En conversación con El Día, Enríquez-Ominami profundizó en su visión de un Estado más estratégico, su diagnóstico sobre la fatiga democrática y su defensa de un modelo económico que devuelva dignidad a las familias. Reconoce el agotamiento del sistema político, descarta estar “cerca de la derecha” y responde con ironía a quienes lo acusan de insistir en la carrera presidencial.
En plena ruta de campaña, Marco Enríquez-Ominami vuelve a recorrer Chile.
Esta vez, dice, no para hacer proselitismo, sino para escuchar. En su paso por la Región de Coquimbo, el abanderado independiente habló sobre el desencanto ciudadano, sus propuestas en salud y educación, y el desgaste del modelo económico que, asegura, “ya no da más”.
–¿Cuáles son los principales motivos que lo traen a la región?
“Soy candidato a presidente de Chile, a Jefe de Estado. Conozco este país como pocos: he recorrido 332 comunas y lo he hecho 15 veces. Ahora vuelvo, pero para escuchar, no para hacer campaña tradicional. Estuve con una iniciativa privada que trabaja con personas con discapacidad y con la congregación de las hermanas de personas desamparadas que atienden a 186 adultos mayores en La Serena. Vine a oír y a presentar mis propuestas. Aunque la campaña presidencial aún no comienza formalmente, siento que el ambiente electoral partirá la próxima semana. Antes de eso, quiero tener un último cara a cara con los chilenos, sin fanfarria ni intermediarios”.
–¿No será que hay desencanto con la política?
“Más que desencanto, creo que hay fatiga democrática. Hemos tenido demasiadas elecciones y una enorme decepción. Ahora viene el voto obligatorio, que obligará a miles que nunca han votado a hacerlo bajo amenaza de multa. Muchos lo ven con horror, no como un deber. Eso profundiza la desconexión. Además, la clase política está totalmente alejada de la realidad”.
–¿Qué propone su programa para mejorar la calidad de vida de los chilenos?
“Estoy convencido de que la mayoría de las y los chilenos están endeudados no para vivir, sino para sobrevivir. Propongo una economía que entregue herramientas para vivir dignamente, garantizando siete derechos básicos: educación, salud, vivienda, internet, pensiones, transporte y agua. Quiero un Estado estratégico, que impulse un mercado competitivo y un país más grande, con vecinos menos angustiados por la deuda. Hoy, el grueso del país vive sobreendeudado”.
–¿Cuáles son sus principales propuestas en salud y educación?
“El problema de fondo es que el Estado está desfinanciado. No es solo un tema de nepotismo o corrupción, sino de falta de recursos. En salud y educación hay ineficiencia estructural. Por eso propongo aumentar en un punto del PIB el presupuesto en educación, con foco en la educación inicial temprana y la creación de 300 mil nuevos cupos en salas cuna. En salud, propongo incorporar mil especialistas médicos y establecer un seguro universal, donde todos aportemos al mismo sistema. Así, cada persona podrá acceder también a seguros privados, pero con precios regulados y un financiamiento basal común”.
–Según su percepción, ¿cuál es hoy el principal problema del país: la política, la pobreza o los ricos?
“La política. Chile tuvo un gran momento hace tres décadas, pero llevamos 15 años de agotamiento del modelo económico, y nadie parece querer debatirlo. Se insiste en que el problema es el ‘amiguismo’, cuando el verdadero tema es estructural: el modelo ya no funciona. Crecimos en los 90 surfeando la ola exportadora, pero hoy el mundo es otro”.
–¿Por qué insiste en ser Presidente de Chile?
“Porque amo este país y la política. No estoy de acuerdo con las seis candidaturas que existen hoy. Si creyera que el actual gobierno lo está haciendo bien o que las candidaturas de derecha tienen soluciones, no competiría. Pero no es así. Represento una voz distinta en Chile”.
–¿No cree que con cinco candidaturas previas su hora ya pasó?
“Es una vieja discusión. También le dijeron a Lionel Messi que no jugara su quinto mundial… y lo ganó”.
–Pero Messi es un maestro en el fútbol, ¿usted lo es en política?
“La política no es un asunto personal, es de ideas. Y creo que mis ideas son maestras. Le doy tres ejemplos: todas las leyes de libertades civiles —aborto, matrimonio igualitario— las impulsé primero, cuando Frei, Bachelet y Piñera las consideraban populistas. La reforma tributaria, que también se me tildó de populismo, terminó haciéndola Piñera. Y en HidroAysén fui el principal opositor, cuando me decían que se apagaría la luz en Chile. No se apagó”.
–Usted es hijo del revolucionario Miguel Enríquez. ¿Qué pensaría de que insista en ser Presidente?
“Mi padre insistió en su proyecto y pagó con su vida. Lo mataron cuando tenía tres hijos pequeños. Algunos creen que competir es difícil; él dejó tres niños huérfanos por sus ideas. Entiendo que a mis adversarios les incomode que insista, pero vengo de una tradición de luchadores que no ven la política como negocio, sino como sacrificio”.
–Hay quienes dicen que hoy usted está más cerca de la derecha que de la izquierda. ¿Qué responde?
“Es pura manipulación. La derecha mató a mi padre, a un hermano, a un primo hermano, torturó y exilió a parte de mi familia. Nadie se ha enfrentado más a la élite chilena que yo. Nadie ha denunciado más a las AFP. Decir que estoy cerca de la derecha es una mentira que no resiste análisis”.
–¿Hay terrorismo en Chile?
“Hay actos terroristas, sí. Pero en 15 años de debate, solo dos fallos judiciales han determinado delitos con carácter terrorista, y ni siquiera usaron esa palabra. Hay delitos graves, pero hablar de terrorismo en abstracto ha sido más bien una herramienta política”.
–¿Y terrorismo económico?
“Sí, hay expoliación del pueblo chileno”.
“Chile vive endeudado no para vivir, sino para sobrevivir”
