La temporada estival mostró realidades contrastantes para el rubro gastronómico local. Mientras algunos restaurantes lograron sostener su actividad gracias al flujo de visitantes que se alojan en el litoral y llegan por el día, otros enfrentaron meses especialmente lentos, con menor gasto y escasa presencia turística.
El verano 2026 cerró con un balance dispar para el sector gastronómico de Ovalle. Lejos de un escenario homogéneo, la temporada dejó en evidencia que la ubicación de los locales, el tipo de público y el rol de la ciudad como punto de paso dentro del circuito turístico regional fueron factores decisivos para explicar los resultados.
Lejos de un comportamiento homogéneo, el rubro mostró realidades muy distintas según el perfil de cada establecimiento. Desde restaurantes orientados al turismo hasta locales de fuerte arraigo local y comercio tradicional, el balance revela contrastes que se repiten año a año, pero que este verano se hicieron especialmente visibles.
TURISMO DE PASO
Uno de los casos con evaluación positiva fue la Fuente Toscana, restaurante reconocido por su cocina migrante con raíces del campo italo-españolas, orientado a aprovechar de manera pura los productos de la zona. Su propietario, Juan José Jualiá, de Fuente Toscana, explicó que buena parte de los clientes corresponden a turistas que se hospedan en el litoral y que optan por trasladarse a Ovalle durante el día.“Hemos recibido principalmente turistas de Santiago y del sur del país. Enero fue un mes regular, dentro de lo normal y febrero suele ser el periodo más fuerte, influido por el movimiento que se genera en La Serena y Coquimbo”, señaló. Si bien el flujo fue algo superior al habitual, aclaró que el gasto se mantuvo moderado: “No ha sido un mes excelente, pero sí positivo y dentro de lo que esperábamos”.
UBICACIÓN MARCA LA DIFERENCIA
La importancia de la ubicación quedó reflejada en la experiencia de Luis Rojas, propietario de Plaza Terraza y Katabar, dos locales con características distintas emplazados en la plaza de la ciudad. Mientras Plaza Terraza, ubicado en una esquina de alto tránsito concentra mayor visibilidad y presencia de turistas y Katabar mantiene un perfil más local y nocturno. “En el restaurante Plaza Terraza, por la visibilidad y el alto tránsito, hemos tenido buen movimiento y presencia de turistas, incluso extranjeros. En cambio, en el Katabar la temporada ha estado un poco más baja que otros años”, explicó. Para el empresario, Ovalle sigue funcionando principalmente como una ciudad de paso, donde muchos visitantes continúan su recorrido hacia la costa o el interior del valle, lo que limita la permanencia y el nivel de consumo.
TEMPORADA POR DEBAJO DE LO ESPERADO
Una mirada más crítica provino desde Los Braceros, restaurante de parrilladas y comida tradicional, Jorge Castillo advirtió que los meses de verano estuvieron por debajo de lo esperado. “Octubre y noviembre fueron mejores por las actividades de fin de año y licenciaturas, pero en enero se notó una baja y febrero ha seguido igual. El público ha sido casi totalmente local es decir de gente que siempre viene y los flujos han sido muy irregulares”, comentó. En su caso, las expectativas de repunte se concentraron en fechas puntuales, como el 14 de febrero, más que en un aumento sostenido de la demanda para lo que queda de verano.
ALMUERZOS FAMILIARES COMO PRINCIPAL SOPORTE
En contraste, algunos restaurantes lograron mantener estabilidad e incluso mejorar levemente sus cifras. Es el caso de Ángel Calameño, local de comida típica con fuerte enfoque familiar y espacios abiertos, donde los almuerzos de fin de semana concentran gran parte del movimiento. Su dueña y administradora, Karen Contuliano, sostuvo que “durante la semana el movimiento es más lento, pero este verano sí hemos visto más turistas y las ventas fueron un poco mejores que en otras temporadas”, indicó, subrayando además el atractivo del entorno natural del local, que favorece la asistencia durante los meses de calor.
ESCENARIO COMPLEJO EN COMERCIO TRADICIONAL
El escenario más complejo se vivió en el comercio tradicional del centro. En el Mercado Municipal, el restaurante Paola, con cerca de 40 años de trayectoria y una oferta de comida casera y platos típicos a precios accesibles, enfrentó uno de sus veranos más lentos. Su dueña, Dilema Alfaro, fue clara al describir la situación: “Enero estuvo muy bajo, prácticamente sin turistas. Hemos trabajado casi solo con la gente de acá y aun así ha habido días muy malos”. En su caso, el desayuno se consolidó como el horario que sostiene el negocio, mientras que las expectativas están puestas en una eventual mejora hacia febrero y, sobre todo, con el retorno a clases en marzo.
Las distintas voces evidencian que el verano gastronómico en Ovalle estuvo lejos de ser homogéneo. Mientras algunos locales lograron sostener su actividad gracias al turismo de paso y a fechas puntuales de mayor demanda, otros enfrentaron meses marcados por un consumo cauteloso y baja presencia turística, reabriendo el desafío de fortalecer el turismo local y posicionar a la ciudad como un destino donde los visitantes no solo transiten, sino que permanezcan y consuman durante la temporada estival.
