Agricultores advierten deshidratación de plantas, sobremaduración de fruta y caída en los precios, en un escenario marcado por la escasez hídrica. Mientras intentan recuperarse del golpe del calor extremo, reconocen que la preparación ante eventuales heladas es limitada y que incluso ya han debido reducir superficie cultivada.
Las jornadas que superaron los 38 y 40 grados en el interior del Limarí no solo marcaron récords en los termómetros. También dejaron huella en los campos. En sectores como El Palqui, Tulahuén y Samo Alto, agricultores coinciden en que el calor extremo aceleró procesos productivos, deshidrató cultivos y tensionó aún más un sistema agrícola que ya venía debilitado por la falta de agua.
En El Palqui, el presidente del Sindicato de Pequeños Agricultores, Fidel Salinas, describe un verano que golpeó directamente la agricultura. “El sol ha quemado las plantas. Quema las hojas, quema las flores”, señaló.
El dirigente explicó que la alta radiación y la escasez hídrica provocaron sobremaduración en parronales y frutales como duraznos, afectando la calidad comercial de la producción. “Hoy día está todo sobremaduro. Con poca agua y mucho calor, la fruta se pasa. Y una fruta muy madura no la compran para exportación”, advierte.
Ante esa situación, muchos pequeños productores optaron por secar la fruta. Sin embargo, el mercado tampoco respondió como esperaban. “El año pasado la fruta seca se pagaba a $1.600 o $1.700. Hoy están pagando $800 o $1.000. La única alternativa es secarla, pero el precio no es atractivo”, sostuvo.
DESHIDRATACIÓN Y MAYOR PRESIÓN SOBRE EL AGUA
En la comuna de Río Hurtado, la agricultora Ingrid Valenzuela, de Samo Alto, marcó 39,3 grados en su predio durante una de las jornadas más intensas del verano. “No somos capaces de reponer el agua que se necesita con las evaporaciones que hay”, explica.
Además, afirmó que el principal problema no es solo la temperatura, sino la falta de agua para enfrentarla. “Para evitar la deshidratación hay que regar y no lo podemos hacer: no hay agua”, resume.
Según relata, el calor obligó a aumentar la frecuencia de riego, en algunos casos durante la noche para aprovechar mejor el recurso. Sin embargo, no todos cuentan con sistemas que lo permitan.
Las pérdidas aún no están cuantificadas, pero anticipa que habrá impacto. “Tengo fruta quemada y deshidratada. La cantidad exacta de pérdida se va a saber cuando terminemos la cosecha”, señaló.
La situación ha sido tan compleja que en su predio desaparecieron 16 hectáreas de mandarinos por falta de agua. “Hay que ir bajando las hectáreas de cultivo. En nuestro caso desaparecieron 16 hectáreas porque no tuvimos cómo regar”, afirmó.
BAJA CUAJA Y MENOR PRODUCCIÓN
En Tulahuén, el agricultor y dirigente Ricardo Villalobos advierte que el calor extremo también afectó la etapa reproductiva de algunos cultivos. “Con 36 grados a la sombra, las flores se abortan. El polen no logra fecundar”, comentó, refiriéndose a olivos y otros frutales.
En el caso del palto, explica que la combinación de calor intenso y baja humedad ha limitado la producción. “El palto necesita calor, pero también humedad. Aquí es caluroso, pero seco”, precisa.
EL FOCO AHORA ESTÁ EN EL INVIERNO
Tras un verano marcado por el estrés térmico y la presión hídrica, el campo mira hacia el invierno con incertidumbre. La preocupación por eventuales heladas es transversal, aunque reconocen que las herramientas para enfrentarlas son limitadas.
En Samo Alto, Valenzuela relata que, ante descensos bruscos de temperatura, recurren a métodos tradicionales.
“Tenemos tambores con leña para hacer humo, pero es más una tranquilidad mental. Para crear un microclima real tendríamos que hacer fogatas en todo el campo y eso no se puede”, explicó.
Villalobos coincide en que no existe una preparación estructural. “No nos estamos preparando. Corremos el riesgo y esperamos que sea lo que Dios quiera”, afirmó.
Por su parte, Salinas advierte que un invierno seco podría aumentar el riesgo de heladas fuera de fecha. “Con poca humedad y un verano muy caluroso, hay riesgo de heladas que pueden perjudicar los cultivos”, señaló.
UN ESCENARIO CADA VEZ MÁS EXTREMO
Los agricultores coinciden en que la variabilidad climática se ha vuelto más frecuente y difícil de manejar. La combinación de olas de calor intensas, escasez hídrica y posibles heladas configura un escenario de alta vulnerabilidad para el pequeño y mediano productor.
Mientras avanzan las cosechas y se aproxima el invierno, el campo del interior del Limarí enfrenta una temporada marcada por la incertidumbre. Las olas de calor dejaron huella en la producción y la escasez hídrica limita las opciones de respuesta, en un escenario donde una helada podría profundizar aún más el impacto en pequeños y medianos agricultores.
