Con menos actividades en terreno y con una parte importante del gabinete —incluido el delegado presidencial regional, Galo Luna— haciendo uso de su feriado legal, el ejecutivo en la zona ha evidenciado un débil cierre de gestión. Pese a ello, la autoridad defiende los avances alcanzados.
A poco más de un mes de que finalice la actual administración, se han hecho más evidentes las señales que en el mundo político se conocen como el “síndrome del pato cojo”, fenómeno que afecta a los gobiernos en su etapa final y que se traduce en una menor capacidad de gestión y más cautela en la toma de decisiones, pese a que el mandato del Presidente es gobernar hasta el último día.
Sin ir más lejos, una parte importante del gabinete se encuentra haciendo uso del feriado legal – incluido el delegado presidencial Galo Luna – a lo que se suman renuncias que, dado el poco tiempo que queda de gestión, se ve difícil que se designen a sus reemplazantes.
Si bien es difícil romper la tendencia, en la práctica se han observado ciertas debilidades en el funcionamiento habitual del aparato público. Entre ellos, destacan instrucciones internas que impactan en las comunicaciones y en la relación con los medios, como la restricción para abordar ciertos temas o la disminución de actividades públicas por parte de distintas carteras.
En el caso del actual gobierno, aunque no se reconozca oficialmente, se percibe una menor intensidad de su accionar. Son varios los personeros que han optado por evitar pronunciamientos públicos, especialmente en materias que podrían generar controversia o complicaciones políticas.
A esto se suma un gabinete incompleto, marcado por la renuncia de Bernardo Salinas desde la Subsecretaria de Desarrollo Regional (SUBDERE), para postularse como candidato a diputado.
Posteriormente, se informó de la renuncia de Javier Sandoval desde la seremi de Obras Públicas, dejando un importante vacío en el gabinete regional, considerando que dicha cartera lleva adelante una serie de importantes obras como los nuevos hospitales o la desaladora.
Por último, se suma la polémica salida de Darío Vásquez desde la cartera de Salud, tras los episodios de Rosa Agustina, el decreto por marea roja y la clausura de Paseo El Faro, lo que en parte evidenciaba lo tenso de las relaciones al interior del gabinete regional.
BALANCE DEL GOBIERNO
Sin embargo, según el delegado presidencial (s) Eduardo Alcayaga, en el gobierno del Presidente Gabriel Boric “no hay espacio para el descanso y la planificación para las últimas semanas será la misma que desde el primer día de mandato: trabajar incansablemente por las urgencias y necesidades de la gente hasta el último día”.
Alcayaga explica que en estas semanas, se ha puesto el acento en la seguridad, “coordinando las distintas acciones para la temporada estival con el Plan Verano Seguro, y entregando buenas noticias a la población con la disminución permanente de los homicidios desde 2023 y potenciando a instituciones como Carabineros, que este jueves recibirán nuevamente vehículos policiales para varias comunas de la región. Dijimos que renovaríamos la flota completa y cumplimos”.
En esa línea, afirmó que “estamos entregando una mejor región de la que recibimos con el cumplimiento de la meta del Plan de Emergencia Habitacional y la entrega de más de 12 mil soluciones habitacionales, la implementación del Sistema de Cuidados con centros en la región, o la instalación del sistema de transporte público regulado en La Serena y Coquimbo, con los buses eléctricos, y una pronta implementación en Ovalle en marzo de este año de 7 recorridos y 42 buses eléctricos”.
EL SÍNDROME DEL “PATO COJO”
Desde el ámbito académico, el analista político Juan Carlos Conejeros, explicó que el concepto del “síndrome del pato cojo” -o “lame duck” en inglés – es un término que se aplica, por ejemplo, a un presidente que no logra la reelección o a un primer ministro que pierde legitimidad o el apoyo de la Cámara al no contar con mayoría parlamentaria.
Asimismo, “en Chile, en Latinoamérica y también en parte de Europa, el concepto se extiende a aquellos gobiernos que quedan con un margen reducido de influencia y maniobra política. Esto es algo natural dentro de los ciclos democráticos, salvo en aquellos casos donde existan políticas públicas ya aprobadas y pendientes de ejecución, o que se encuentren en pleno proceso de implementación. Para llevar adelante ese tipo de medidas no se requiere mayor margen político, ya que se trata de decisiones previamente adoptadas”, explicó.
En ese contexto, sostuvo que “tanto a nivel central como regional, la ejecución de estas políticas recae principalmente en los equipos y departamentos técnicos. En definitiva, todos los gobiernos atraviesan esta etapa. Lo más razonable para una administración saliente es concentrarse en las políticas que ya están en curso, aquellas pendientes de ejecución o en tránsito de implementación. Forzar grandes reformas o iniciativas que no se impulsaron durante los primeros años del mandato, especialmente en los últimos 365 días, no parece sensato ni responsable, ya que puede someter al país a un estrés político y social innecesario, considerando los disensos entre el ejecutivo y el Parlamento”, subrayó.
