Las lluvias y nevadas del reciente sistema frontal generaron uno de los mayores aportes de agua de los últimos años para la cuenca del Limarí, elevando significativamente el volumen de los embalses. Sin embargo, expertos sostienen que el impacto definitivo dependerá del deshielo y de la recuperación de la infraestructura hídrica dañada.
Más allá de los daños en caminos, las interrupciones de servicios y los rescates, el reciente sistema frontal dejó uno de los mayores aportes de agua registrados en los últimos años para la cuenca del Limarí, reflejado en el aumento de los embalses, los caudales y la nieve acumulada en la cordillera.
De acuerdo al informe hidrometeorológico de la Dirección General de Aguas (DGA) publicado a las 9:00 horas del pasado martes 21 de julio, el embalse La Paloma incrementó su volumen en 125,23 hectómetros cúbicos, pasando de un 5% a un 22% de su capacidad. Recoleta, que antes del temporal almacenaba apenas un 11%, alcanzó el 100% tras recibir 86,78 hectómetros cúbicos, mientras que Cogotí subió del 10% al 68%, con un aporte de 87,06 hectómetros cúbicos.
Los registros de precipitaciones también reflejan la magnitud del sistema frontal. En la estación Las Ramadas se acumularon 344,8 milímetros durante el evento; en Punitaqui, 304,9 milímetros; en Cogotí, 299,1 milímetros; en Rapel, 253,9 milímetros; en Ovalle, 229,9 milímetros; y en Combarbalá, 177,5 milímetros, entre otros valores registrados en la provincia.
Aporte relevante, pero aún insuficiente
Pese a estos resultados, desde el Centro Científico CEAZA llaman a interpretar las cifras con cautela. El meteorólogo Tomás Caballero explicó que el sistema frontal dejó un aporte relevante para la cuenca, tanto por las precipitaciones como por la nieve acumulada en la cordillera.
“El aporte fue muy importante para el sistema hídrico del Limarí. Las precipitaciones se concentraron también en sectores ubicados aguas arriba de los embalses, mientras que la acumulación de nieve permitirá liberar agua gradualmente durante la temporada de deshielo”, señaló.
El especialista destacó además que la magnitud del evento queda en evidencia al comparar los registros obtenidos con los valores históricos.
“En varias localidades se superaron los 200 milímetros e incluso los 300 milímetros durante este evento, cuando el promedio anual normal en algunos sectores del Limarí se encuentra entre 100 y 170 milímetros”, indicó.
En este sentido, enfatizó que todavía es prematuro asegurar que la crisis hídrica esté resuelta. “El evento representa una mejora significativa en el corto y mediano plazo, pero todavía es prematuro hablar de una recuperación completa. Su impacto final dependerá de cuánto aumenten los caudales y los niveles de los embalses durante los próximos meses, especialmente durante el deshielo”, sostuvo.
En ese contexto, explicó que la nieve acumulada en la alta cordillera podría transformarse en un factor clave durante la primavera y el verano, al aportar agua de manera gradual a los cauces y embalses.
Recuperar la infraestructura será clave
Desde la Junta de Vigilancia del Río Limarí valoraron el importante aporte que dejó el sistema frontal para la disponibilidad de agua y señalaron que el aumento registrado en los embalses permite mirar con mayor optimismo la próxima temporada de riego. Sin embargo, advirtieron que el principal desafío será recuperar la infraestructura dañada durante el temporal.
El vocero de la organización, Roberto Vega Alcayaga, indicó que, si bien contar nuevamente con el recurso hídrico entrega tranquilidad a los agricultores, el impacto dependerá de la rapidez con que se rehabiliten canales y otras obras de conducción.
“El aporte del último frente de mal tiempo ha sido considerable para la situación que estaban viviendo los embalses de la provincia del Limarí. Ha permitido recuperar y darle tranquilidad a la población y a los agricultores. Si bien es importante poder contar con el recurso hídrico, no podemos dejar de lado que el frente de mal tiempo ha destruido o precarizado gran parte de la infraestructura de riego existente en la zona”, afirmó.
Respecto al impacto que podría tener este escenario para los usuarios del agua, Vega indicó que dependerá de la rapidez con que se logre rehabilitar la infraestructura afectada. “Contar con el recurso es bueno, pero sin canales no podemos llevar el agua a los lugares donde se necesita”, aseguró.
