Crédito fotografía: 
Roberto Rivas Suárez
Con lúcido hablar y una sonrisa que iluminó el saló de fiestas, Don Armando Alvarado Tabilo celebró junto a su familia su cumpleaños N° 100

Cinco generaciones de la Familia Alvarado se reunieron este sábado para celebrar los 100 años de vida de Don Armando Alvarado Tabilo.

Rodeado de su familia, su esposa doña Goyita, su hermana, sus dos hijas (de cuatro hijos que tuvo, contando uno fallecido) sus siete nietos, sus nueve bisnietos y sus dos tataranietos, el conocido taxista ovallino festejó su siglo de vida en el Club de Artesanos de Ovalle.

“Yo me siento muy emocionado por compartir con toda mi familia, estoy muy feliz por tener a los biznietos y tataranietos. Qué quieres que te diga. Me encuentro tan contento, la media emoción por esta reunión, porque pudieron venir de lejos”, dijo don Armando consultado por El Ovallino en ocasión de la celebración.

Don Armando nació el 28 de abril de 1019 en San Julián y aunque paso la primera parte de su vida en Potrerillos, donde hizo grandes amistades, y donde nació su hija mayor, Maruja.Luego se trasladó a Ovalle, y se enraizó en la Perla del Limarí.Cuando llegó a Ovalle tenía un taller eléctrico, y se dio a conocer como electricista, pero luego compraría un camión y finalmente un taxi, con el que trabajaría poco más de tres décadas, desde mediados de los años 70 hasta 2007, cuando decidió “colgar las llaves” y retirarse.

“Él salía a trabajar todas las mañanas a la plaza de Armas, manejaba su taxi y la gente lo conocía. Una vez me dijo: ‘Hija, ya la gente no se quiere montar conmigo’, y que querí papá, tenés casi 90 años le dije”, relata Maruja.

Jimena, su hija menor, cuenta que todavía es autovalente para todas las funciones de la casa. “Papá está pendiente de las cosas de la casa. Él paga las cuentas, revisa las luces, lee sin lentes y revisa todos los días la prensa, no toma ni un remedio”.

Junto a Doña Goyita, de 96 años de edad, y con quien cumplió a principios de marzo 75 años de matrimonio, mantiene todavía muchos proyectos en su casa: pintar alguna pared, ampliar un cuarto o cambiar alguna lámpara, pero siempre con un proyecto que los mantenga activos.

Sus nietos reconocen que Don Armando ha vivido una buena vida: sanamente, junto a su familia, en contacto permanente con sus hijos y nietos y que por ello mantienen la mente lúcida y con ganas de seguir viviendo.

 

 

 

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