Crédito fotografía: 
Christian Armaza
A sus 37 años y con apenas 6 mil pesos en los bolsillos, este santiaguino fue capaz de dar vida a una novedosa iniciativa culinaria: vender panes gourmet en las calles del centro de la capital. Ahora como una empresa establecida, Leiva estuvo en Ovalle para contar su historia de esfuerzo e innovación en el Segundo Encuentro Empresarial del Limarí, celebrado la semana pasada.

Hace unos pocos años atrás, Matías Leiva (37) trabajaba en una empresa de transportes en Santiago, donde su sueldo no le alcanzaba para un llevar una situación financiera más o menos holgada.

A sus bajos ingresos, se sumaba la amenaza de las deudas por pagar. Una verdadera crisis que a muchas personas les hacen tomar decisiones equivocadas en su vida, hundiéndose en un pozo todavía más profundo y más difícil de superar.

A esas alturas, Matías sólo contaba con 6 mil pesos de capital. Pero a partir de ahí, su vida dio un giro, y con ese pequeño monto de dinero, y acompañado por un amigo, comenzó a dar forma a lo que prontamente se convertiría en una de las iniciativas más innovadoras en el rubro gastronómico: vender sándwichs en el centro de Santiago.

Pero la venta de esos primeros 12 panes no la hizo de cualquier forma.

En efecto, compró dos canastitos en La Vega, y confeccionó en su casa, dos delantales de cocina de color negro. “Mientras iba haciendo eso me puse a pensar que tenía que vender de forma distinta respecto a lo que yo había visto en la calle el primer día que salí a vender esos 12 panes. Ahí entendí que había un modelo de negocios al que había que apuntar” señala Matías.

Y agrega: “yo me dije que no quería vender los panes como el resto de la gente de la calle, tenía que hacer algo distinto. Y así fue. Salimos entonces a la calle con los canastos, con los gorritos y los delantales, y ese mismo día creamos el Fanpage de “La Insolencia”, que hoy día, tras tres años, reúne a más de 44 mil seguidores”.

A partir de ese punto, todo fueron buenas noticias para Matías. De esos 12 primeros panes que él junto a su amigo, vendieron en la calle, han pasado a vender 3 mil sandwichs al día, esta vez como una empresa establecida y que da trabajo a 12 personas, y que se dedica a la línea Delivery. Todo una historia de dedicación, innovación y ganas de emprender.

BUSCAR DAR VALOR

Con esta historia bajo el brazo, Matías Leiva llegó la semana pasada hasta Ovalle en donde participó en el Segundo Encuentro Empresarial del Limarí, evento organizado por el Centro de Desarrollo de Negocios de Ovalle y SERCOTEC, para participar como expositor en un seminario que se llevó a cabo en el marco de dicha actividad.

Frente a otras personas que como él, buscan una idea para emprender o bien ya tienen un emprendimiento que marcha, pero aun así, buscan darle un nuevo impulso a su empresa, Matías recuerda con humildad los días en que tanto redes sociales como medios de comunicación viralizaron su negocio, haciéndose conocido a nivel nacional.

Y es que para él, las oportunidades están a la vuelta de la esquina, pero la apuesta debe ser siempre por la innovación, tratar de buscar una alternativa que a lo mejor otros no la han visto, pero especialmente, entregar al cliente, una experiencia, algo distinto que de valor. En otras palabras, crear una marca, un concepto, más allá de un simple sándwich.

“Cuando yo me paraba en una esquina y veía que habían tres personas con un canasto, y hacían filas donde yo me ponía, yo decía que esta gente que se ponía a vender al lado mío, no entendió que lo más importante era la etiqueta que traía el sándwich. Uno nunca va a aceptar una piscola con Pepsi, por ejemplo. Eso nos hizo diferentes y distintos” subraya.

En ese sentido, Matías explica que “todos podemos emprender en lo que sea, nuestra vida es un emprendimiento, pero no un negocio, no una forma de hacer plata. Quizás no vas a poder crear desde cero una ampolleta, pero si podrás sacar una idea desde diferentes partes. Pero lo que tú vas a recibir de parte mía va a ser una experiencia, y eso le da un valor a lo que haces. Hay que apuntar a eso”.

CREER EN UNO MISMO

Asimismo, reconoce que los inicios de “La Insolencia” no fueron fáciles, pues en los comienzos, el dinero nunca es suficiente. “Ha sido a puro pulso” señala, insistiendo que desde “el día uno cuando salí a vender, entendí que había un nicho importante, y que iba a depender de mí, y no de la plata, cómo yo lo iba a afrontar”. Por eso, invita a todos los que quieran lanzarse a la aventura de emprender “a salir de la zona de confort”.

“Hemos sido reconocidos por Facebook, nuestro fanpage ha crecido paulatinamente, sin pagar publicidad, más que publicando al principio el ‘Paulina’ del día, que es el sándwich que creamos al segundo día en honor a la primera clienta que nos comentó y felicitó en el fanpage por lo exquisito del sándwich. Eso fue los que nos motivó ese día a hacer un pan que se llamara ‘Paulina’ en su honor. Hoy hacemos más de mil ‘Paulinas’ cada día. Fue la primera persona que creyó en nosotros” indica.

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