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Roberto Rivas Suárez
Invitado por la fundación ovallina Infancia Chile Unida para dirigir una ponencia y presentar su libro, Llanos planteó los retos actuales y las dificultades para lograr cambios positivos en la red de apoyo a la niñez en condiciones vulnerables.

Es hombre de hablar pausado, que piensa cada respuesta y sabe utilizar el verbo correcto y la palabra segura. Tiene la capacidad de hilar cada idea tejiendo un discurso centrado en su experiencia y en la realidad que está seguro que no ha cambiado mucho al interior de las casas de abrigo y de la institucionalidad que debe -en teoría- proteger a la infancia vulnerable.

Estuvo allí y salió para contarlo. Estuvo en lo que él mismo describe como un infierno y que espera ayudar a cambiar, para que quienes vienen detrás de él puedan tener mejores oportunidades de desarrollo.

Ahora con su historia y su libro a cuestas ha podido llegar a presentarse a diversos auditorios a narrar sus vicisitudes y pedirles apoyo para cambiar una realidad que, según afirma, todavía existe puertas adentro de la red del Servicio Nacional del Menor.

Es Edison Llanos, escritor del libro Mi infierno en el Sename y presentador de temas de vulneración de derechos infantiles. Tras participar en el foro organizado por la Fundación Infancia Chile Unida, se tomó su tiempo para conversar con El Ovallino acerca del presente y futuro de la niñez vulnerable del país.

¿Qué es lo más difícil de asumir ahora el papel de presentador de estos temas?

-Lo más difícil es concientizar a la gente y tratar de que entienda de que éste (vulneración de derechos de la infancia) no es un problema menor dentro de todos los problemas sociales que hay, sino que es un problema grave. Porque si no reparamos al niño ahora luego vamos a tener adultos con depresiones y una salud mental pésima, vamos a tener una alta tasa de suicidios, adultos con una vida frustrada, por eso es importante trabajarlo a tiempo

¿Se te hace difícil hacerle entender eso a la gente?

-Es muy difícil porque la gente siempre tiene otras prioridades, están en su propia realidad.  Por ejemplo en mi exposición en Ovalle no había tanta gente. Había una señora que alcancé a escuchar que necesitaba salir a comprar tomates. No me atreví a decirle nada, pero allí te das cuenta que el tema de la infancia no está en sus prioridades. 

Cuando ves que ninguna autoridad participó en el conversatorio, es preocupante. Entonces yo me pregunto si es que el gobierno tiene conciencia social o conciencia política. 

¿Sientes que tampoco es importante para los gobiernos?

-Tampoco es importante para los gobiernos y de eso nos hemos dado cuenta porque están creando una nueva estructura, un nuevo sistema de protección, pero que es nuevamente improvisando, porque no podemos aplicar un sistema pequeño dentro de un marco general de protección que no está aprobado. Tenemos que cambiar el sistema general primero, para poder después cambiarlo todo.

Es preocupante cuando te das cuenta que tenemos cinco informes en los que aparecen mencionados los mismos de siempre, que van a tomar el nuevo sistema, entonces ves que al político de siempre no le interesa el sistema, porque no le sirve para una campaña. 

En su factor personal

Si los políticos no te quieren escuchar y la gente voltea la mirada. Tú puedes tener tu propia vida, ¿por qué lo haces?

-Porque una gotita cayó tantas veces en una misma piedra que logró agujerearla. Entonces hay que tener mucha constancia porque los cambios van a venir en algún momento, los cambios van a llegar así como llegaron con la Ley de Imprescriptibilidad, así como se hizo con el caso Karadima, entonces ya tenemos precedentes de que los cambios reales cuestan.

¿Estás más cerca del final que del principio?

-Yo creo que todavía estamos en el principio, aunque en el sistema veo que hay una pequeña esperanza, una transversalidad, todos dicen que se debe cambiar y eso ya es un logro. A veces me invitan a las mesas de infancia, aunque les puedo incomodar, pero eso ya es un logro.

-El trabajo es fuerte, porque en las mesas de trabajo están los mismos organismos colaboradores que toman decisiones en las que los únicos beneficiados son los directores de residencia, las Ong’s, pero el niño nunca. Ves que hay que cambiar esas mesas porque son como el Ejército y la Iglesia, que se rigen por sus propias leyes. Cuando cometen un delito se rigen por sus propias leyes por eso casi nunca hay un condenado. Lo mismo pasa con los organismos colaboradores porque parece que tiene una ley exclusiva para ellas. ¿Hay algún condenado por alguna vulneración de derechos infantiles? No, solamente los de los casos más mediáticos. 

¿Vale la pena seguir en esta lucha?

-Por cada niño y niña de chile vale la pena seguir luchando.

-¿Los conoces? ¿Has podido conversar con los niños del sistema?

-No, el sistema me ha cerrado las puertas. Pero tengo la convicción de que ellos sí me conocen a mí. Me he encontrado con niños en situación de calle que ya me conocen, porque cuando estaban dentro, antes de fugarse, ya me habían visto. Me han abrazado, y eso es impagable, y significa que los estoy despertando. Comenzamos un cambio.

¿Buscas algún cargo?

-No. A pesar de que de los han ofrecido. Cuando yo acepte un cargo desde la sociedad civil se termina el foco esencial, que es salvar al niño, porque pasaría a ser uno de los de la lista de vulnerador es aunque yo no lo sea. No podría trabajar en ningún cargo que tuviera que ver con el gobierno mientras no se cambie la estructura general de protección.

¿Cómo seguirías trabajando?

-Seguiría trabajando con fundaciones y organizaciones porque soy autónomo. Los organismos colaboradores crearon mesas de trabajo y hablan de muchos temas pero cuando tienen que hablar del gobierno no lo hacen. Yo escribí una columna cuando se aumentó la subvención, llamada: “Aumento de la subvención un pago a la impunidad” y me criticaron porque consideraron que era muy fuerte. Y dijeron que yo estaba reclamando en contra del aumento de subvención, que si acaso yo no pensaba en los niños… al contrario yo siempre pienso en los niños, pero es que esa subvención no llega directo al niño,  al contrario. Además las vulneraciones no disminuyeron. Yo pedí que me dieran evidencia real de que las subvenciones de verdad aportan algo, y lo que tenemos son informes de que están haciendo mal su trabajo

¿Qué le dirías a los niños que están dentro del sistema y cuándo crees que se podrían ver los cambios significativos?

-Lamentablemente los niños que están hoy en el sistema no van a ver los cambios, porque para ver los cambios reales se va a necesitar más tiempo, de 5 a 10 años para que se empiecen a notar los primeros cambios, ante eso les diría que no deben perder la esperanza es muy importante que no pierdan la educación. Porque es lo único que los va a salvar.

 

 

No están solos

Llanos explicó que actualmente está trabajando en la parte jurídica de la fundación Ynes que nace precisamente de esa lucha. 

“La fundación Ynes, que significa Ya no están solos, nació en 2016 como un movimiento social,  producto de aquel fallido informe Sename 2, cuando se abrió la caja de pandora y se descubrió aquel informe que se estaba ocultando. Fue cuando se logró impactar al país y es lo que me identifica. Vas a proyectar todos sus esfuerzos allíIndicó que han recibido bastante apoyo, además de la invitación para formar parte de la Mesa de la Infancia del Senado, también para exponer los casos en la comisión especial de niños desaparecidos de la Cámara de Diputados, amén de alianzas con otras fundaciones importantes.

 

 

 

 

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