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Leonel Pizarro
Carlos Campos, el otrora centro delantero del Ballet Azul y Seleccionado Nacional de 1962-1966, tiene lazos con Ovalle, de amistad desde la década del 60 y familiares desde 2013, cuando su hijo la escogió como su ciudad. Tiene cientos de anécdotas, desde ser homenajeado por su equipo rival hasta tener que cambiar su matrimonio para enfrentar al Colo Colo.

Como un tipo normal va llegando a su casa después de acompañar a su hijo Carlos y a la familia de éste al supermercado. Algo adolorido por su lesión en las piernas, se sienta a descansar. Deja de lado el bastón que desde hace casi un año es su apoyo, y sonríe. Es Carlos Héctor Campos Silva, el otrora centro delantero del Ballet Azul.

El “Tanque Azul” como se le conoció por su corpulencia y fuerza, es todavía el goleador histórico de la Universidad de Chile con 199 anotaciones en total: 184 por campeonatos nacionales, 11 por Copa Chile y 4 por Copa Libertadores de América, todas como resultados de jugadas.

En la Selección Nacional también cosechó palmas: fue parte del equipo que conquistó el tercer lugar en el mundial de 1962.

Hoy, este tipo normal, pero extraordinario a la vez, abre las puertas de su casa y comienza la entrevista recordando la primera vez que estuvo en Ovalle, de hecho, la primera vez que la Universidad de Chile estuvo y jugó en Ovalle.

“Nos concentraban en Socos, eso fue una semana antes de la final del campeonato contra La Serena, fueron días en donde Socos era el descanso pero el fútbol lo hacíamos en Ovalle, en el Estadio Ferroviario donde jugábamos con equipos amateur. Luego volvíamos a Socos a los baños turcos, que nos hacían muy buen en lo muscular”, cuenta el “Tanque” como quien le cuenta una historia a sus nietos una y otra vez.

“En aquella época conocimos a unas chicas del liceo que estaban juntando dinero para una gira de estudio y nosotros accedimos a venir a jugar un partido sin costo para ellas. Nos alojamos en el hotel que estaba en la plaza (Turismo), viajamos en 3 o 4 vehículos, previa autorización de los dirigentes, y comenzó el espectáculo: ¡Fue todo un éxito! ¡Jugamos a estadio lleno y esas chiquillas pudieron ir a su viaje de estudio!”

Amistades en Ovalle

Nacido y criado en el barrio Independencia de Santiago, cuenta que a una cuadra de su casa llegó a vivir una chiquilla de Ovalle llamada Yolanda Barrios, y que se hicieron muy buenos amigos. “Ella tenía una hermana que fue candidata en la Fiesta de la Primavera de Ovalle. En una de sus presentaciones vine a apoyarla para que le compraran los votos, y ganó, terminó coronada como la reina de Ovalle”.

Apenas unos meses atrás cuando salía con su esposa a pasear por las calles de Ovalle solía sentarse en una de las bancas de la plaza de armas. “En ese entonces llegaban los ovallinos, y me consultaban “usted es… sí, les digo yo… y ahí nos ponemos a conversar. Cuando mi esposa se daba cuenta me retaba, me decía ‘ya te pusiste a conversar de nuevo’… pero ¿qué podía hacer yo?”

Las visitas constantes a Ovalle comenzaron a partir del 2014, cuando su hijo Carlos decidió vivir en este punto del mapa. Desde ese momento vieja constantemente a la Perla del Limarí por largos periodos. Ya casi no visita el centro de la ciudad, debido a los dolores en las rodillas, y cuando lo hace, ahora lo hace acompañado de su bastón.

LA MAYOR ANECDOTA

Su alegría se va difuminando y su melancólica regresa cuando recuerda a su esposa, Carolina Amada Muñoz Baeza, y su partida hace aproximadamente un año atrás visitando estas tierras. Pero aun así recuerda una de las más grandes anécdotas que con ella le toco vivir.

Para poder casarse había que pedir permiso a los dirigentes, era el año 1963, el 20 de febrero era sábado y era la fecha propuesta para el matrimonio, ya que no tendrían nada más en agenda.

“Así que el permiso estaba listo, pero una semana antes, me dicen ‘Carlos, no te puedes casar, cambiaron el partido´, sí, nos tocaba un partido reagendado contra Colo Colo, así que tuvimos que conversarlo y hablar con el cura, que era amigo mío del barrio Independencia, y dijo que no había problema, el problema lo tuve en la cancha. Ganamos 6-3, yo hice tres goles y cuando volvía del arco sur celebrando el gol pasaba por la barra de Colo Colo. En ese entonces toda esa galería era para ellos y me gritaban: ‘Por qué no te fuiste a casar, conche……dre’. Y me lanzaban naranjas. Al día siguiente nos fuimos a casar, el automóvil pasó por Ahumada que en ese entonces no era peatonal, y mirábamos en los titulares de todos los diarios que aparecía el triunfo de la ‘U’, así que pasamos casi escondidos para que no nos reconocieran y fuimos rápidamente a la iglesia para casarnos”.

LA CAMARADERÍA

Relató que todos los lunes se reunían en el CDA (Centro de Entrenamiento de la Universidad de Chile) en las canchas que están a disposición desde las 16.00 horas para los ex futbolistas, comentado que se realizan partidos con equipos de diversas instituciones.

“Yo voy a compartir y a mirar el futbol, para entretenerme, ya no estoy para jugar, nos reunimos varios ex jugadores del Ballet Azul, y de la ‘U’ de otros tiempos, es un encuentro de recreación, ahí los dirigentes nos permiten utilizar el recinto deportivo, hacemos una sana y entretenida convivencia entre los que van, allá nos dirige Lulo Socias. Otro de los que va a jugar es el Bombo Fica, somos amigos, nos reímos mucho echamos la talla, es bien pelusón”.

Así que todavía sueña, vive, y se apasiona por el fútbol, que le ha dado tantas cosas importantes durante toda la vida.

 

LA U, LA SELECCIÓN NACIONAL Y LA FELICIDAD

El “tanque” Campos relata que a la selección de Fernando Riera llegó al final del proceso, luego de la lesión de Danilo Aranda, que fue cuando lo llamaron.

“Yo tenía un problema con la subida de peso, pero logré responderle a don Fernando, pero sabe, creo que llegué a la selección del Mundial por lo que yo era como persona, y no tanto por la calidad futbolística, don Fernando siempre me lo valoró.  No fue lo mismo con Lucho Alamo, aunque los dirigentes me defendían, pero para el mundial de 1966, no jugué ningún partido, me quería cambiar por Manolo Astorga, que fuera por mí. Pero fue Manolo el que le dijo que yo tenía mucho tiempo jugando, que por qué me hacían eso, y que él no iba, a pesar de todo, siempre que entraba hacia goles, así que también valoro esto”.

Recordó que Lucho Alamo, mientras estaba en la “U” buscó seis centros delanteros reemplazarle, pero que no sería sino hasta que llego Spedaletti, que supo que ya se iría.

“Era muy bueno Jorge, así que decidí retirarme, y fue así como en el clásico universitario nocturno de 1974, me retiré feliz, he sido feliz desde que llegue a la “U” a los 12 años, ahí llegue gracias al profesor Hugo Tasala, profesor de Educación Física de la escuela 18 de Independencia, él me llevó a la Universidad de Chile, y me formó Hernan Carrasco, luego de 14 años en la Universidad de Chile soy el hombre más feliz, todo lo que tengo se lo debo al futbol, mi familia, mis cosas, todo se lo debo al futbol, y así todo soy un hombre feliz, un hombre inmensamente feliz”.

 

 

 

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