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Conscientes de que no toda la nieve que cayó en la cordillera se convertirá en líquido aprovechable, especialistas estiman que la región está lejos de dejar el escenario de sequía de los últimos años, aunque reconocen que las precipitaciones “nos sacaron del fondo”

Es solo subir un peldaño del foso seco en el que se encontraba, pero en ningún caso abandonar la crisis. Así podrían resumir los especialistas el escenario hídrico actual, tras el paso de los dos sistemas frontales que llegaron con precipitaciones y nevadas a la región de Coquimbo.

“Las precipitaciones de agua y nieve siempre son bienvenidas, más aún cuando desde hace más de una década estamos viviendo una situación de sequía extrema. Y es cierto que las pocas lluvias que cayeron durante la semana pasada y la gran cantidad de nieve en la cordillera nos llenan de esperanza, pero lo cierto es que son insuficientes para dejar la condición de crisis hídrica que nos afecta”, sostuvo el gerente regional de Aguas del Valle, Andrés Nazer.

En ese contexto, Nazer explicó que desde la empresa siguen trabajando para que a nadie la falte el agua producto de la sequía.” Continuamos ejecutando nuestro plan de reforzamiento del sistema de producción de agua potable para consumo humano con la construcción de nuevo pozos y sondajes”, señaló.

Según los indicadores entregados por la hidrológica, los valores de acumulación de agua no han variado en la provincia, registrando el embalse La Paloma un 11,2% de su capacidad total.

En cuanto a la nieve, la Estación Vega Negra, en la cordillera limarina, registra un déficit del -78,7% respecto a su promedio anual histórico, con 81 mm acumulados.

Otras estimaciones particulares le habrían dado a La Chapetona en Monte Patria, registros superiores al metro de altura.

Traducción

El poco optimismo de los especialistas es porque saben que apenas una fracción de la nieve reportada se convierte en agua que se pueda utilizar para el consumo humano y para la producción agrícola.

En ese sentido el director del consorcio Centro Tecnológico del Agua Quitai Anko, y del Laboratorio PROMMRA de la Universidad de La Serena, Pablo Álvarez, explicó a El Ovallino cómo podrían estimar más delante la cantidad de líquido aprovechable.

“Este grupo de eventos registrados la semana pasada tienen una característica bien particular, y que en el largo plazo veremos si es una tendencia o no, que es la existencia de lluvias o precipitaciones que son zonales, o sea que ocurren en un sector de la región y no en la totalidad de ella”.

Indicó que en todo caso eso permite que el análisis sea más equilibrado territorialmente, agregando que buena parte de la región, incluyendo el secano costero, ni siquiera recibió una gota de lluvia.

Nieves altas

Destacó que las precipitaciones nivales se concentraron en el primer evento sobre los 3.000 metros, mientras que en el segundo evento, sobre los 2.500 metros, y en algunos casos muy específicos hasta en los 2.000 metros de altitud.

“Eso nos indica que el análisis de la situación hay que hacerlo en la zona alta. Pero eso significa que la única manera de que la zona baja reciba agua, es a través del escurrimiento de la nieve derretida, porque no han recibido precipitaciones líquidas, y por lo tanto no hay aportes intermedios en la cuenca ni de quebradas, ni de ríos intermedios ni nada. Hacia abajo el sistema sigue estando igual de seco que antes. En pocas palabras, la ‘cuenta’ de la cuenca la va a pagar la parte alta, porque es ahí dónde quedó el ‘ahorro’ asociado a esta precipitación”.

Mediciones

Señaló Álvarez que la cantidad total de nieve caída, depende de dos factores: uno es la cobertura en términos de área, y el otro es el espesor y la densidad asociada a ese espesor, que tiene mucho que ver con el aire que se acumula en la nieve.

“La densidad de la nieve recién caída es súper baja, es muy ligera porque tiene mucho aire y poca agua sólida. Cuando cae un metro de nieve, podría ser el equivalente apenas de 7 u 8 centímetros de agua. Son valores mucho más pequeños en términos de valores de agua en equivalente a la precipitación. Es como si hubiese caído una precipitación de 70 milímetros solo en esa zona. Pero de la nieve no toda pasa a ser agua. Una parte importante la nieve se va a sublimar, es decir que va a pasar de estado sólido a evaporarse inmediatamente, sin participar en el ciclo superficial. Es decir que entre el 30% al 60% de la nieve se puede ir en sublimación, es una parte importante del destino de las precipitaciones nivales”, apuntó.

Declaró que la otra parte de la nieve, que podrían ser dos tercios o la mitad, dependiendo del lugar, efectivamente se va a derretir, va a infiltrar y va a terminar circulando por el río y recargando vertientes y acuíferos hacia la parte baja.

“Para hacerse una idea nosotros estamos actualmente trabajando los modelos para tenerlos listos para dentro de una semana, y poder dar los datos de con cuánta agua se podría disponer. Si yo pensara en escenarios que van desde la base que es sin lluvia, hasta un escenario optimista, lo que pasó asociado al evento de precipitaciones, nos sacó del escenario base, del escenario pesimista, y nos está poniendo un poquitito por encima de dicho escenario; pero no nos pone ni siquiera en el escenario moderado”.

-¿Quiere decir que antes de estos eventos, habíamos tocado fondo y estábamos en el peor nivel?

-“Si, era un escenario muy difícil, y esto nos pone en una condición parecida a la que atravesamos en 2019 aproximadamente, lo cual nos sigue manteniendo dentro del proceso de sequía, y complicación hídrica, pero también nos da la oportunidad de planificar y hacer bien las cosas, sin tentarse por caer en un optimismo exagerado”.

 

 

 

 

 

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