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Sábado, Febrero 21, 2026

Ana Araya cambió Santiago por la tranquilidad del campo y ahora produce olivos en Punitaqui

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La mujer se capacitó en agroecología a través de INDAP y hoy proyecta elaborar su propio aceite de oliva, potenciando una producción más sustentable en su parcela familiar.

Tras vivir más de cuatro décadas en la Región Metropolitana, hace cerca de ocho años Ana Araya Barraza tomó la decisión de regresar a la localidad de La Higuera, en la comuna de Punitaqui, para reencontrarse con sus raíces y con las bondades que le brinda el sector rural.
Actualmente está a cargo de la parcela de sus padres, un lugar donde creció, pero donde —reconoce— “no sabía mucho cómo se trabajaba, ya que mi papá hacía las cosas y ahora tuve que aprender”. Posee olivos destinados a la comercialización de aceitunas de mesa y, en menor cantidad, paltos.

La emprendedora señala que la tranquilidad y la seguridad del campo fueron los principales motivos por los que, junto a su familia, decidió armar sus maletas y volver a tierras limarinas. “Esta paz no se compara con nada, es algo realmente impagable”, afirma.
Durante su estadía en Santiago estudió peluquería y realizó cursos de depilación y masofilaxia —disciplina que utiliza técnicas de masaje para el tratamiento de alteraciones estéticas corporales y faciales—, entre otros.

Sus deseos de aprender nuevas materias siempre fueron grandes, y así lo demostró en 2023, cuando ya radicada nuevamente en su comuna natal se acreditó como usuaria del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP). Participó en el primer ciclo del programa Transición a la Agricultura Sostenible (TAS) —ejecutado por INDAP en convenio con el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA)—, herramienta que durante dos años le permitió abrirse paso al mundo de la agroecología mediante asesorías técnicas.

“Fue maravilloso porque adquirí más conocimientos. Yo no tenía idea de cómo cuidar mi parcela, de cómo proteger mis arbolitos con productos naturales como los que nos enseñaron a hacer. Ahora tengo hasta lombriceras para obtener humus, hago bokashi y otros biopreparados. Es muy favorable porque resulta más barato en comparación con los insumos químicos”, señala con orgullo.
Respecto del trabajo de Ana y el impacto que ha significado el apoyo de INDAP en su vida, el director regional de la institución, Víctor Illanes, destacó que “el programa TAS ha sido una herramienta fundamental para que nuestros usuarios y usuarias puedan dar un salto en saberes y prácticas productivas. Para nosotros es muy significativo ver cómo una productora logra apropiarse de estas herramientas y proyectar nuevos desafíos, como la elaboración de sus propios abonos y fertilizantes”.

Ana tiene claros sus sueños: a corto plazo espera poder elaborar su propio aceite de oliva, dando un nuevo valor agregado a su producción y aprovechando el aprendizaje adquirido en el último tiempo, junto con sus 95 árboles.

“La historia de esta usuaria de INDAP refleja lo que estamos impulsando como Ministerio de Agricultura: más oportunidades, más conocimientos y más herramientas para que los campesinos y campesinas puedan desarrollarse de manera sustentable. Vemos cómo Ana, que decidió volver a sus raíces, está aplicando técnicas más amigables con el medioambiente, reduciendo costos y potenciando la calidad de sus productos. Eso es precisamente lo que buscamos: fortalecer la Agricultura Familiar Campesina e Indígena”, sostuvo el seremi de Agricultura, Christian Álvarez.

A sus casi 70 años, la emprendedora dice sentirse orgullosa de ser una mujer rural y de aportar, con su labor, a la seguridad y soberanía alimentaria de su comuna y de la región.

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