Si bien las cifras evidencian una disminución relevante en varios puntos, la encuesta arroja que el 20,7% de los habitantes de la región vive en hogares bajo la línea de la pobreza por ingresos, cifra que se sitúa 3,4 puntos porcentuales por sobre el promedio país.
La Región de Coquimbo continúa ubicándose por sobre el promedio nacional en materia de pobreza por ingresos, según los resultados de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) 2024, dados a conocer por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia. Si bien las cifras evidencian una disminución relevante respecto de los niveles críticos alcanzados durante la pandemia, los datos confirman que la región mantiene rezagos estructurales que la sitúan entre las ocho con mayores tasas de pobreza del país.
Cabe recordar que la medición de 2024 incorpora una nueva metodología, más exigente y actualizada, desarrollada a partir del trabajo de una Comisión Asesora Presidencial, con el objetivo de reflejar de manera más precisa los cambios sociales y económicos experimentados por Chile en la última década.
SOBRE EL PROMEDIO NACIONAL
En ese contexto, la CASEN 2024 arroja que un 20,7% de las personas en la Región de Coquimbo vive en hogares bajo la línea de la pobreza por ingresos, cifra que se ubica 3,4 puntos porcentuales por sobre el promedio nacional, que llega al 17,3%
No obstante, el dato también da cuenta de una reducción sustantiva respecto de 2020, cuando la pobreza por ingresos en la zona llegó al 32,1%, en pleno impacto por la recesión asociada a la pandemia de COVID-19.
Una evolución similar se observa en el índice de pobreza extrema. Para 2024, la región registra una tasa de 9,1%, lo que equivale a 2,2 puntos porcentuales por sobre el promedio nacional. Aun así, el indicador muestra una caída sostenida desde 2020, cuando bordeaba el 15%, reflejando avances importantes en la reducción de las privaciones más severas.
Al respecto, el seremi de Desarrollo Social y Familia, Celso López, destacó que los resultados permiten visualizar “la reposición de una tendencia a la baja” en los indicadores sociales. “El período de la pandemia había generado un alza en todos los indicadores, pero hoy, tanto con la nueva metodología de 2024 como con la anterior de 2013, las cifras vuelven a descender, y eso es una muy buena noticia”, señaló.
La autoridad explicó que el nuevo enfoque incorpora variables más acordes a una mirada moderna de la pobreza, incluyendo, por ejemplo, criterios asociados a la calidad de la alimentación.
Sin embargo, López reconoció que el hecho de que Coquimbo se mantenga ligeramente por sobre el promedio nacional en pobreza por ingresos “habla de problemas asociados a las capacidades productivas y a la formación de capital humano en la región”, así como a un modelo económico sustentado en mano de obra poco calificada. “No es una luz de alerta grave, pero sí una señal relevante de que hay variables estructurales en las que debemos seguir trabajando”, afirmó.
CIFRAS PROCUPANTES
En ese contexto, el economista Jorge Rodríguez, de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, valoró la actualización metodológica, pero advirtió que las cifras de pobreza siguen siendo preocupantes. “Más allá de la tendencia a la baja, los datos muestran que una de cada cinco o seis personas vive bajo la línea de la pobreza. Esto nos obliga a volver a poner la pobreza en el centro del debate público y a pensar cuidadosamente cómo focalizar los recursos en un contexto de restricciones fiscales”, indicó.
Rodríguez explicó que, en términos de ingresos laborales y autónomos, la región muestra una recuperación consistente entre 2020 y 2022, asociada al repunte económico postpandemia, y una leve mejora adicional entre 2022 y 2024, en línea con una reducción marginal del desempleo regional. Este desempeño del mercado laboral ha contribuido a la disminución de la pobreza, aunque de forma insuficiente para cerrar la brecha con el promedio nacional.
Un elemento clave, a su juicio, es el rol creciente de los subsidios monetarios. “Antes de la pandemia, estas transferencias representaban entre 3,5% y 4% del ingreso de los hogares. En 2024, en la Región de Coquimbo alcanzan el 7,9%, lo que evidencia un cambio estructural en la composición del ingreso”, señaló. Este fenómeno, advirtió Rodríguez, plantea desafíos relevantes de política pública, tanto por eventuales desincentivos laborales como por las presiones fiscales de largo plazo, aunque también abre el debate sobre el uso alternativo de estos recursos en educación y capacitación.
FRAGILIDAD ECONÓMICA
Una mirada similar entregó Orlando Robles, economista y director de Investigación, Innovación y Postgrado de la Universidad Central de la Región de Coquimbo, quien destacó la baja de la pobreza multidimensional al 17,3% entre 2022 y 2024, pero alertó sobre la fragilidad económica de la zona. “La crisis hídrica y la falta de inversión privada han estancado los ingresos autónomos, impidiendo que los salarios absorban el aumento del costo de la vida, lo que genera dependencia de subsidios”, afirmó.
Robles subrayó que la región se mantiene estancada en su índice de pobreza por ingresos, mientras el país avanza hacia niveles menores, lo que confirma una recuperación más lenta y precaria. “Los hogares de Coquimbo perciben en promedio cerca de 300 mil pesos menos en ingresos laborales que la media nacional. Necesitamos con urgencia una estrategia de expansión productiva y atracción de inversiones. Generar empleo formal es la única vía sostenible para sacar a ese 20% de la población de la pobreza monetaria”, sostuvo.
Por su parte, el exdirector regional del Hogar de Cristo y magíster en Alta Dirección Pública, Gonzalo Cortés Urra, llamó a una lectura equilibrada de los resultados. “Chile está logrando reducir la pobreza y la extrema pobreza incluso con estándares más exigentes, lo que habla de una trayectoria social positiva”, señaló. Sin embargo, advirtió que persisten brechas territoriales, especialmente en regiones como Coquimbo, además de rezagos en sectores rurales, adultos mayores, hogares monoparentales y trabajadores informales.
“La reducción de la pobreza no significa ausencia de vulnerabilidad. Muchas familias siguen viviendo al borde, con trayectorias frágiles que pueden revertirse ante una enfermedad, el desempleo o una crisis económica”, advirtió Cortés, enfatizando que el desafío ahora es evitar que las personas vuelvan a caer en la pobreza, fortaleciendo empleos de calidad, protección social permanente y políticas con enfoque territorial.
