Mientras el gobernador regional apuesta por una gestión descentralizada y enfocada en proyectos emblemáticos para la Región de Coquimbo, el delegado presidencial releva el despliegue territorial y la articulación política. El analista Juan Carlos Conejeros sostiene que, más allá de los estilos, la ciudadanía debe evaluar la capacidad de ejecución de las autoridades.
La política regional no solo se mide por proyectos ejecutados o anuncios realizados. También se analiza desde las formas, los liderazgos y la manera en que las autoridades se relacionan con el territorio y las personas. En la Región de Coquimbo, dos figuras concentran gran parte de la conducción política y administrativa: el gobernador regional, Cristóbal Juliá, y el delegado presidencial regional, Víctor Pino.
Ambos representan roles distintos dentro de la estructura del Estado. Mientras el gobernador regional es una autoridad elegida democráticamente y enfocada en la descentralización y la inversión regional, el delegado presidencial representa al Ejecutivo y tiene entre sus principales funciones la coordinación política y la seguridad pública. Sin embargo, pese a sus diferencias institucionales, ambos coinciden en la necesidad de mantener presencia activa en terreno y una conexión permanente con las comunidades.
Para el gobernador Cristóbal Juliá, el foco está puesto en una gestión cercana y descentralizada. Según explica, el trabajo del Gobierno Regional se ha orientado a escuchar a los distintos actores sociales y territoriales para definir prioridades de inversión y desarrollo.
“Desde el Gobierno Regional hemos impulsado una gestión muy conectada con la realidad de las personas. Nuestro estilo de trabajo tiene mucho de terreno, de escuchar, dialogar y entender que las prioridades de la región se construyen conversando con las comunidades”, señala.
El gobernador destaca además la relevancia del proceso de descentralización y la posibilidad de definir proyectos desde la propia región junto al Consejo Regional. A su juicio, ello permite enfocar los recursos en áreas consideradas urgentes por la ciudadanía, como seguridad, conectividad, recuperación de espacios públicos, salud, agua, desarrollo económico y calidad de vida.
Juliá también pone énfasis en el empleo y la atracción de inversiones como elementos claves para el crecimiento regional, junto con impulsar iniciativas emblemáticas que fortalezcan la identidad local, como el futuro Teatro Regional.
“Más que una gestión de escritorio, hemos querido tener una gestión presente, que recorra la región, vea los problemas en terreno y también sea capaz de impulsar soluciones concretas y responsables”, sostiene la autoridad.
LABOR EN TERRENO
Por su parte, el delegado presidencial Víctor Pino define su estilo como una forma “diferente” de ejercer la gestión pública, destacando su capacidad de articulación política y el despliegue territorial como herramientas fundamentales para acercar el Estado a la ciudadanía.
“Busco un equilibrio entre las capacidades técnicas y una profunda empatía ciudadana, que nace de mi experiencia de vida, transformando la gestión en terreno en soluciones concretas. Trato de mantener un estilo cercano y ejecutivo”, afirma.
Pino asegura que su administración tiene como prioridades los temas hídricos, la seguridad y el desarrollo productivo, enfatizando que el Estado debe estar presente tanto en las grandes ciudades como en las localidades rurales más apartadas.
“Sin distinguir si las necesidades están en las grandes ciudades de la región o en alejadas localidades rurales, el Estado debe estar en todas partes”, agrega.
CAPACIDAD DE EJECUCIÓN ES EL FOCO
Para el analista político Juan Carlos Conejeros, el debate sobre los estilos de liderazgo muchas veces termina sobrevalorando elementos secundarios y dejando en segundo plano lo verdaderamente importante: la capacidad de ejecución de las autoridades.
“La ciudadanía no debería fijarse en nada superficial. Debería concentrarse en la capacidad de ejecución, en cómo estos administradores gestionan los bienes y servicios que impactan en la calidad de vida de las personas”, plantea.
Conejeros sostiene que las figuras del gobernador y del delegado presidencial cumplen funciones distintas, pero complementarias. A su juicio, existen autoridades más enfocadas en el trabajo territorial y otras más administrativas, dependiendo de sus equipos, personalidad y contexto político.
“El rol y el estilo de cada personaje tienen relación con la disciplina partidaria, el carácter, la formación y la manera en que entienden el ejercicio del poder”, comenta.
Sin embargo, insiste en que el estilo no puede imponerse sobre los resultados. Para Conejeros, la ciudadanía hoy exige soluciones concretas y no solamente cercanía comunicacional o despliegues simbólicos.
“Lo importante es sacar el agua del pozo. Cómo la sacas puede variar, pero lo importante es resolver el problema”, ejemplifica.
El analista además pone el foco en la descentralización y en la necesidad de fortalecer una identidad regional capaz de proyectar desarrollo desde los territorios y no únicamente desde el nivel central.
Así, entre estilos distintos, despliegues territoriales y énfasis diversos, tanto Cristóbal Juliá como Víctor Pino intentan instalar una forma de liderazgo político marcada por la cercanía y la presencia regional. Un escenario donde la ciudadanía finalmente terminará evaluando no solo las formas, sino principalmente la capacidad de concretar soluciones y responder a las demandas de la Región de Coquimbo.
