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Sábado, Febrero 7, 2026

Librerías que resisten el tiempo: historias de oficio y memoria viva en Ovalle

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En medio de la digitalización y los cambios en los hábitos de consumo, algunas de las librerías más antiguas de Ovalle continúan abiertas, sosteniendo una tradición que cruza generaciones. Son negocios familiares, nacidos desde el oficio, la necesidad y el vínculo comunitario, que hoy se mantienen como espacios de encuentro y memoria local.

Los libros no solo guardan historias entre sus páginas; también las construyen. En Ovalle, varias librerías con décadas de trayectoria han logrado resistir el paso del tiempo, adaptándose sin perder su identidad. Más que puntos de venta, estos locales se han transformado en espacios de confianza, cercanía y continuidad, donde conviven generaciones de lectores, estudiantes y vecinos que reconocen en ellas un pedazo de la historia de la ciudad.

En una época marcada por las compras en línea y la inmediatez digital, estas librerías siguen apostando por el trato directo, el conocimiento del cliente y una relación construida a lo largo de los años. Tres de ellas, con distintos orígenes y recorridos reflejan cómo el comercio del libro y los artículos de escritorio también puede ser patrimonio vivo.

UNA LIBRERÍA NACIDA DESDE LA REINVENCIÓN FAMILIAR

Fundada el 20 de junio de 1975, Librería Colón es una de las más antiguas que aún funcionan en la comuna. Su origen está ligado a un momento complejo del país y de la historia familiar.

“La librería la fundaron mi papá Victor Allende y mi mamá Arminda Aguilera el 1 de junio de 1975. Mi papá quedó sin trabajo en los ferrocarriles tras el golpe de Estado y a partir de eso, se le ocurrió la idea de crear la librería para reinventarse y poder sostener a la familia”, relató Marisol Allende, hija de los fundadores.

Con el paso de los años, el local se consolidó como una librería de barrio, reconocida por su cercanía y su rol social. “Han pasado muchas generaciones por la librería. Hoy vienen abuelas con sus nietos y cuentan que cuando eran niñas venían a comprar aquí todos los años”, comentó Allende.

El nombre del local también guarda memoria. “Se llamó Librería Colón porque en esos años los cuadernos que más se vendían eran los cuadernos Colón, y ese nombre se mantuvo hasta hoy”, explicó.

A pesar de los cambios tecnológicos, la familia ha optado por conservar su esencia. “Siempre hemos querido mantener la tradición de una librería de barrio. No usamos tarjeta porque el trato es directo, conocemos a nuestros clientes y confiamos en ellos”, señala, agregando que la prioridad sigue siendo la calidad: “Preferimos vender un lápiz bueno antes que vender cualquier cosa”.

DEL DIBUJO TÉCNICO A UN RECONOCIDO NEGOCIO

Otra historia distinta, pero igualmente ligada al oficio y la constancia, es la de Librería J y M, fundada por Jorge Muño y Tegualda Ardiles en 1982. Antes de convertirse en librería, el negocio nació a partir del trabajo técnico del padre de familia.

“La librería se instaló formalmente en Ovalle en el año 82, pero esto partió mucho antes, cuando mi papá trabajaba como dibujante técnico y hacía copias”, cuenta Jasna Muñoz, hija de los fundadores. Con el tiempo, ese servicio fue creciendo hasta transformarse en un local reconocido por estudiantes, familias y servicios públicos.

El nombre del negocio también refleja su origen familiar. “La librería se llama J y M por mi papá. Mi mamá le puso ese nombre en honor a él”, explicó Muñoz, destacando que incluso el nombre se repite en varias generaciones de la familia.

Más allá de los productos, lo que marca la trayectoria del local es el vínculo humano. “Hay clientes que vienen desde el colegio y con los años vuelven en distintas etapas de su vida. Incluso me han venido a presentar a sus pololas y después cuentan que se van a casar”, relata. “Después de tantos años, lo que sentimos es agradecimiento por la fidelidad de la gente”.

UNA TRAYECTORIA QUE TAMBIÉN SIGUE PRESENTE

A este recorrido se suma Librería Rojas, creada en 1987, que también figura entre las librerías con mayor trayectoria en la comuna y que continúa funcionando hasta hoy. Si bien no fue posible contactar a sus propietarios para esta nota, su permanencia en el tiempo confirma la existencia de un circuito histórico de librerías que ha acompañado el crecimiento urbano y educativo de Ovalle durante décadas.

MÁS QUE COMERCIO, MEMORIA LOCAL

Las historias de estas librerías evidencian que su valor no se mide solo en años de funcionamiento, sino en el lazo cotidiano con la comunidad. Son negocios familiares que han sobrevivido a crisis económicas, transformaciones tecnológicas y cambios culturales, manteniendo un sello propio basado en la cercanía y la confianza.

En Ovalle, estas librerías siguen abiertas no solo para vender cuadernos, libros o útiles escolares, sino para recordar cómo se construye ciudad desde lo cotidiano, con pequeños gestos, trato humano y una vocación que se hereda de generación en generación.

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