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Lunes, Abril 6, 2026

Profesores respaldan detectores de metales, pero advierten: “No solucionan la violencia”

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Docentes valoran la iniciativa tras hechos de violencia, pero advierten que el problema es más profundo y requiere intervención en salud mental, familia y convivencia escolar.

La reciente propuesta de instalar pórticos detectores de metales y realizar revisiones de mochilas en establecimientos educacionales ha abierto un intenso debate en el país. La medida surge en medio de una creciente preocupación por la violencia escolar, agudizada tras el grave caso ocurrido en Calama, donde una inspectora falleció tras ser apuñalada por un estudiante, generando conmoción a nivel nacional.

En la Región de Coquimbo, si bien no se han registrado hechos de igual gravedad, sí se han reportado episodios de agresiones entre estudiantes, amenazas a docentes y situaciones complejas de convivencia dentro de las comunidades educativas, lo que ha encendido las alertas en autoridades y equipos escolares.

Seguridad inmediata, pero insuficiente

En este contexto, profesores de distintos establecimientos coinciden en que la medida puede aportar mayor seguridad inmediata, pero advierten que se trata de una solución más bien reactiva, que no aborda las causas estructurales del problema.

Marisol, profesora de Ciencias, considera que la iniciativa es positiva ante el escenario actual. “Encuentro que es una muy buena medida, una medida ejemplar para evitar muchos riesgos en el colegio (…) estamos sobrepasados con la violencia”, señala.

Sin embargo, también enfatiza que la raíz del problema es más profunda. “Tiene que ver con el estado emocional de las personas (…) la salud mental en Chile es cara y escasa”, advierte.

Una visión similar comparte Constanza, profesora de Castellano y Filosofía, quien califica la medida como un “calmante momentáneo”. A su juicio, el foco debe estar en la formación valórica desde el hogar. “El detector de metales puede evitar que entren armas, pero la violencia va a seguir ahí (…) eso se enseña desde la casa”, afirma.

La docente también alerta sobre la falta de empatía entre estudiantes, evidenciada tras el caso de Calama. “Muchos decían ‘yo ni la conocía, por qué hacemos esto’, ante los actos conmemorativos o de reflexión. Esa falta de empatía también es violencia”, reflexiona.
El rol de la familia y la formación

Por su parte, Felipe, otro docente, reconoce que se trata de una medida extrema, pero que podría ser necesaria en ciertos contextos. “Si esto me va a dar seguridad como docente, yo estaría a favor (…) pero es lamentable que hayamos llegado a esto”, sostiene.

Más crítica es Karla, quien compara la iniciativa con una solución superficial. “Es como una aspirina, no soluciona el problema de fondo”, afirma. Para ella, la responsabilidad principal recae en las familias.

Renata, profesora de Castellano, advierte que, si bien la medida puede ser necesaria, responde a una lógica reactiva. “Estamos siendo reactivos, no estamos haciendo un trabajo profundo”, señala.

No obstante, advierte sobre los riesgos de generar prejuicios o discriminación. “Ojalá se revise a todos y todas, porque si no se pueden generar sesgos y encasillamientos”, indica.

Los docentes coinciden en que el impacto de la violencia no solo es físico, sino también emocional, afectando directamente los procesos de aprendizaje.

Así, mientras el debate continúa a nivel nacional, el diagnóstico en las salas de clases es claro: reforzar la seguridad es urgente, pero insuficiente. El desafío de fondo sigue siendo abordar las causas estructurales de la violencia escolar.

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