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Reconocida por la comuna como Hija Ilustre, la docente dejó un legado de servicio no solo en la institución que ayudó a levantar, sino en las familias más vulnerables de la zona

El reciente fallecimiento de la hermana María de San Pedro, deja un profundo dolor en la comunidad educativa de la provincia y en especial del Colegio La Providencia, donde destacó por ser directora tras una larga carrera docente.

La hermana Fresia Aguirre Valladares en su nombre civil y María de San Pedro en  su nombre religioso, ejerció el cargo de Directora en varios Colegios de la Congregación, además en las obras sociales, como hogares de niñas y ancianas, y también en misiones parroquiales de evangelización.

El Jefe de la Dirección Provincial de Educación, José Manzano, comentó a El Ovallino que la hermana María siempre mostró una gran vocación hacia  la educación y una gran preocupación por los niños, no solamente por los estudiantes de su institución, sino por los niños de los sectores más vulnerables.

“Es una noticia que nos impactó a todos, sentimos una tristeza por su partida, por la entrega que tuvo en nombre de la educación. La recordamos con la sensibilidad que la caracterizaba, con su amabilidad y sobre todo su humanidad; siempre fue muy sensible a los problemas de la infancia”, recordó Manzano.

Consultado por el aporte que dejó la docente, el director provincial no dudó en destacar el carácter inclusivo de sus acciones en favor de los niños y niñas de sectores más vulnerables.

“Nosotros valoramos mucho de ella esas acciones para lograr la inclusión de niñas de sectores vulnerables en el sistema del Colegio La Providencia. Fue una gran educadora y una gran profesional”, puntualizó el director educativo.

Surgiendo de los escombros

En su labor más significativa siendo directora del Colegio La Providencia tuvo que demostrar su capacidad de liderazgo a consecuencia del gran terremoto del 14 de octubre 1997, que destruyó el colegio antiguo, fundado en 1906.

Esa noche, la vivió conteniendo a las 150 alumnas internas, aterrorizadas de ver caer y quebrarse los murallones de salas y dormitorios del internado.

Al día siguiente del terremoto, la hermana comienza su tarea de evaluar daños y pensar en soluciones.  Animó y dirigió la limpieza, con la colaboración de profesores y asistentes de la educación, luego hizo el consejo de profesores y expresó que había dos alternativas: cerrar el Colegio, pedir distribución de las alumnas en otros colegios o vencer el miedo y entre los escombros seguir trabajando con lo que quedaba en pie y en los patios mientras se reconstruía.

El profesorado pidió seguir. Entonces dijo: “El lunes volvemos, porque nosotros llevamos el nombre de la Providencia de Dios y si nosotros no mostramos fe en la Providencia divina, ¿quién?, debemos dar el ejemplo, el primer paso a la normalidad”.

Las clases iniciaron en medio de fuertes réplicas. La fe, la confianza en Dios, el coraje y la fortaleza de la Madre San Pedro fue contagiosa. Luego la demolición, las clases en medio, y ella viajando, llamado, escribiendo para pedir ayuda a quien la quisiera escuchar.

Madre San Pedro recurrió a su congregación, a la Iglesia, a los parlamentarios y al gobierno, a organizaciones no gubernamentales, a ex alumnas de grandes recursos. Hasta que logró la solidaridad para empezar la construcción del nuevo edificio, que se fue construyendo por etapas. La primera solidaridad fue de la congregación de las hermanas de la Providencia, de Chile, Canadá, Estados Unidos, principalmente y todas las casas de la congregación en el mundo aportaron para el gran edificio central de tres pisos, con 24 aulas cómodas, instalaciones, talleres de Especialidades y un gran patio interior.

En tres años terminaron todas las etapas y además había conseguido de la fundación canadiense Roncalli, el dinero necesario para la construcción de un gran internado de tres pisos para las 150 alumnas internas.

Un 20 de Enero de 2001 se inauguró el nuevo Colegio, con la asistencia de religiosas de Canadá, Estados unidos y otras casas de la congregación en el mundo y de Chile, así como autoridades civiles y eclesiásticas. Esa gran obra que Madre San Pedro construyó no sólo de cemento y fierro, le puso mucho sacrificio, humildad para humillarse y pedir, muchas veces recibió un no por respuesta y no de buenas maneras.

Gran educadora

Como pedagoga en Historia y Geografía y de Religión, de la Pontificia Universidad Católica de Santiago, amó la educación y busco la educación de excelencia para sus alumnas. Durante la reconstrucción debió asumir la Reforma de la Educación Media y de la Enseñanza Media Técnico Profesional.

Bajo su dirección el Colegio ganó la excelencia académica, obtuvo el año 2001 y 2002 el premio nacional a la innovación pedagógica, con su proyecto de Tutorías entre Pares.

El año 2011, la Ilustre Municipalidad de Ovalle le agradece su obra, declarándola Hija Ilustre de la ciudad que tanto amó. Fallece a los 93 años con 74 años de vida consagrada a Dios y a sus hermanos.

 

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