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Hay que ir a la velocidad adecuada, ni muy rápido que provoque un accidente, ni muy lento que impida el paso de los demás. Sólo saber cuál es la velocidad indicada y mantener el curso con la mirada en el camino.

Cuando se hace un rápido vistazo y se comienza “pistolear” el crecimiento de la ciudad como Ovalle, parece que a veces avanza muy rápido.

No sabemos si hay un parte por crecer muy rápido, pero a veces el crecimiento acelerado de las ciudades hace que se olviden atender las cosas importantes y sólo se concentren en las urgentes. Muchas veces el crecimiento de la población, del parque automotor, de la cantidad de alumnos, sobrepasa el ritmo de construcción de viviendas, de carreteras, de colegios, y el tener acceso a algo tan básico como un techo se convierte en un privilegio.

Con el mismo mapa de hace diez años se planea que todos los vehículos de ahora circulen sin problema, sin taco, en armonía y practicando una danza rítmica que baile al son de una música clásica.

Y no son sólo las autoridades quienes a veces se dejan ganar por el crecimiento de la gente. Los mismos vecinos y colegios no se dan cuenta que necesitan actualizarse, sino cuando ya los alumnos no se interesan por las materias que tienen diez o veinte años sin actualizarse y sin modernizar su forma de enseñanza. Igual con las poblaciones, si tienen más niños necesitan más parques, si tienen más jóvenes necesitan más plazas.

Muchos critican que la población va muy rápido en el crecimiento. Pero es como criticar a un adolescente que está tomando mucha altura en apenas un año. Es normal, es lo esperado y es lo más sano. Por eso los que “pistolean” el crecimiento de las ciudades como Ovalle no deben poner partes si van muy rápido, lo que deben hacer es despejar la vía para que el crecimiento de la población y la infraestructura se mueva a la misma velocidad.

 

 

 

 

 

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