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Kamila Muñoz
Rodrigo Barrios decidió contar a El Ovallino los abusos que sufrió de manos del fallecido sacerdote. Las situaciones ocurrieron cuando él tenía sólo 18 años y visitaba frecuentemente la Parroquia el Santísimo Redentor en Ovalle.

Durante este último tiempo han salido a  la luz desconocidos antecedentes en torno a la figura del fallecido sacerdote Damián Heredia.

Ahora se suma un nuevo testimonio entregado por el ministro de Iglesia, Rodrigo Barrios, quien en una entrevista exclusiva con El Ovallino habló sobre los abusos que sufrió de manos del carismático religioso a los 18 años y cuando asistía a la Parroquia el Santísimo Redentor en Ovalle.

Lo primero que menciona es que su familia fue muy devota a la figura del padre Damián, algo que en un principio frenó su intención de hacer la denuncia en esa época. “Mi mamá, de hecho  tiene casi un altar en la casa. Entonces después que pasaron las cosas (los abusos) yo no me atreví a hablar porque no me iban a creer”.

Cuando fue víctima de abusos Barrios tenía 18 años y venía llegando de Estados Unidos. Debido a la cercanía de su familia con el religioso, éste  iba casi todos los días a su casa, por lo que su madre lo obligaba a asistir a misa.

Por esos días también el padre Heredia hacía gala de supuestos poderes sanadores. Barrios recuerda que una tarde en la Parroquia el Santísimo Redentor el religioso abusó de él  precisamente cuando le estaba prestando ayuda con una herida. “Tenía una lesión en el abdomen, me puso unas pomadas de matico y me decía ‘mira ésta es mi pieza’. Era una habitación espectacular para niños, la tenía llena de juguetes. Ahí me dijo ‘acuéstate conmigo’ y se acostó al lado mío, me empezó a tocar por todos lados (también en zonas íntimas). Me levanté y dijo ‘Rodrigo no te vayai’, mira mi pieza’”.

“Mi mamá me obligaba a conversar con él, tenía una fijación conmigo”, sostiene, por ende debía ir a misa prácticamente todos los domingos.  Un par de días desde ese primer incidente  el párroco le manifestó derechamente su intención de intimar con él. “’Ven para acá, acompáñame’, decía  él estaba demasiado cariñoso, decía que yo era ‘atractivo y no tenía problemas, que me iba a ir bien en la vida y que el Señor me bendecía’, y me tocó el trasero, pero no dejé que me tocara mis partes íntimas”.

En ambas oportunidades en que se sintió vulnerado por el religioso no hubo testigos directos, “fue entre cuatro paredes, además se preocupaba mucho que los niños que andaban por ahí no estuvieran”.

Tras esta segunda situación vivida, confiesa que no volvió a la parroquia, “me pelee con mi mamá por eso, ella insistía que hablara con el padre, estaba como cegada, no sé qué le habrá dicho él, pero me seguía obligando”.

Barrios afirma que nunca antes había hablado abiertamente de estos dos incidentes que lo marcaron en su juventud, precisamente porque pensaba que nadie le creería.  Ahora decidió hablar impulsado por los testimonios que se han publicado en medios de comunicación como La Voz de Pucón y El Ovallino. “Parece que yo no fui el único”, sentencia. Confirma que no le causa extrañeza lo que se ha investigado sobre Heredia en la prensa.  Dice que hubo otras víctimas y testigos en Ovalle, “todos lo sabían acá, esa es la rabia que me da”, exclama.

Sumado a lo anterior, recuerda  en particular un confuso hecho en donde sorprendieron al padre intimando con una joven al interior de la parroquia, “yo iba entrando ahí y una señora salió llorando y me dijo ‘el padre está encamado con un weón’”. Este nuevo testimonio aportado por Berrios, precisamente coincide con el revelado por otras fuentes entrevistadas por El Ovallino durante el mes de junio.

Otro antecedente que confirma es que existió una carta enviada al Arzobispado en donde se exponía las conductas en las que estaba incurriendo Heredia.

Pero, si hubo más víctimas y efectivamente estos hechos ocurrieron en Ovalle, ¿por qué nadie se atrevió a denunciar?, para él se debe a que entre otras cosas, Heredia, “protegía a los exonerados políticos, les prestaba apoyo y se mostraba como una persona solidaria”.

En torno al carisma que aún recae sobre la figura del fallecido párroco y a las obras  de la comuna que lo honran con su nombre, señala, “no me corresponde a mí decirlo, pero me genera incomodidad, me tomó mucho tiempo (…) estuve en terapia con psicólogo y le dije que iba a denunciar pero no me atreví, hoy día sí lo hago”.

Acerca de las causas de muerte del párroco durante el año 1992 – coincidentemente al igual que otros testimonios que habían sido recogidos anteriormente por este medio - indica, “estoy convencido que el padre murió de SIDA, pero según mi familia fue un cáncer al estómago, estaba hasta con sondas, vaciaba todo”, sentencia.  

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