Con técnicas como el riego tecnificado y la hidroponía, pequeños agricultores de la provincia de Limarí siguen con la actividad, una verdadera muestra de resiliencia ante un adverso panorama que se ha instalado hace más de una década en la Región de Coquimbo.
Como “pésima” y “crítica” calificaron las y los pequeños agricultores la temporada de verano 2026. Y es que este año no solo la falta de agua ha dificultado la actividad, sino también las altas temperaturas, que hacen que el poco recurso disponible rinda aún menos.
Emma López, agricultora del sector Agua del Ajial, en Punitaqui, describió un panorama crítico. “Está pésimo, pésimo, pésimo. Si no tuviera la hidroponía no ganaría nada. Para los olivos este año me dieron dos horas solamente de agua, entonces ¿qué producción puedo tener? Está demasiado crítico”, afirmó.
Debido a la escasez, este año no tuvo producción de aceitunas. Sin embargo, ha logrado mantener el cultivo de lechugas mediante hidroponía en pequeños invernaderos, donde además proyecta producir tomates y morrones en baja escala. Para optimizar el recurso, implementó sistemas caseros que evitan la pérdida de agua. “Hago camastrones con plástico abajo para que no se vaya a la tierra. Voy viendo si le hace falta agua y solo ahí riego. Así se ahorra bastante”, sostuvo la agricultora.
López, con 72 años, junto a su esposo de 76, continúan cultivando en sus invernaderos y para complementar pensiones trabajan medio tiempo, lo que les permite sostener el hogar. Consultada sobre el futuro, ella no pierden la esperanza y seguirá reparando su sistema de goteo y tratando de ampliar sus invernaderos.
En el Ajial de Quiles, también en Punitaqui, el productor de limones Eduardo Castro redujo a la mitad la cantidad de agua que aplica a cada árbol. “Si en época normal le aplico 30 litros, ahora le aplico 15. Eso significa una hora y media diaria por planta”, explicó, agradeciendo las capacitaciones del Instituto de Investigaciones Agropecuarias INIA en las cuales se le enseñó a ajustar la dosificación según las condiciones climáticas del sector.
Y si bien no ha reducido la superficie cultivada, reconoció que la producción se ve afectada, “el árbol aborta la fruta y no produce. Duele ver que hay agricultores que dejaron secar la mitad de sus árboles para salvar la otra mitad”, lamentó. A pesar de ello, aseguró que aún es posible hacer agricultura, aunque con enormes dificultades.
La situación se repite en Colliguay, Monte Patria. Bernarda Argandoña explicó que las temperaturas cercanas a los 40 grados han afectado su producción.
La agricultora, quien también trabaja con hidroponía y riego por goteo, afirmó que esas técnicas han sido fundamentales para sostener la temporada. “La hidroponía nos está salvando. La lechuga hidropónica ocupa menos agua que si la plantara en tierra”, expresó Argandoña, asegurando que el panorama sigue siendo complejo. “El río ya se secó. Lo único es tener fe en que este año llueva mucho para poder paliar la sequía”.
En Punitaqui, Claudia Olivares enfrenta una temporada más restringida que la anterior. “Aquí aguantando con poca agua, pocos cultivos y este clima que no apoya mucho”, relató la agricultora, quien en su domicilio recibe visitantes que hacen sus propias cosechas de tomate cherry, tomates de colores, tomate pera, limones, duraznos, frutillas y morrones, aunque este año tiene menos cantidad que en años anteriores.
“Administramos muy bien el agua, damos riegos cortos y todo por sistema de goteo. Bajamos la producción, pero siempre cosechando algo”, explicó. Para ella, más allá de las dificultades económicas, la agricultura también tiene un valor familiar. “Tengo a mi pequeña y la puedo ver todos los días. Uno trata de buscar alternativas, porque son muchos meses de espera para cosechar” indicó Olivares.
