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Martes, Marzo 24, 2026

Comerciantes ovallinos advierten fuerte impacto en ventas por la inseguridad

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Con décadas de trayectoria en sectores como Benavente, la plaza de armas y la alameda, los locatarios aseguran que el comercio local ya no se vive como antes. Robos, incivilidades y menor flujo de clientes han marcado un cambio en la rutina, obligándolos a adaptarse a un escenario que describen como cada vez más complejo.

La dinámica del comercio en el centro de Ovalle ha comenzado a cambiar. Lo que antes era una jornada extendida y con alto flujo de público, hoy según relatan locatarios está marcada por el resguardo, la cautela y decisiones que buscan reducir riesgos. Rejas, cámaras y cierres anticipados se han transformado en parte del funcionamiento habitual de los locales, en un contexto donde la percepción de inseguridad se ha instalado con fuerza.

A partir de testimonios recogidos en distintos puntos del casco central, como calle Benavente, la alameda y el entorno de la plaza de armas, emerge un diagnóstico compartido: la presencia de robos, incivilidades y una menor sensación de resguardo han impactado tanto en la operación diaria de los negocios como en la llegada de clientes.

MENOS PÚBLICO Y CIERRES ANTICIPADOS

En calle Benavente, uno de los sectores tradicionales del comercio local, Heriberto Pizarro, de la Comercializadora Erito, asegura que el cambio se ha hecho evidente con los años. Con una vida ligada al rubro, afirma que la dinámica del sector ya no es la misma.

“La seguridad no es tan buena acá, hay muchos robos y no da abasto Carabineros. Mucha gente ya no viene a este sector y eso se nota en las ventas”, señaló.

A su juicio, uno de los efectos más visibles ha sido la modificación en los horarios. “Antes uno podía estar hasta más tarde, pero ahora a las 7 u 8 ya no es lo mismo”, comenta, dando cuenta de cómo la inseguridad ha influido en la decisión de cerrar anticipadamente.

VIGILANCIA PROPIA Y FALTA DE PREVENCIÓN

A pocos pasos de la plaza de armas y del Mercado Municipal, Fernando López, locatario del minimarket La Rojita, describe una realidad similar, aunque con énfasis en la necesidad de mayor presencia preventiva.

“Se ha hecho habitual que tengamos que llamar para que venga seguridad, no hay rondas preventivas”, afirma.

Con años de trabajo en el sector, explica que han debido asumir medidas propias para resguardar el funcionamiento del local. “Yo tengo que salir a hacer de guardia para proteger a los clientes. Cuando vemos que hay menos flujo, preferimos cerrar porque no vale la pena arriesgarse”, agregó.

Según indica, incluso herramientas como las cámaras han dejado de ser un elemento disuasivo. “Ni las cámaras les importan, los sujetos hacen igual los delitos siendo grabados”, sostuvo.

IMPACTO EN EL ENTORNO Y EN LOS CLIENTES

En el sector de la Alameda, Herman Rojas, propietario de la Comercializadora Alameda, con más de dos décadas en el rubro, pone el foco en el deterioro del entorno y sus efectos en quienes transitan por el lugar.

“Hoy día no es seguro, hay mucha delincuencia. Incluso a los mismos clientes les han robado”, señaló.

Junto con los robos, menciona la presencia de incivilidades como un factor que incide en el ambiente del sector. “Hay desorden, consumo de alcohol y a veces peleas, lo que también afecta a quienes vienen a comprar”, indicó.
Para él, el cambio ha sido progresivo, pero evidente. “Antes no era así”, resume.

ADAPTARSE PARA SEGUIR FUNCIONANDO

Más allá de las diferencias entre sectores, los comerciantes coinciden en que han debido cambiar su forma de trabajar. Lo que antes era una actividad marcada por la confianza y la cercanía, hoy incorpora medidas de resguardo constantes.

Cámaras de vigilancia, monitoreo permanente, cierre anticipado de locales y una mayor atención al entorno forman parte de la nueva rutina. En algunos casos, incluso, los propios locatarios asumen tareas de vigilancia para resguardar sus negocios y a quienes llegan a comprar. Una de las principales medidas ha sido asumir un rol más activo en la vigilancia, como señalaba Fernando López, de La Rojita.
A ello se suma el monitoreo constante de los locales, incluso fuera del horario de atención. “Uno tiene que estar pendiente todo el tiempo, revisando cámaras”, señaló Herman Rojas.

Desde El Ovallino se consultó al municipio de Ovalle respecto a la situación de seguridad en el centro y las medidas que se están implementando en el sector. Sin embargo, hasta el cierre de esta edición no se obtuvo respuesta.

De esta manera, los comerciantes del centro de Ovalle continúan ajustando su día a día a un escenario que, aseguran, ha cambiado con el tiempo. Entre cierres anticipados, vigilancia constante y menor flujo de público, coinciden en que la inseguridad no sólo ha impactado sus ventas, sino también la forma de trabajar y de habitar un espacio que por años fue sinónimo de movimiento y tranquilidad.

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