El 18 de febrero se registraron 40,9°C en Punitaqui, la temperatura más alta del periodo estival en esa zona. Especialistas advierten que el calor extremo, sumado a la sequía, aumenta el estrés hídrico en los cultivos y obliga a los productores a adoptar medidas de manejo para evitar pérdidas productivas.
Las altas temperaturas registradas durante el verano en la Región de Coquimbo han generado un escenario complejo para la agricultura, especialmente para los pequeños productores. Las olas de calor, sumadas al contexto de sequía prolongada, han incrementado la demanda hídrica de los cultivos y provocado distintos efectos en frutales, hortalizas y sistemas productivos, lo que ha impulsado a especialistas y servicios del agro a reforzar recomendaciones y apoyos para enfrentar este fenómeno.
Durante febrero se presentaron condiciones climáticas asociadas al desarrollo de una vaguada costera y al paso de una dorsal en altura, lo que generó episodios de calor extremo en diversas zonas de la región.
En la provincia de Limarí se registraron las temperaturas más altas, destacando la comuna de Punitaqui, donde el 18 de febrero se alcanzaron 40,9°C, la cifra más elevada registrada en esa zona durante el periodo estival del que se tiene registro. Otras localidades también experimentaron máximas superiores a los 35°C, consolidando lo que fue la tercera ola de calor registrada en algunas zonas de la región durante 2026.
Según explicó el investigador del INIA Intihuasi, Giovanni Lobos, las altas temperaturas pueden provocar diversos trastornos en los cultivos, dependiendo principalmente de la condición previa de las plantas.
“Si el cultivo ha estado sometido a estrés hídrico previo, el daño que se puede generar es mayor, desde deshidratación de las estructuras vegetativas hasta la muerte de plantas, especialmente en hortalizas”, explicó.
El especialista detalló que las plantas detienen su crecimiento cuando las temperaturas superan los 32,8°C, situación que se agrava cuando este factor se combina con altos niveles de radiación solar. Durante las horas de mayor radiación —entre las 11:00 y las 16:00 horas— los cultivos pueden entrar en un estado de receso, lo que aumenta el estrés térmico y puede provocar deshidratación de brotes, flores y frutos, e incluso la caída de estos.
Entre las principales consecuencias que enfrentan los pequeños agricultores se encuentran el estrés térmico en frutales y hortalizas, golpes de sol en los frutos, caída de flores y menor cuaja en periodos de temperaturas extremas. A ello se suma la aceleración de la madurez de algunos cultivos, cambios en la presión de plagas y enfermedades, así como el aumento de costos productivos debido a la necesidad de implementar más riegos, coberturas o sistemas de protección.
El impacto también se extiende al ámbito pecuario. Las altas temperaturas afectan el bienestar animal, aumentando el consumo de agua, reduciendo la disponibilidad de praderas y obligando a los productores a invertir en infraestructura de sombra y sistemas de abastecimiento de agua segura.
Frente a este escenario, especialistas recomiendan mantener una adecuada hidratación de los cultivos, procurando que el suelo disponga de agua durante las primeras horas del día para mitigar los efectos del calor. En frutales, además, se sugiere la aplicación de bloqueadores solares agrícolas, los que ayudan a proteger las plantas de la radiación y de los cambios bruscos de temperatura.
Otra alternativa que ha tomado fuerza en la región es la agricultura bajo invernadero y los sistemas hidropónicos, tecnologías que permiten un mayor control de las condiciones ambientales.
La investigadora de INIA Intihuasi, Constanza Jana, explicó que la institución ha trabajado con pequeños agricultores en la implementación de cultivos sin suelo en distintas comunas de las provincias de Limarí y Choapa.
“Estuvimos trabajando cultivos sin suelo con programas de Agricultura Familiar Campesina en cuatro comunas —Monte Patria, Punitaqui, Combarbalá y Canela—, lo que permitió que cerca de 50 agricultores instalaran sistemas hidropónicos en invernaderos. Enseñamos a trabajar con el sistema de raíz flotante, principalmente con lechuga como cultivo modelo, aunque también con otras hortalizas de hoja”, señaló.
La especialista indicó que, frente a episodios de calor extremo en cultivos bajo invernadero, es fundamental mantener un monitoreo constante de la temperatura interior, idealmente con termómetros instalados. Cuando las temperaturas superan los 25°C, se recomienda abrir las ventilaciones durante el día, manteniendo siempre mallas antiáfidos para evitar el ingreso de plagas.
También se aconseja instalar mallas de sombreo sobre el invernadero —con cierta distancia respecto al polietileno— para reducir el impacto del calor, así como incorporar recipientes con agua en el interior para aumentar la humedad ambiental cuando esta disminuye demasiado.
Durante periodos de bajas temperaturas, en tanto, se recomienda cerrar las ventilaciones y utilizar mallas térmicas, que pueden elevar entre dos y tres grados la temperatura al interior del invernadero, ayudando a proteger cultivos más sensibles.
Jana agregó que también se han impulsado espacios de innovación tecnológica para promover estas alternativas productivas. En la Parcela Experimental de Pan de Azúcar se habilitó un Centro de Agricultura sin Suelo, donde se evalúan distintos sistemas hidropónicos, aeropónicos y de cultivo vertical, así como nuevas soluciones nutritivas orientadas a desarrollar sistemas productivos más sustentables.
“Este centro está abierto para que los agricultores lo visiten. La idea es que funcione como una vitrina tecnológica donde puedan conocer distintas alternativas de producción y evaluar su implementación en sus propios predios”, indicó.
Desde el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), en tanto, señalaron que entre los apoyos disponibles para los agricultores, considerando el actual contexto climático, se encuentran el Seguro Agropecuario, programas de tecnificación y automatización del riego, inversiones a través del Programa de Desarrollo de Inversiones (PDI) y asesoría técnica mediante los programas PRODESAL y PADIS.
Estas herramientas buscan apoyar a los productores en la adaptación a escenarios climáticos cada vez más extremos, mediante ajustes en calendarios productivos, incorporación de variedades más tolerantes al calor, mejoras en la gestión predial y medidas para fortalecer el bienestar animal.
