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Lunes, Marzo 16, 2026

Fenómeno de El Niño o fase Neutra, lo que se espera para la temporada de invierno 2026

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En la provincia de Limarí el agua embalsada apenas llega al 9%, mientras que los caudales son del 37% de los valores históricos de la temporada. Una situación crítica que depende de las precipitaciones para recuperarse. Varios factores influirían para la llegada de la ansiada lluvia.

La provincia de Limarí enfrenta uno de los escenarios hídricos más complejos de la Región de Coquimbo. Actualmente, el agua embalsada en su cuenca alcanza apenas el 9% de la capacidad total, mientras que el caudal de la cuenca de Limarí se sitúa en solo un 37% de sus valores históricos, reflejando la persistente sequía que afecta al territorio.

A nivel regional, el panorama tampoco es alentador. De acuerdo con el Boletín Climático del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), la Región de Coquimbo mantiene apenas un 14% de su capacidad de embalsamiento disponible. En tanto, los caudales de los principales ríos continúan muy por debajo de lo normal: el río Elqui alcanza un 29% de su promedio histórico y el Choapa un 34%.

En el caso del Limarí, la situación es especialmente preocupante debido al bajo nivel de sus embalses, donde destaca el caso de La Paloma, que actualmente acumula solo un 7% de su capacidad total.

Ante este escenario, las precipitaciones del próximo invierno aparecen como una esperanza para aliviar la crisis hídrica, aunque las proyecciones climáticas aún no entregan certezas.

El meteorólogo del CEAZA, Tomás Caballero, explicó que las condiciones actuales del océano Pacífico muestran una transición hacia una fase neutra del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), aunque hacia el invierno podría desarrollarse un evento de El Niño.
“En la región el tema hídrico está bastante delicado. Tenemos un 14% de la capacidad total de agua embalsada y en Limarí estamos un poco más complejos, con un 9%. Para lo que se viene este año, se espera que durante el invierno o hacia el final del invierno podamos comenzar a tener condiciones de El Niño en el Pacífico, aunque también podría mantenerse una fase neutra”, señaló.

Sin embargo, el especialista subrayó que la presencia de este fenómeno no garantiza precipitaciones abundantes en la región.
“No es solo el fenómeno de El Niño el que influye en las precipitaciones aquí. Es parte de un sistema mucho más amplio del Pacífico. Lo que finalmente determina si tendremos lluvias es el comportamiento del anticiclón del Pacífico subtropical. Si este sistema de alta presión se intensifica frente a la costa, los sistemas frontales no pueden avanzar hacia el norte”, explicó.
En ese sentido, Caballero indicó que para que las lluvias lleguen a la zona deben coincidir varios factores climáticos.

“Necesitamos que fenómenos como El Niño, la oscilación Madden-Julian y otras condiciones del Pacífico coincidan de manera que el anticiclón se debilite y permita el paso de tormentas hacia la región”, precisó.

El meteorólogo agregó que, por ahora, los modelos climáticos aún muestran resultados dispares.

“Algunas proyecciones indican que podríamos tener un superávit de precipitaciones, mientras que otras apuntan a un déficit. Todavía no existe consenso sobre lo que puede ocurrir durante el invierno”, sostuvo.

Por su parte el director del Laboratorio PROMMRA de la Universidad de La Serena, Pablo Álvarez, coincide en que existe una probabilidad mayor al 50% de que se configure un evento de El Niño durante el invierno, aunque su intensidad sería limitada.

“La condición de El Niño efectivamente presenta una probabilidad mayor al 50%, pero con un máximo del 61% de probabilidad a partir del trimestre mayo-junio-julio, esta no es una probabilidad muy alta, además se debe considerar que en general son niños débiles y proyectar más allá de aquello es demasiado aventurado”, explicó.

El investigador agregó que para que se registren lluvias importantes en la zona centro-norte del país deben coincidir diversas condiciones atmosféricas.

“Para que se den precipitaciones, se debería debilitar el anticiclón del Pacífico frente a las costas de la región, para permitir el paso de frentes que vienen del sur de Chile durante el invierno; deberían llegar frentes desde el centro, sur y el oeste del país, porque si no difícilmente se producirán lluvias. Además, para que estas precipitaciones sean intensas, este eventual Niño tardío debería verse reforzado por otros fenómenos, como ríos atmosféricos, frentes fríos en altura o incluso la influencia de la oscilación Madden-Julian”, detalló.

Incluso en el escenario de un invierno lluvioso, los efectos positivos en los ecosistemas de la región podrían tardar en manifestarse, sostuvo el ecólogo Cristian Delpiano, investigador del Laboratorio de Ecología del Desierto de la Universidad de La Serena.

“En los ecosistemas áridos, las precipitaciones son naturalmente muy variables e impredecibles. A medida que aumenta la aridez esta incertidumbre es aún mayor. En estos ambientes, el agua es el principal factor que regula el funcionamiento de los ecosistemas y por eso las especies han desarrollado diversas adaptaciones para sobrevivir a la sequía”, señaló.

El especialista añadió que la degradación acumulada del territorio limita la capacidad de recuperación natural.
“Incluso si ocurre un año con lluvias abundantes, es poco probable que se produzca una recuperación ecológica significativa en el corto plazo. La degradación acumulada durante décadas de impacto humano limita la capacidad de los ecosistemas para responder rápidamente a eventos favorables”, advirtió.

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