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Rodolfo Pizarro
Claudio Bahamondes es el presente y futuro de la disciplina en la zona. Compitió de igual a igual durante el 2018 con los mejores de Chile hasta disputar una fecha del Circuito Mundial de tenis de mesa en Argentina. El deportista no se relaja y ya proyecta un 2019 con metas ambiciosas: ser campeón de Chile.

 

No es la primera vez que los méritos de Claudio Bahamondes aparecen en los medios de comunicación. Sus primeras apariciones fueron a mediados del 2016, cuando se catalogó como el mejor tenimesista de Ovalle en la etapa escolar, pero siendo paralímpico. Desde ese momento, el salto del joven ha sido tal que en noviembre de este año disputó una fecha del Circuito Mundial de tenis de mesa paralímpico en Argentina. Todo un crack.

Durante el año 2016, en la serie sub 14 de los Juegos Escolares Comunales superó a todos sus rivales a punta de tiros ganadores para llegar a la final y clasificar a la fase regional. El mérito fue que ganó a todos sus rivales convencionales, siendo paralímpico.

“Todo esto ha sido una bonita experiencia. Conocía el tenis de mesa, pero desde que lo practico periódicamente me gusta mucho más y me encanta practicar este deporte”, cuenta Claudio.

En Huamalata integró la Escuela Deportiva Integral (EDI) de formación, a cargo del profesor Carlos Miranda, taller en donde destacaba por su entusiasmo y facilidades para el manejo de la paleta, a pesar de sus dificultades de movimientos. Posteriormente, y jugando con tenimesistas convencionales, ya participando en una escuela EDI avanzada, logra clasificar como finalista comunal a los Juegos Deportivos Escolares 2016, torneo en donde tiene la oportunidad de representar a la provincia de Limarí, en el selectivo regional realizado en Coquimbo.

Su progreso fue tal que desde la selección nacional de tenis de mesa paralímpica observaron su juego, por lo que lo convocaron a integrar la delegación chilena en los Juegos Parapanamericanos 2017 que se disputaron en Sao Paulo, Brasil, en la modalidad de dobles. Allí, se colgó la medalla de bronce.

EL INICIO DE LA AVENTURA

No existen los imposibles para Claudio y su historia de vida es digna de ejemplo. El relato de sus cortos 16 años comienza en diciembre de 2009 cuando Claudio empezó a sentir dolor en la parte posterior de su rodilla izquierda. Cojeaba y sus padres creían que eran dolencias normales. Como todo niño jugaba con sus amigos, andaba en bicicleta y el balón fue su compañera de infancia en las calles de Huamalata. Por tanto, atribuían las molestias a aquello.

Los dolores continuaron, por lo que decidieron recurrir a los médicos en el hospital de Ovalle, luego a La Serena hasta llegar al hospital Roberto del Río. En el nosocomio les informaron que su hijo tenía un tumor maligno en la pierna. Claudio fue sometido a diversas cirugías reconstructivas en la extremidad izquierda hasta que pudieron extraer el tumor.

“Cuando nos dicen que es cáncer, inmediatamente asocias esa palabra con algo tan terrible. Nosotros como papás nos fuimos con él a ojos cerrados a Santiago, dejamos todo botado. Tuvimos que renunciar a nuestros trabajos y con el apoyo de nuestras familias salimos adelante”, dice Johanna Vega, madre de Claudio.

“Para nosotros fue difícil, pero fue él quien nos dio ánimo. Dijo ‘mi vida es la importante y la pierna pasa a segundo plano’”, aseguró Carlos. Después de un tiempo, Claudio recayó en su enfermedad y le produjo una metástasis en su extremidad, por lo que los médicos optaron por la amputación.

“Fue mucho, estuve viviendo cerca de cinco años en Santiago debido al cáncer, recibí quimioterapias”, cuenta Claudio.

De regreso a Huamalata, el tenimesista ya utilizaba muletas para desplazarse y esta adaptación más la integración a su vida se tornó de la mejor manera posible. Y esa integración la hizo a su gusto, pasó por el fútbol, cantó en varios festivales en la ciudad, hasta que se inclinó por el tenis de mesa, convirtiéndose en un ejemplo para el resto de su comunidad.

“Su discapacidad pasa a ser segundo plano y estamos orgullosos, dándole siempre el apoyo”, cuenta su padre Carlos.

AÑO DEPORTIVO

El presente 2018 para Claudio culmina de la mejor manera. Debido a su progreso deportivo, el Comité Paralímpico de Chile le dio la posibilidad de competir en la Copa Tango, certamen que corresponde al circuito mundial de tenis de mesa. En Buenos Aires, Argentina, Claudio se midió con los mejores exponentes del mundo con tan solo 16 años, ganado un partido en la fase de grupo y perdiendo otro en forma ajustada ante el número 23 del mundo. Eso en individuales, porque en la competencia por equipos se colgó la medalla de bronce junto a sus compañeros chilenos.

Esta experiencia se suma al primer lugar en el Open de Ovalle en la categoría paralímpica en enero, mientras que durante abril compitió en su primer torneo nacional paralímpico, rematando en el quinto lugar en individuales y segundo por equipos. Es más, en el segundo torneo nacional del año estuvo a solo un partido de poder integrar la selección chilena que viajará en agosto a los Juegos Parapanamericanos de Lima 2019.

Los logros mencionados son la motivación perfecta para planear un 2019 auspiciosos, con metas exigentes.

“Estoy muy feliz, a pesar que teníamos una meta ambiciosa, fue un muy buen año, subí el nivel, estuve cerca de poder ganar a los mejores del mundo y con mi entrenador estamos muy contentos y con las pilas puestas para el 2019, donde sabemos que podemos hacer cosas importantes. Se vienen los Juegos Deportivos Nacionales, y me dieron el cupo directo para participar, en el cual buscamos salir campeón nacional”, confiesa.

“Claudio es un jugador bastante bueno para la edad que tiene. Estamos tratando de que se pueda ir a Santiago a entrenar, pero durante el año se está preparando bien, se siente cómodo, ha podido entrenar de buena manera. Él integra un proceso que se inició en el verano, donde todos los muchachos entrenan de igual manera y Claudio integra este grupo. Se le aproximan torneos bastante importante”, dice Ricardo Ibacache, uno de sus actuales entrenadores.

Los desafíos de Claudio suman y siguen. Para concretar el campeonato nacional considera que debe aumentar sus cargas de entrenamiento, por lo que junto con el entrenador de la selección chilena, Francisco Carrasco, levantaron la solicitud para que pudiera acceder al Centro de Alto Rendimiento, CAR, de Santiago. Todo con la finalidad de vivir en el recinto deportivo y entrenar todos los días.

“Estoy dispuesto a hacer el sacrificio de dejar a mi familia, dejar Huamalata. Si quiero lograr las metas que tengo propuestas, tengo que irme para seguir entrenando y subir mi nivel”.

Y su familia lo apoya.

“Claudio es hijo único, cuesta sacarse el apego, pero todo esfuerzo es por él. Nos da un poco de pena como papás, todo fluye alrededor de él, pero lo más importante es que nosotros lo apoyamos en todo”, cierra Johanna.

 

 

 

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