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Viernes, Febrero 13, 2026

“Lo tapé y me dormí a su lado (…)”: la confesión de reo acusado de canibalismo

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La confesión del imputado, su historial disciplinario y los traslados que nunca se concretaron marcan el caso que sacude al penal de La Serena. El interno aseguró haber actuado en defensa propia y, al ser descubierto, le dijo al gendarme: “lo maté, jefe”. Ambos reos debían haber sido derivados a otras unidades, lo que no ocurrió. En este reportaje de Diario El Día, detallamos la cronología del crimen que hoy remece al sistema penitenciario chileno.

Un interno asesinado, otro que confesó el crimen, antecedentes disciplinarios acumulados y una escena de horror en la celda 20 del módulo 91. El homicidio ocurrido el pasado 8 de febrero al interior del Complejo Penitenciario de La Serena no solo abrió una investigación penal por un crimen de extrema violencia —incluido actos de canibalismo—, sino que también tuvo consecuencias administrativas: el llamado a retiro del jefe del recinto.

La decisión fue confirmada por el director nacional de Gendarmería, Rubén Pérez, quien atribuyó la medida a una “falta de control en labores básicas y sensibles del régimen interno del establecimiento”.

LA MAÑANA DEL HALLAZGO

Según antecedentes a los que accedió Diario El Día, todo quedó al descubierto cerca de las 09:00 horas del 8 de febrero, tras un aviso radial que alertaba sobre una situación grave en la celda 20.

Al habilitarla, un funcionario encontró a Felipe Sebastián Sepúlveda Ramos (26), condenado por robo con violencia, tendido en el suelo, cubierto hasta el cuello y con evidentes lesiones en rostro y cuello. No presentaba signos vitales.

A pocos metros estaba Manuel Ignacio Fuentes Martínez (21), también condenado por delitos violentos. Fue despertado por el personal. De acuerdo con el parte interno, tras ser retirado del lugar confesó haber agredido a su compañero durante la noche.
En su declaración, a la que tuvo acceso este medio, relató: “En horas de la noche este interno se abalanza sobre mí con un arma blanca.

Yo igual tenía una y lo agredí primero antes de que él me agrediera, esquivando la puñalada. La puñalada se la pegué en el cuello y empezó a convulsionar. Ahí le empecé a tomar los signos en el cuello y el corazón y noté que estaba muerto (…). Solo voy a decir que fue en mi defensa”.

Minutos más tarde, a las 09:35 horas, personal de salud constató el fallecimiento. La hipótesis inicial apuntó a un paro cardiorrespiratorio asociado a las lesiones.

UNA ESCENA SIN REGISTRO
Fiscalía dispuso la concurrencia de la Brigada de Homicidios de la PDI, el Equipo contra el Crimen Organizado y Homicidios (ECOH) y el Servicio Médico Legal. Los peritajes se extendieron durante horas; el cuerpo fue retirado cerca de las 16:40.

El crimen ocurrió al interior de una celda sin registro audiovisual, lo que complejiza la reconstrucción exacta de la dinámica.
Con el paso de las horas, trascendió que el hecho presentó características de canibalismo. En su declaración, el imputado sostuvo: “Comencé a desesperarme por lo que había hecho y comencé a comer parte de su cuerpo. Le quité un ojo y me lo comí, al igual que un pedazo de su mano y el cuello, donde le pegué la puñalada. Luego de eso me comí una oreja. Al pasar el rato lo tapé y me dormí a su lado. En la mañana, el funcionario, al habilitar la celda, se dio cuenta de lo que había hecho”.

Un gendarme que participó en el desencierro declaró que, al abrir la celda, Fuentes Martínez le dijo: “Jefe, lo maté”.

ANTECEDENTES Y TRASLADOS PENDIENTES

El agresor acumulaba seis faltas graves previas: porte y fabricación de armas blancas, agresiones a internos, riñas con uso de armas e introducción de elementos prohibidos. En noviembre de 2025 fue sancionado con 30 días sin visitas y registraba “pésima conducta” en la última evaluación bimestral.

Pese a ese historial, compartía celda con la víctima en el módulo terapéutico.

Además, ambos internos debían ser trasladados. El 4 de febrero se había dispuesto el traslado de Fuentes Martínez a Rancagua, tras alegar riesgo para su integridad. También se ordenó la derivación de Sepúlveda a Antofagasta. Ninguna medida se concretó.

ANTECEDENTES Y TRASLADOS PENDIENTES

El agresor acumulaba seis faltas graves previas: porte y fabricación de armas blancas, agresiones a internos, riñas con uso de armas e introducción de elementos prohibidos. En noviembre de 2025 fue sancionado con 30 días sin visitas y registraba “pésima conducta” en la última evaluación bimestral.

Pese a ese historial, compartía celda con la víctima en el módulo terapéutico.
Además, ambos internos debían ser trasladados. El 4 de febrero se había dispuesto el traslado de Fuentes Martínez a Rancagua, tras alegar riesgo para su integridad. También se ordenó la derivación de Sepúlveda a Antofagasta. Ninguna medida se concretó.

CONSECUENCIAS ADMINISTRATIVAS

El caso no solo abrió una causa por homicidio. Gendarmería instruyó un sumario administrativo y el director nacional confirmó el llamado a retiro del jefe del penal.

Según Rubén Pérez, lo ocurrido “constituye un hecho irregular e inaceptable” y evidencia fallas en el control del régimen interno que “facilitan el acaecimiento de situaciones indeseadas y que repercuten, entre otras cuestiones, en agresiones gravísimas”.
La celda 20 quedó sellada para peritajes. El sistema penitenciario regional, en cambio, quedó expuesto bajo la lupa.

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