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Jueves, Enero 15, 2026

Agricultores del Limarí enfrentan la temporada de la uva con incertidumbre

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Mercados saturados, costos en alza y la persistente preocupación por la mosca de la fruta marcan el comienzo de la cosecha en la provincia. Productores advierten una temporada ajustada, con menor rentabilidad y efectos directos en el empleo rural.

El inicio de la temporada de la uva en la provincia del Limarí se da en un escenario complejo para el sector agrícola. A días de que la cosecha tome mayor intensidad, agricultores y productores coinciden en que el panorama está marcado por expectativas a la baja, altos costos de producción, incertidumbre sanitaria y un mercado presionado por la baja en las exportaciones y la saturación del consumo interno. Un contexto que, según advierten, pone en duda la rentabilidad de la temporada, especialmente para los pequeños productores.
Uno de los principales factores que condiciona este inicio de temporada es el comportamiento del mercado.

La disminución de las exportaciones ha provocado que una parte importante de la fruta, incluso aquella pensada originalmente para el exterior, termine destinándose al mercado nacional, generando sobreoferta y presión a la baja en los precios. Así lo describe Ricardo Villalobos, agricultor y dirigente de los pequeños agricultores de Tulahuén, quien advierte que “los mercados están malísimos. Las exportaciones han estado muy malas y mucho productor está tirando la fruta al mercado nacional, lo que ha generado una saturación enorme”, explicó.

Frente a este escenario, varios agricultores han optado por redirigir su producción hacia la elaboración de pasas como una alternativa para enfrentar la temporada. “En nuestro caso ya sabíamos que nuestra uva no iba a ir al mercado fresco, sino principalmente a pasas y de hecho ya se dio inicio al corte de uva para ese destino”, señaló Villalobos, reflejando una decisión que, más que estratégica, responde a la falta de opciones comerciales.

Aumento en los costos de producción

A los problemas de comercialización se suma el aumento sostenido de los costos de producción. Los insumos agrícolas, energía, riego y transporte continúan encareciendo el proceso, sin que los precios de venta acompañen esa alza. Desde el sector de Chañaral Alto, el agricultor Floridor Solar advierte que “muy poco de lo que se está produciendo se está sacando para exportación. Con los altos costos de los insumos, las cuentas simplemente no dan y eso lo pueden hacer solo los grandes productores”. En ese mismo sentido, agregó que “los márgenes van a ser muy, muy bajos. Si el kilo se está pagando a 100 o 120 pesos, ¿qué hace uno con eso después de trabajar toda una temporada?”, expresó.

Mosca de la fruta en la provincia

La preocupación por la mosca de la fruta aparece como un eje transversal en todos los testimonios. Si bien algunos sectores han avanzado en la liberación de restricciones, el temor a nuevos focos se mantiene latente. Para Gonzalo Hernández, productor del Valle del Río Mostazal, el impacto sanitario va más allá del control de la plaga y se traduce directamente en mayores costos y tiempos de espera. “La mosca de la fruta ha ido avanzando y eso como productor nos obliga a adoptar muchos más procedimientos y prácticas para exportar, lo que finalmente se traduce en más costos”, explicó. A ello se suma el tratamiento frío, que “además de ser más caro, alarga los plazos para vender la fruta; si antes se demoraba 15 días, hoy hay que pensar en dejar la fruta una o dos semanas más en el frío y los precios siguen siendo prácticamente los mismos pese a la mayor inversión”, comentó.

La incertidumbre también afecta a quienes se encuentran en sectores bajo cuarentena. Eduardo Cortés, pequeño productor del sector El Palqui, señaló que “los sectores que están bajo cuarentena se ven muy afectados, porque los compradores muchas veces ni siquiera quieren entrar a la zona a comprar”, lo que dificulta aún más la comercialización. A esto se suma el impacto de los aranceles de exportación, que, según indica, “se llevan entre un 10% y un 15% del negocio desde el inicio de la temporada y eso aprieta aún más los márgenes de ganancia”, expresó.

Cosechas más cortas y menos empleo

El efecto de este escenario no solo se refleja en la rentabilidad, sino también en el empleo rural. Agricultores advierten que la cosecha se ha vuelto más corta y concentrada en el tiempo, reduciendo los días de trabajo disponibles para temporeros. Floridor Solar lo resume señalando que “antes la cosecha comenzaba en noviembre y terminaba a fines de marzo; hoy hay productores que en 20 días ya sacaron toda su producción y eso significa menos trabajo para la gente”, explicó. En algunas localidades, además, se observa una disminución sostenida del número de productores activos. “Hoy día quedamos como un cuarto de los productores que había antes; en sectores como Chañaral, Huatulame o El Palqui casi no quedan agricultores”, advierte Cortés.

De cara al avance de la temporada, los agricultores coinciden en la necesidad de una mirada más integral hacia el sector agrícola. Junto con el control sanitario, plantean la importancia de fortalecer el apoyo a la ruralidad, mejorar la gestión del agua y generar condiciones que permitan dar mayor estabilidad a una actividad clave para la economía del Limarí.

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