad hídrica

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Dirigentes agrícolas advierten una disminución sostenida de la superficie cultivable en la provincia, mientras la Junta de Vigilancia estima que en los últimos cinco años se habrían perdido al menos 10 mil hectáreas bajo riego. La Seremi de Agricultura confirma una baja regional asociada al déficit hídrico e INDAP no observa variación significativa en el número de usuarios activos.

La reducción de superficie cultivable en la provincia del Limarí dejó de ser solo una percepción entre agricultores. Cifras entregadas por la Junta de Vigilancia del Río Limarí, Río Grande y sus afluentes advierten que en los últimos cinco años se habrían perdido al menos 10 mil hectáreas bajo riego en la cuenca, concentrando así la mitad de la disminución acumulada en las últimas dos décadas.

Actualmente, la superficie efectiva bajo riego alcanza aproximadamente 40 mil hectáreas, cuando hace 20 años la cifra bordeaba las 60 mil. “En los últimos cinco años se han perdido al menos 10.000 hectáreas bajo riego”, señaló el presidente de la Junta, José Eugenio González, quien atribuye esta reducción principalmente a la menor disponibilidad hídrica.

La sequía hidrológica que afecta a la zona se ha extendido por más de dos décadas. Si en condiciones normales el embalse La Paloma permitía distribuir cerca de 240 millones de metros cúbicos anuales, este año solo se dispuso de 28 millones. “El impacto es grande en lo que se refiere a fuentes de trabajo y producción de la zona”, sostuvo.

TESTIMONIOS DESDE EL TERRITORIO

En El Palqui, el presidente del Sindicato de Pequeños Agricultores, Fidel Salinas, asegura que el fenómeno es visible en terreno. “Hoy hay plantaciones completas que ya no se están produciendo. En algunos sectores el abandono es enorme”, afirmó.A su juicio, la reducción de superficie está directamente vinculada a la menor disponibilidad hídrica. “Muchos agricultores tienen menos agua y eso obliga a dejar parte del terreno sin cultivar o a regar de manera limitada”, explicó.

Desde Tulahuén, el dirigente Ricardo Villalobos ejemplifica el impacto con cifras productivas. “Hubo una cooperativa que entregaba cerca de dos millones de kilos de uva y en plena sequía, bajó a 40 mil kilos. El impacto fue enorme”, relató.

A su juicio, la crisis no solo responde a la falta de agua. “Muchos dueños ya estaban jubilando y no hubo jóvenes que continuaran en la actividad”, explicó, apuntando al relevo generacional como un factor clave.

SECTORES MÁS AFECTADOS

De acuerdo a la Junta de Vigilancia, las zonas más críticas se ubican en las áreas asociadas a los embalses Recoleta y Cogotí, así como en sectores vinculados al canal Camarico y terrazas del norte del río Limarí. En estas áreas, la menor disponibilidad de agua en los meses de mayor demanda (diciembre, enero y febrero) ha obligado a regar de manera deficitaria o en algunos casos, a suspender completamente la producción.

A ello se suma una transformación progresiva del uso del suelo. “Muchos terrenos que dejaron de regarse hoy se están dedicando al turismo o a la venta de parcelas de agrado”, indicó González, confirmando una tendencia que también observan los dirigentes agrícolas.
La reducción de superficie cultivada no solo afecta la producción agrícola, sino también el empleo estacional y el movimiento económico asociado. “La temporada es cada vez más corta y hay menos trabajo. Eso impacta económica y socialmente en las familias del sector”, advirtió Salinas.

PANORAMA REGIONAL CONFIRMA TENDENCIA A LA BAJA

A nivel regional, las cifras oficiales también dan cuenta de una disminución en la superficie productiva. De acuerdo con el catastro frutícola elaborado por el Centro de Información de Recursos Naturales (Ciren) y financiado por la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa), la Región de Coquimbo registró una baja del 17% en su superficie frutícola entre los años 2021 y 2024.

El seremi de Agricultura, Cristian Álvarez, explicó que la principal causa de esta reducción responde a la disponibilidad hídrica. “La disminución en la superficie efectivamente corresponde a la disponibilidad de agua, debido a la baja sostenida en las precipitaciones”, señaló.

No obstante, precisó que, en el caso de la fruticultura, parte de esta reducción ha sido compensada mediante un aumento en los rendimientos gracias a la tecnificación del riego. “Hoy la región cuenta con un 98% de la superficie frutícola con riego tecnificado, lo que permite mejorar la eficiencia y sostener niveles productivos”, indicó.

Asimismo, destacó que en los últimos cuatro años se han invertido cerca de 62 mil millones de pesos en infraestructura y modernización de riego, con nuevos recursos proyectados para enfrentar el escenario hídrico restrictivo.

INDAP: NO SE OBSERVA VARIACIÓN

En contraste con la reducción de superficie bajo riego, desde INDAP señalaron que, en el período 2020–2025, no se ha observado una variación significativa en el número de usuarios y usuarias activas. En términos cuantitativos, el alcance del apoyo puede variar de un año a otro en función del presupuesto asignado y de eventuales recursos extraordinarios, como los otorgados por emergencias agrícolas.

Asimismo, indicaron que los distintos instrumentos y programas contemplan requisitos específicos, por lo que no cumplir con algunos de ellos podría influir en el acceso a los beneficios y por ende, en los índices consultados.

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